Gustavo Banda Aceves: “Dios me escogió para los migrantes”

Fotos: Ramón T. Blanco Villalón
Edición Impresa lunes, 3 enero, 2022 12:00 PM

Actualmente hay en Tijuana alrededor de mil 200 personas provenientes de distintas partes del mundo: Asia Occidental, África, Sudamérica, Centroamérica, el Caribe, y también connacionales, desplazados por la violencia en sus pueblos y lugares de origen. Quien los recibe y les da posada desde 2016, es el pastor, académico y activista Gustavo Banda Aceves

“Vosotros sois la luz del mundo.
Una ciudad en una colina no
puede estar oculta”
Mateo 5:14

En un rinconcito de Tijuana se edifica un verdadero santuario migrante. Entre las colinas, en medio de un cañón conocido como El Alacrán, se encuentra el albergue e iglesia Embajadores de Jesús; ahí mismo fue construido el primer consulado haitiano en la ciudad, bautizado como Pequeña Haití.

Actualmente hay alrededor de 200 personas provenientes de distintas partes del mundo: Asia Occidental, África, Sudamérica, Centroamérica, el Caribe y connacionales desplazados por la violencia en sus pueblos y lugares de origen. Quien los recibe y les da posada, desde 2016 es el pastor, académico y activista Gustavo Banda Aceves.

Un hombre que el próximo 3 de enero cumplirá 50 años de edad y alrededor de 30 años de servir a Dios. Descrito por migrantes y activistas que colaboran con él diariamente como un siervo del ser superior, elegido por el Creador para atender al pueblo en contexto de movilidad que llega en centenares a la ciudad, la frontera más transitada del mundo.

Entrado 2016, el pastor dice fue bendecido con un mensaje de Dios. Mientras dormía, una figura y voz celestial le ordenó levantarse y construir una iglesia grande para recibir a cientos de personas, ahí donde había construido su vivienda y un humilde templo evangelista, en un lugar recóndito, donde no había pavimento ni servicios, pero eso sí, mucha pobreza.

Con sus propias manos, Banda construyó y levantó su templo, con capacidad para 800 personas. No sabía si podría llenarla algún día, pero cumplió con la petición de su Dios. Días después de haber terminado la construcción, llegó la primera gran caravana de personas de origen haitiano a Tijuana.

Ahí se establecieron cientos de familias que llegaron a la frontera con Estados Unidos para solicitar asilo humanitario; entonces, el pastor volvió a poner manos a la obra y, con ayuda de los migrantes, forjó la primera colonia haitiana en Baja California, consolidando la Pequeña Haití.

Gustavo Banda es “un ejemplo de resiliencia y determinación, brinda a las personas migrantes y a quienes lo rodeamos, certeza, confianza y esperanza en la humanidad”, describieron algunos activistas y migrantes, incluso se atrevieron a decir que el pastor “se habla de tú a tú con Dios, como ningún otro”.

La comunidad a la que sirve es variada en edades, en orígenes, en idiomas, pero no es impedimento para comunicarles y contagiarlos de fe no sólo en Dios, también en su sueño de llegar a Estados Unidos, de salir adelante, de superarse. Él los aconseja, los escucha, pero también los prepara y capacita para que puedan desarrollarse al cruzar la frontera.

Desde chico, su sueño más anhelado fue ayudar a las personas, y ahora, de la mano de Dios lo hace. No sólo es un religioso muy comprometido, también destaca como académico, al ser asesor de investigadores de El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) en Economía y Migración. Cursó licenciatura en Administración, una maestría en Teología y un doctorado en Pneumatología, “la terapia del espíritu, del alma”.

El futuro de la comunidad migrante en el Cañón del Alacrán es alentador. Un santuario migrante por mandato de Dios, hecho con las manos de personas en contexto de movilidad y desplazados de la violencia, para refugiarse, para evitar el hambre, la persecución y la estigmatización.

El pastor volvió a tener una epifanía con Dios hace un año; le pidió de nuevo crecer su iglesia, crear un espacio para los migrantes que vienen. En eso se ha empeñado este año, en atender a los cientos de personas que llegan, aunque casi le cuesta la vida. El Creador lo levantó de la cama donde estuvo tres largas semanas y regresó para continuar cargando sacos de cemento y concluir la orden celestial.

El albergue del pastor Gustavo Banda es el lugar que más migrantes atiende, sin ayuda del gobierno mexicano o del estadounidense; sobrevive de donaciones de asociaciones civiles en su mayoría norteamericanas, y algunos filántropos anónimos. Actualmente construye una escuela, un edificio, talleres, un hospital y un área de juegos para los casi 500 niños que ahí habitan.

Asegura que su ganancia es ver a las familias superarse, lograr establecerse en Estados Unidos, despertar y que al dar su primer recorrido por el lugar, las niñas y niños lo busquen, lo abracen y le digan “Te quiero mucho, pastor”.

Como nadie, Gustavo Banda Aceves ha hecho frente a la crisis migratoria y humanitaria, y por esas razones, su entrega y dedicación, es para ZETA, Personaje del Año 2021.

 

CIUDAD DE DIOS

“Antes de ser pastor, yo trabajaba en El Colegio de la Frontera Norte. Empecé como asistente de investigación en el Departamento de Estudios Económicos y llegué hace 20 años haciendo mis prácticas y ahí me quedé. Es un lugar donde te puedes desarrollar y después lo estoy conjuntando con lo que hago ahora, muchos de los investigadores trabajan en este lugar. Es un laboratorio para todas sus investigaciones, mi esposa también estuvo conmigo en El Colef. Su hermano fue director de El Colef, Tonatiuh Guillén López. Nosotros nunca nos hubiéramos imaginado que íbamos a tratar directamente con la migración, su hermano es un experto en la migración y jamás hubiésemos pensado que íbamos a estar con este tema de la migración, viviéndolo. Además, jamás pensé que iba a ser pastor”, refirió a ZETA Gustavo Banda.

“Soy de aquí de Tijuana. Después de algunos años, Dios me llamó, bueno, Dios siempre te está llamando, pero uno se escapa. Después de un evento muy triste, yo tuve dos opciones: odiar a Dios, o amar a Dios; y escogí la segunda. Y hacerle caso, porque yo nunca le había hecho caso. Y de hacer lo que yo siempre había deseado: ayudar a la gente. Y digo que Dios me escogió, y nací con el objetivo de ayudar a la gente”.

Y recordó:

“Estamos en una ciudad en la que llega mucha gente que necesita ayuda. Empecé a trabajar en algo que denominaban ‘El Pueblito’, a donde tiraban la basura, la gente vivía en la basura, hacían sus casas ahí. Yo llegué a ver cómo muchos niños fallecían porque los aplastaban y violaban a las niñas. Yo me prometí que algún día iba a ayudar a esa gente. Gracias a Dios ya no está, ahora tengo yo mi ‘pueblo’, le llamó la Ciudad de Dios”.

Banda describe que su objetivo “es que este lugar tenga una escuela digna, con canchas, un proyecto autosustentable, que todo el que llegue aquí pueda tener un empleo. El gobierno no les da papeles a muchos de los que llegan aquí y mucha gente se aprovecha de que no tienen papeles, entonces, darles un empleo aquí y un hospital. Empezamos con haitianos, después africanos, musulmanes, centroamericanos, mexicanos y actualmente brasileños, rusos, ucranianos, cubanos y venezolanos que están llegando a la ciudad”.

 

EL PARAÍSO

“Cuando era pequeño, este lugar se llamaba El Paraíso y había un árbol que le pertenecía a mi papá. Cuando mi papá falleció, yo tenía que trabajar para costear mis estudios. Tenía 16 años, entonces, jamás pensé que yo iba a hacer algo aquí, se abandonó el lugar. Después, debido a la necesidad, yo llego aquí, construyo mi casa, pero jamás creí que fuera a pasar esto. A los 22 años yo me caso, vuelvo a este lugar, pero no me pasó por la cabeza que iba a construir la Pequeña Haití. Después constituimos una fundación, la formalizamos en 2008, es la fundación Regalando Amor y empezamos a ayudar a toda la gente, lo que yo amaba.

“Construimos la Iglesia y en 2016 es cuando Dios me hace el llamado y construí una iglesia muy grande, todos se sorprenden y se cuestionan cómo se va a llenar este lugar, a pesar de que somos muchos, está muy grande, caben 800 adentro fácilmente; a los meses de que terminamos, llegan los haitianos.  La respuesta les fue dada, quedó pequeña la iglesia, tuvimos que construir la segunda parte que se conoce como la Pequeña Haití, vamos a construir nuestro hospital, ya tenemos nuestra escuela y ahora estamos construyendo un albergue para mil 500 personas, de primer mundo, con todas las modernidades de hoy en día.

“Tuve un sueño en el que Dios me habla y me dice: ‘Levántate y empieza a construir una iglesia más grande’, yo ya había tenido otras experiencias de ese tipo y ahora entiendo que en cuanto me habla, tengo que obedecer porque algo va a pasar. La prueba de qué pasó algo es esto. Ahora otra vez Dios me está mandando a que lo haga rápido, pero necesito más capacidad y, si espero a que el gobierno haga algo, mejor me anticipo a lo que va a pasar y empiezo a trabajar.  Tengo que tocar puertas y recibir ayuda de muchas partes”.

 

UN HOMBRE QUE HABLA NUESTRO IDIOMA

“En 2016 llegó la caravana, tengo la iglesia lista y nuevamente vuelvo a tener un sueño donde se me indica que yo vaya y busque a un hombre, que habla nuestro idioma, lo veo claramente en el sueño, le digo a uno de los colaboradores que busca a este hombre un jueves. No se me olvida, nunca se me va a olvidar. No lo encontró. Cualquiera habla otra cantidad de idiomas, porque en ese momento llegaron los africanos y él me dice ‘pastor, ninguno habla español’. Lo que no sabíamos era que, entre semana, los guías, que hablan muy poco español, se quedaban en hotel y en la calle se quedaban todos los que no hablaban español.

“El domingo muy temprano se levantan y se van, al mediodía me dice: ‘Pastor, tenemos un problema: es qué llegamos aquí y traemos las páneles llenas y el problema es que todos quieren venir a esta iglesia’. A la una, cuando yo salgo, veo llenísimo; eran africanos y haitianos. Yo pregunto en portugués, que es un idioma más o menos fluido para mí, quién puede traducir para que entiendan: ‘¿Quién habla español?’, y uno levanta la mano, pasa con su Biblia en mano y su nombre era Óseas, como profeta de la Biblia, yo no sé si tradujo pero era muy bonito, yo pensé que estaba predicando otra cosa, toda la gente estaba contenta y entonces se acaba el servicio, que fue hermoso.

“Entonces él me dice: ‘Regálame dos minutos para hablarle a tu pueblo, yo no hablo muy bien español’, pero sí hablaba porque había estado en (República) Dominicana. ‘Hace veinte días llegamos a la ciudad de Tijuana y en todo el camino no hemos encontrado una iglesia cristiana. Nosotros fuimos al centro de la ciudad y no había nada abierto, entonces regresamos y estamos haciendo nuestro culto todos los días aquí en la calle y le estamos pidiendo a Dios que mandara a alguien para que nos llevara a una iglesia cristiana, porque todos somos evangélicos y llegan esas páneles preguntando quién quería ir a una iglesia cristiana’, y dijimos, ¡todos!’.

“Ese hombre fue el que les mandó el mensaje, y desde ahí nos constituimos. Ese hombre vino y fue el que trajo a todo el pueblo haitiano aquí. Las caravanas ya no llegan a Tijuana, llegan a la Pequeña Haití, ya cuando nosotros no podemos, salen a buscar otro lado. Esa es la necesidad”.

 

EL PRIMER VELORIO HAITIANO EN TIJUANA

“Al segundo día que fuimos, llegué yo aquí, a la casa, y ya estaba una mujer adentro con su niño. Entonces yo dije: Gracias, Dios, por poner ese sentimiento en mi esposa para que yo no tuviera problemas” (risas). Al segundo día, dijimos, ‘no podemos dejar a esa gente ahí’ e hicimos esto: todas las mujeres embarazadas las vamos a traer, y dijo ella, ‘sí’. Cuando llegué, había mujeres embarazadas, niños, hombres y le dije: ya habíamos quedado en que sólo mujeres embarazadas, y me dice: ‘Es que se subieron y ya no los pudimos bajar’.

“Fue un momento difícil, trajimos nueve mujeres embarazadas y traían mucho dolor. Y mi esposa ahí estuvo, había un colaborador de Estados Unidos y él llamó a unos amigos médicos y dijeron que estaban muy mal, se las llevaron al Hospital General y desgraciadamente una de ellas ya tenía dos días con su bebé fallecido. Ese fue el primer velorio haitiano aquí en Tijuana, vinimos los medios y enterramos a ese bebé. Es una historia muy triste, se le consiguió inmediatamente que se fuera a Estados Unidos, después de que perdió al bebé, la tuvieron meses encerrada y fue deportada a Haití. Es un caso que me duele. Todavía está la nota en el periódico. Fue muy triste”.

 

LEVÁNTATE Y ANDA

“Ha habido momentos difíciles, pero nunca he dudado. Desde que Dios me llamó y he visto la mano poderosa sobre este lugar, mandó migrantes en cuanto abrimos la iglesia y yo nunca he andado pidiendo apoyo, Dios siempre me manda a personas idóneas. Al primero que me mandó fue a alguien que no tenía empleo, ni un solo centavo: un albañil, y él me dijo: ‘No tiene que pagarme nada, a mi también Dios me mandó y me dijo que iba a venir a construir este lugar’. Así de mágico fue el inicio de esta iglesia, y así él trabajaba y me colaboraba.

“Nunca he dudado de lo que Dios va a hacer, siempre manda ayuda. Hace dos meses estuve muy enfermo, al borde de la muerte, y la verdad pensé que ya había terminado todo, que mi vida había llegado hasta ahí, pero le dije que si Él todavía me ocupaba, yo podía servirle. Él me levantó de esa cama y me permitió venir. Ahora llegó la caravana, tengo mucho trabajo y, si a Dios le place, me voy a levantar.

“Fue un año difícil. Mi mamá murió iniciando el año, me enfermé, otras tantas cosas que nos pasan en la vida de los activistas que a veces nadie se da cuenta. Fue un poco difícil, pero los momentos difíciles se van y llegan momentos bonitos como este”, expuso Gustavo Banda Aceves mientras un grupo de niños lo abrazaba, interrumpiendo la entrevista.

 

DE LA MANO DE DIOS Y LAS ASOCIACIONES CIVILES 

“Mucha gente demanda mucho al gobierno, cuando llegué al principio, no sabía cómo era esto. Pensé que el gobierno se involucraba activamente y comprendí que no tiene la capacidad en nuestro país para ayudar a toda la gente. Entonces entendí que, si Dios me había llamado, Él me iba a proveer de todo. Gracias a Dios, han llegado los socios y las ayudas que necesito para salir adelante, se come muy bien en este lugar. Al gobierno a veces le pido cobijas, que me ayuden, porque se acaban muy fácilmente. Tenemos absolutamente todo lo que necesitamos. Ahorita necesitamos ayuda médica y Save The Children contrata al mismo gobierno para que nos den la ayuda médica.

“Tengo socios en Estados Unidos, algunas asociaciones estadounidenses. Ahora que me enfermé, han venido un par de iglesias que me están echando la mano porque ven que la necesidad es mucha. Si antes yo tenía 600-700 personas, hoy son mil 100 y aumentando. Viene la caravana de haitianos que llegan de Mexicali a Tijuana, los gobiernos creen que se quedan en Mexicali, pero en nuestra experiencia, salen huyendo de Mexicali cuando empieza el invierno y vienen para acá”.

 

EL FUTURO: UN ALBERGUE DE PRIMER MUNDO

“Aquí donde estamos parados, te lo dibujo mentalmente: ahí habrá una escuela (la parte de abajo), esta parte será un hospital, en el área superior van a ser mis canchas deportivas. El lado izquierdo va a ser una fábrica y también vamos a ampliar la escuela para niños más pequeños. Todo esto es un proyecto educativo.

“En la Pequeña Haití, empieza en enero la construcción de una clínica y una clínica dental. En la parte de enfrente, ese albergue será de primer mundo, con toda la modernidad, ese va a tener dos proyectos productivos: máquinas para lavar, que aquí no hay; y les vamos a dar trabajo a los migrantes.  También es un proyecto de construcción para que afinen sus habilidades, la parte de abajo, son casas de dos plantas, para todas las familias, son 24 casas. En la parte superior está el albergue, allá donde está el monte, hay otra parte para el albergue, también con literas. Es un proyecto muy ambicioso que pensamos que en marzo del siguiente año se puede terminar.

“Cuando construía pequeñas casas para los haitianos, llegó una investigadora de la Universidad de San Diego y me dijo: ‘¿Cuánto te cuesta hacer una casa?’ Y yo le dije, aproximadamente 50 mil pesos cada casa, con piso y todo. Entonces ella me dijo: ‘Yo te voy a ayudar con una casa cada quince días’.

“Me puse muy contento, después pasaron unos meses y ella no vino, como mucha gente que me promete y se va. Pero después, ella regresó junto con otro investigador de allá, Teddy Cruz, y me dijeron: ‘Nos tardamos, ya no queremos construir casas pequeñas, queremos construir un edificio. Nosotros vamos a vender el proyecto, pero ya tenemos algo’. Ellos han conseguido casi todos los fondos, les están mandando todo el dinero a ellos. Tiene como un año y medio más o menos, se vino la pandemia y ha estado difícil construir. Casi un gran porcentaje lo han hecho los migrantes, ya no tuvieron que salir a trabajar a otro lado”.

 

FUI EXTRANJERO Y ME RECOGISTE

“Jesús dio su vida y con su pobreza nos hizo ricos a todos. Eso es lo que nosotros creemos, Él se hizo uno de nosotros, vivió como uno de nosotros, anduvo como uno de nosotros, igual que los demás. No tenía ni donde recostar su cabeza y nosotros estamos imitando lo que él hizo. Mucha gente piensa que ser un buen católico, cristiano, es asistir a la iglesia, es dar una ofrenda, pero la biblia no dice eso. Como creyente conozco la Palabra y dice que al final de los tiempos, nosotros seremos juzgados; porque vimos a la gente y le dimos de comer, le dimos de beber, fui extranjero y me recogiste.

“Tijuana es la ciudad donde llegan más migrantes y nosotros fuimos la primera embajada haitiana, la primera iglesia, y aquí llegaron todos los papeles de los haitianos. Mi trabajo es aceptar la palabra, como si fuera uno de ellos y darles alojamiento. Mi recompensa es hacer lo que la palabra dice.

“Ver que las familias llegan con problemas de violencia, que llegan huyendo, les mataron a sus familiares y verlos que logran llegar a Estados Unidos, que están triunfando o que no son perseguidos como en sus países o el nuestro, que me manden fotos y me digan ‘Mira, pastor, mis hijos ya están en la escuela, tengo un empleo, me compré un auto, estoy yendo a una iglesia, me está yendo bien’, es lo mejor. Y todos los días, cuando salgo de mi casa -porque yo vivo aquí en el albergue-, ver que en cuanto yo salgo todos estos niños vienen y me abrazan, y me dicen que me quieren, no hay nada que se compare con ello.

“Tengo una hija, y lo más hermoso de esto es que ahora que cumplió 18 años, me dijo: ‘Papá voy a vender mi auto’. Vendió su auto, su recámara, sus pertenencias y yo le pregunté: Hija, ¿por qué estás haciendo eso?, y me dice: ‘Porque me voy de misionera’. Le pregunté por qué vendía sus cosas si yo le podía ayudar, y me dijo: ‘No, yo quiero que me cueste’. Y ella ahorita anda en el Amazonas, predicando la Palabra de Dios”.

 

LA FELICIDAD CONSISTE EN PROVEER

“No hay hora de acostarse. ¿Por qué? Porque a veces hay problemas, a veces hay enfermos, a veces me toca dormir en el hospital cuando los llevo a Rosarito, porque aquí (Tijuana) no me los aceptan y tengo que viajar a Rosarito con ellos. Hay días que me levanto mucho muy temprano, hay veces que tengo que llevarlos a la línea a entregarlos y es un momento muy, muy feliz para mí. Acabo de entregar dos familias la semana pasada, no sé cuántas voy a entregar. Me levanto a saludar a todo mundo, ver cuáles son las necesidades en la cocina, si me toca un día de hacer las compras.

“Ahora que nos va a tocar construir, va a ser todo el día de construcción, en la lluvia hay que abrir camino para que el agua se vaya. La verdad vives intensamente aquí y no hay tiempo para descansar. Alguien me dijo: ‘Pastor, tú trabajas mucho, y al que trabaja mucho, Dios lo recompensa, ¿y en qué forma? Pues dándole más trabajo’ (risas). En la Biblia dice: ‘Al que tenía tres talentos, Dios le dio uno más al que tenía uno y lo escondió, pues se lo quitó y se lo dio al que ya tenía’, es hermosa mi vida, así lo puedo decir.

“Soy un hombre muy feliz, no depende de las circunstancias, es una decisión. Vivo en un contexto donde la gente tiene muchas carencias, y mi felicidad consiste en proveer.

 

CADENA DE SERVICIO 

“Tengo una esposa que es muy ordenada y que tiene muchas cosas buenas, ella mantiene mucho el orden y la disciplina en este lugar. Ella enseña a la gente todo lo que tienen que hacer ellos. Y, ya cuando están enseñados y se tienen que ir, ellos escogen al que los va a sustituir, es una cadena.

“Aquí todo mundo sabe qué tiene que hacer desde que se levanta, hay roles de a quién le toca la limpieza. Yo prácticamente ya no hago nada, sólo voy a ver qué les hace falta, hacen su lista cada viernes para que yo vaya a traerles lo que requieren. Siempre Dios me manda a alguien que sabe hacer algo: el que construye, el que solda, el plomero; aquí somos todólogos. Y el que va llegando, aquí aprende. Los mandamos (a Estados Unidos) bien capacitados.

“Yo sé hacer muchas cosas que a veces ellos no saben a hacer, porque nosotros lo hacemos muy al estilo americano, tenemos la herramienta y aquí ellos aprenden. Tenemos talleres productivos para que ellos afinen sus habilidades para construir y que se vayan listos. Igual las mujeres, aquí están enseñándose con sus máquinas de coser”.

 

ACADÉMICO, ACTIVISTA Y PASTOR  

“Los temas que se tratan son de migración, ayudando a los investigadores, entonces, es lo mismo aquí y allá. Allá lo vemos en papel y aquí en la realidad. Entonces, lo espiritual es darles fe, esperanza y amor a todos estos niños y familias. Todas encajan.

“Dios me escogió para los migrantes. La Biblia es un libro que trata de migrantes, todos son migrantes en la Biblia. Jesús es un migrante, llega como migrante, nace en Belén y tiene que salir huyendo a Egipto. Dice la palabra de Dios que así nosotros tenemos que ayudar a los migrantes que van llegando.

“Tijuana se ha hecho con puros migrantes, mi mamá, mi papá, mi abuelo, fueron migrantes; entonces, Tijuana es de puros migrantes, somos pocos los que hemos nacido aquí. Se ha dado mal la información, los medios, algunos gobernantes, se han enfocado en poner todo lo malo, pero no han puesto lo bueno”.

 

“Vosotros sois la luz del mundo. 

Una ciudad en una colina no puede estar oculta”

Mateo 5:14 

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