Los Cabos, BCS

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Opinionez lunes, 28 marzo, 2022 12:00 PM

Cuando se perfila el turismo en México, se alaba y quema incienso por ser entrada de divisas, creación de empleos -injustamente pagados- y otras cortinas de humo que dibujan un falso bienestar y éxito para el país.

No es lo mismo vivir en esas zonas, polarizadas entre la opulencia al extremo y la pobreza y graves carencias de sus pobladores y trabajadores. En el caso de Los Cabos, Cancún, Acapulco, etcétera, destinos turísticos internacionales, es un balde de agua helada el conocer en tierra el cacareado “éxito”.

La  percepción al escuchar a su gente, concluye que es vil colonialismo que exporta importantes utilidades, excluye calidad de vida y explota a la población local o servidores. ¿Por qué? Esto nunca lo menciona Enrique de la Madrid, ex secretario de Turismo y suspirante de la derecha en 2024.

Las magras instalaciones de la UABCS, en Los Cabos, revelan que la educación no es prioridad en una región con relevantes vetas de oportunidades y el recurso humano calificado nacional sería la diferencia estratégica. Los prohibitivos costos de traslado, hospedaje, alimentación y transporte urbano, son la mayor contradicción para ser un destino al alcance de muchos y no de una élite internacional con los precios más elevados del país. La idea es construir un espacio para divertir a la oligarquía.

La dolarización es un hecho como las fronteras norte, donde se goza del clima cálido y bañado por la brisa fresca del Pacífico y el Golfo. Resulta un atractivo poderoso para los turistas que viajan en copiosos vuelos comerciales, en cientos de jets privados estacionados en el aeropuerto y cientos de limusinas y Suburbans, desde zonas congeladas por el invierno.

El Aeropuerto de la Misión de San José es insuficiente para la intensa actividad aérea, como lo muestran 25 aviones extranjeros, 4 jets nacionales en la pista y 6 jets esperando que se desahoguen espacios.

El crecimiento y desarrollo de “islas” de súper bienestar de la zona es espectacular; las inversiones que llegan anualmente superan los 1,200 millones de dólares, en construcción de complejos hoteleros de lujo, viviendas multimillonarias enclavadas en costas y playas. Y adquisición de nuevos terrenos para futuros desarrollo, y una fiebre de construcciones. En un contexto de pandemia que frenó la economía mundial.

La infraestructura que se ha dotado a la región es de buen nivel en carreteras y libramientos, pero destaca un salón de convenciones de 1200 millones abandonado.

No se han resuelto problemas de servicios públicos, como educación, salud, agua, tratamiento de aguas residuales a la población que sirven al turismo más rico del mundo. El visitante sajón, advierte la falta de cultura y educación para que despegue la calidad de vida digna e incluyente.

Aún se carece de agua suficiente, no los pozos y tres plantas desaladoras. Cada tres días se suspende el suministro de agua en las colonias. Disponen de agua hoteles y campos de golf, pero no la población.

Desde Estados Unidos las empresas norteamericanas planean, promueven sus productos y servicios en esta naturaleza extraordinaria en belleza, a 90 minutos de sus fronteras sur; es quien domina en inversiones de bienes-raíces y hotelería. Los constructores son norteamericanos con ingenieros y administradores gringos. Aquí solo se contrata la mano de obra barata con los trabajos más pesados y peor pagados a mexicanos.

Suena extravagante, pero las cabañas de ultra lujo rondan los 800 mil pesos por una noche, ni lo que cuesta un departamento básico en la periferia. Otra actividad que busca inversiones de riesgo social, y cuando logre instalarse la minería en la Sierra de la Laguna, los turistas saldrán espantados, seguidos de quienes no quieren ser envenenadas por los desechos tóxicos de las minas.

El turismo, como actividad económica fundamental, concluyó se da a partir del desarrollo de enclaves del capitalismo periférico donde mandan intereses de élites que monopolizan las zonas de belleza excepcional, despojan a la ciudadanía local del derecho de compartir bienes comunes. La producción del espacio turístico litoral es discriminatoria, pues los servicios son muy lucrativos para visitantes con enorme poder adquisitivo.

Estos modelos de inversión, planeación y desarrollo de territorios de belleza y clima excepcional generan contradicciones y conflictos con las necesidades de poblaciones locales que son discriminadas. La clase política local ha reforzado mecanismos “legales” de atropello y despojo. El argumento es la generación de empleos y un supuesto “progreso” clasista. Tal falsedad evidencia el despojo y el divorcio de los “representantes populares”, y la comunidad que lucha no solo por el acceso a playas y paisaje, sino por un modelo de sociedad justa, democrática e incluyente del bienestar.

P.D.– El lavado de dinero en el turismo, es otra historia.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana.

Correo electrónico: profe.hector.itt@gmail.com

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