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viernes, diciembre 2, 2022
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“Necesitamos, queremos, exigimos justicia”: viuda de Ernesto Molina

“Imaginen lo que es revivir todos los días el dolor, porque diario tengo que pasar por la calle 11, por el lugar donde mataron a mi esposo, porque a una cuadra está el lugar donde mi hija va a clases y vivimos en la Juárez”, reclama Iliki Aguirre, cuyo marido, el percusionista Ernesto Molina Martínez, de 55 años, fue asesinado a las 13:45 horas del lunes 3 de octubre frente al carrito de mariscos JR, localizado sobre Calle 11 esquina con Camino Nuevo, Zona Centro de Tijuana.

“Era mi pareja, mi amigo, mi amante, mi compañero de trabajo, han pasado 15 días y no lo puedo aceptar, sigo esperando despertar de este mal sueño …claro que quiero justicia”, refiere Aguirre.


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El músico fue asesinado en el primer cuadro de la ciudad, en una “zona blindada”, a plena luz del día. El día de los hechos, Iliki pasó por la escena: “Salí de la escuela a las dos e iba a casa, siempre desayunamos y comemos juntos. Me topé con el tráfico -por el operativo policiaco,- recuerdo que hasta pensé ‘qué triste, pobre gente’, y rodeé la calle para evitar los carros.

“Como mi esposo no llegaba, le empecé a marcar, a escribir, ¿qué está pasando?, ¿dónde estás?, ¿a qué hora vas a llegar? Así toda la tarde, porque yo me enteré hasta las ocho de la noche de lo que le había pasado”.

Le dijeron que del ataque resultaron un muerto y un herido: “Cuando lo supe, yo tenía la esperanza que el herido fuera mi esposo…pero no”.

La cantautora habló de la sinrazón: “Somos gente sencilla, no andamos con cosas costosas, somos músicos, siempre trabajamos de noche, salimos en la madrugada, tres o cuatro de la mañana, y andamos con la camioneta cargada de equipo valioso, recién pagados, con cantidades considerables de dinero que se reparten entre varios -los integrantes de la banda Iliki y Mar-, y nunca nos pasó nada”.

“LLEGÓ POR UN CALDITO”

Ernesto Molina venía de San Diego rumbo a su casa, llegó a la Zona Centro, a una casa de cambio. “Traía una cantidad considerable de dinero de toda la familia. Me dijeron, yo no podía creer que había llegado por un caldito… íbamos a comer en la casa, pero fue cierto porque le habló a un amigo y le mandó un video haciendo un chiste, ‘pues como ya no me invitan, tengo que venir solo a comer mi caldito’”.

Eso fue a la 13:42 horas. Tres minutos después lo asesinaron.

Ernesto ya estaba en el puesto de comida cuando llegó el carro de sus homicidas por la calle Jalisco, se bajaron dos del auto chocolate Mazda Protege-, fueron directo a la víctima y le jalaron la bolsa “de piel café, yo se la había regalado, al jalón él reaccionó con otro jalón, con un reflejo inconsciente, y los criminales inmediatamente le empezaron a disparar”.

El crimen no duró ni 30 segundos.

Los homicidas se llevaron la bolsa y la dejaron vacía, abandonada, junto con el auto sobre la misma calle 11, entronque con Quintana Roo.

“Mi esposo y yo lo habíamos platicado muchas veces, andábamos de madrugada con dinero, el acuerdo era que lo íbamos a entregar, pero no le dieron ni esa oportunidad”, lamenta Iliki Aguirre.

FAMILIA REVICTIMIZADA

Reclamar el cuerpo de la víctima fue otro proceso largo y tortuoso.

“No nos lo entregaban, te atienden con pereza, te responden con coraje, como si no supieran que estás ahí porque perdiste a un ser querido. Después de mucho tiempo transcurrido, su manera de pedirnos paciencia fue decirnos que tomáramos en cuenta que el mismo día que le quitaron la vida a mi marido, habían matado a otras once personas por el estilo, ¿cómo pueden creer que decirnos eso, puede servir para calmarnos? Imaginen lo terrible”, recuerda Aguirre.

CONSTANTES ATAQUES A GENTE DE BIEN

El inicio del luto, las honras fúnebres y la recepción de pésames, puso a la viuda frente a una realidad que la indignó y la hizo sentir impotencia.

Que asaltaran y lesionaran a alguien, o peor, que le quitaran la vida, era algo que antes escuchaban y sentían como lejano… pero no más.

“Estuve viendo gente y nos dimos cuenta que una amiga que también se dedica a la música, nos vimos, nos abrazamos y lloramos juntas, porque hace dos años, ella pasó por lo mismo, a su esposo igual lo asaltaron y lo mataron. También, hace tres meses a un sobrino, un joven de 30 años, con dos niños, recién casado, iba llegando a su casa, lo asaltaron y lo mataron… no es justo, no está bien. Necesitamos, queremos, exigimos justicia”, es la consigna de Iliki Aguirre.

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Autor(a)

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Rosario Mosso Castro
Editora de Semanario ZETA.
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