“La ficción es una de las maneras de entrar al mundo real”: Diamela Eltit

Foto: Enrique Mendoza Hernández
Cultura lunes, 20 diciembre, 2021 12:15 PM

“Lo importante es la escritura y no el sexo de los autores”, expresó a ZETA la escritora chilena que recibió el Premio FIL de Literatura en Leguas Romances 2021

Una de las autoras hispanoparlantes más laureadas en 2021 ha sido la chilena Diamela Eltit, quien recibió el Premio Carlos Fuentes y el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

En el caso del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2021, Eltit lo obtuvo “por la profundidad de su escritura única que renueva la reflexión sobre la literatura, el lenguaje y el poder en el cambio de siglo”, de acuerdo con el Jurado.

Se trata de “una voz trazada por los cuestionamientos más urgentes de la época contemporánea, en tiempos de pandemia, migraciones, depredación y devastación ambientales”, se lee en el acta.

“El Jurado de la FIL entrega este Premio a Diamela Eltit por una trayectoria que trasciende las convenciones literarias para dialogar con la visualidad, la crítica, el feminismo, el psicoanálisis y las teorías contemporáneas posthumanistas”, complementó el Jurado.

A propósito de su distinción, Diamela Eltit expresó en entrevista para ZETA durante la Feria Internacional del Libro (FIL) Guadalajara: “En general no soy yo exactamente la que recibe el Premio, sino más bien son los libros que circularon y generaron digamos una cierta identidad en la comunidad literaria; cuando hablo de comunidad literaria, incluso pongo la FIL, todo lo que tenga que ver con el campo literario que es múltiple; eso ha sido sorprendente, importante, interesante”.

 

“NO FUE LA DICTADURA LA QUE IMPIDIÓ O FACILITÓ QUE YO ESCRIBIERA”

Diamela Eltit nació en Chile, en 1949. Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 al gobierno de Salvador Allende y posterior dictadura de Augusto Pinochet en aquella nación, la autora formó parte del Colectivo de Acciones de Arte (CADA). En entrevista para ZETA, reconoció que “no fue la dictadura la que impidió o facilitó que yo escribiera”.

¿Cómo empezó Usted a escribir y publicar en la dictadura de Pinochet?

“La verdad es que siempre tuve la suerte de encontrar muy tempranamente mi vía, mi vía era la vía literaria, porque hay gente que de pronto no sabe bien dónde está ligado su centro de interés. En mi caso, afortunadamente muy temprano leí mucho en la segunda infancia y adolescencia, además estudié literatura e hice un posgrado en literatura. Es decir, siempre estuve en esa línea. Ahora, la desgracia que tuvimos los chilenos, todos en conjunto, es la dictadura, donde se quiebra el sistema democrático, pero la verdad es que estaba en esa línea, es decir, iba en ese camino, no fue la dictadura la que impidió o facilitó que yo escribiera; yo tenía mi ruta marcada.

“Tuve la desgracia, como millones de chilenos, de vivir 17 años bajo dictadura, eso fue muy dramático, especialmente por la cantidad de víctimas, detenidos, desaparecidos, una categoría nueva de gente que no está ni viva ni muerta, ya sabemos que está muerta, pero no hay evidencia. Entonces, ésa fue la vida que nos tocó vivir a millones de gentes, ojalá no hubiera sido así, pero fue así; pero el ámbito literario se había formulado antes del golpe de Estado y siguió vivo cuando se recuperó la democracia”.

 

PUBLICAR EN LA DICTADURA

Diamela Eltit es autora de novelas como “Lumpérica” (1983), “Por la patria” (1986), “El cuarto mundo” (1988), “El padre mío” (1989), “Vaca sagrada” (1991), “Jamás el fuego nunca” (2007), “Fuerzas especiales” (2015) y “Sumar” (2019). También, de los ensayos “Emergencias: escritos sobre literatura, arte y política” (2000), “Signos vitales” (2008) y “Réplicas” (2016), entre otras obras.

En la entrevista con este Semanario, Eltit narró cómo fue publicar en tiempos dictatoriales donde los libros tenían que pasar por una Oficina de Censura.

¿Cómo publicó su primera novela, “Lumpérica” (Ediciones del Ornitorrinco, 1983), bajo la dictadura de Pinochet?

“Yo viví una situación anómala, donde la mayoría de los escritores y las escritoras estaban exiliados. De verdad que se desarmó el aparato editorial porque la cultura fue afectada por los controles, desaparecieron medios de comunicación, en las universidades los rectores fueron militares, era un escenario muy difícil de comunicar.

Empezaron a surgir pequeñas editoriales, pero por otro lado, los libros de las pocas librerías que quedaron requerían de un permiso para ser publicados, había una Oficina de Censura donde tenían que ir los libros para ser autorizados para su publicación. Las librerías tenían que contar con esos permisos, si no, los libros no podían estar ahí. A mí me tocó esa época con mis dos primeros libros, que pasaron por una Oficina de Censura y se les permitió publicarse.

“También se podía editar libros sin pasar por esa Oficina de Censura, pero esos libros no podían ir a librerías. Yo estaba publicando con una editorial (Ediciones del Ornitorrinco), de hecho, la mía fue la primera novela que publicaban, y sí querían ir a librerías, por lo tanto, los libros tenían que pasar por esa oficina. Son cuestiones muy anómalas como la inquisición: qué se publica, qué no se publica, qué se lee, qué no se lee, pero así fueron los tiempos. La editorial valoró el libro que yo había hecho y decidió publicarlo, llevó el libro a la Oficina de Censura, el libro pasó la censura y pudo aparecer, por supuesto de manera restringida, porque estaban muy ocupados los espacios de recepción, de crítica”.

 

“LA FICCIÓN ES UNA DE LAS MANERAS DE ENTRAR AL MUNDO REAL”

“Sumar” es la novela más reciente de Diamela Eltit, publicada por Editorial Periférica en 2019, donde narra una marcha de vendedores ambulantes en Chile en la cual sucede toda suerte de historias, rencillas, sueños, intereses y debates de diversos temas, históricos, nacionales o hasta deportivos, desde el punto de vista de los protestantes.

“Sí, nos vamos quedando dormidos abrazados todos, abrazados como podemos, amontonados en una apretada fila debajo de las latas de autos irregulares, tóxicos, sin vidrios, con sus metales colapsados. Nos dormimos para soñar con la parte de atrás de la nube, tan estrecha, la más incómoda. Todavía tenemos que marchar doce mil quinientos kilómetros en trescientos setenta días”, se lee en alguna parte de “Sumar”.

¿“Sumar” está basada en hechos o personajes reales?, cuestionó este Semanario.

“Sí y no, porque la ficción es una de las maneras de entrar al mundo real; a través de la ficción tú puedes ingresar a la realidad, pero en definitiva yo trabajé una marcha y las marchas son históricas, han cruzado la historia, la historia político-social del mundo. Entonces, puse un epígrafe de una situación real que ocurrió en Chile durante la dictadura, donde un padre reclama el cuerpo de su hija que fue enterrado junto con otras personas en el mismo ataúd; fue un hecho que me dio mucha vuelta como algo muy extremo y muy poco humano, pensando precisamente en esa familia, pero es ficción”.

Diamela Eltit contó sobre el origen de los personajes en la manifestación, como Ángela, Casimiro, por ejemplo:

“Para hacer este libro empecé por una marcha, leí algunos documentos sobre la primera marcha hacia la Casa de Gobierno en Chile, fue a principios del Siglo XX, se llamó la Marcha del Hambre; en ese momento tenía vigencia el anarquismo, estaban formulándose los partidos y los movimientos sociales; y sí tomé los nombres, La Ángela, El Casimiro, fueron dirigentes de esa marcha. De repente yo saco de algún lado y los ocupo, entonces, sí son nombres reales de las primeras personas que marcharon a la Casa de Gobierno.

“Ahora, la Casa de Gobierno chilena es un nombre muy elocuente, se llama La Moneda, con todo lo que eso significa: poder, dinero; porque antes de que los gobiernos se instalaran allí era una casa donde se hacían monedas, se imprimían billetes y conservó su nombre cuando el gobierno se instaló ahí, entonces, marchar hacia La Moneda es muy elocuente”.

¿Tiene la marcha la intención de recrear alguna situación real del Siglo XX o XXI?

“El Siglo XXI está totalmente atado a su pasado, nunca ha habido tantas marchas migratorias como en este tiempo. En mi novela ‘Sumar’ yo traje una marcha de vendedores ambulantes, pero nunca ha habido tanta marcha como ahora, como hubo antes y como lo seguirá habiendo, son formas de organización social. La literatura ingresa al ojo de su lector y entabla un diálogo con cada uno de los lectores, no importa cuántos sean, 10, 20 o mil; no importa, lo importante es ingresar en ese diálogo, con ese ojo y desde el ojo al cerebro”.

Cortesía

 

“NADIE HABLA DE LITERATURA DE HOMBRES, SINO DE LITERATURA DE MUJERES”

Uno de los momentos más esperados de la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, es el discurso que pronuncia el ganador en turno. En su disertación del 27 de noviembre de 2021 al recibir el Premio, Diamela Eltit destacó:

“Las autoras, a pesar de producciones muy elocuentes, son catalogadas bajo el signo literatura de mujeres. Y la literatura, la única, la importante, es un decir, no necesita de acotación alguna. Ni basta ser mujer, pero tampoco basta ser hombre en la tarea de construcciones solventes literarias. Lo importante son las estéticas, el asombro”, expresó en la recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2021.

¿Por qué es un error común clasificar a la literatura como “literatura escrita por mujeres”?

“Nadie habla de literatura de hombres, sino de literatura de mujeres. Vivimos un horizonte binario, en general. Siempre que hay dos polos, uno se pone al son de otro; siempre que hay dos polos, uno domina al otro. En este caso, efectivamente, masculino-femenino son categorías culturales, pero en definitiva una categoría es más poderosa y en cierto modo controla a la otra.

“La escritura es una creación social y cultural, la escritura llegó tarde al mundo. La escritura es una creación, una práctica cultural y, por lo tanto, tiene que ser leída en su dimensión. No hay que confundir autor con escritura. Si es autor o autora es un dato. Lo importante es ver la letra, cómo opera, cómo funciona y cómo se desplaza. Lo importante es la escritura y no el sexo de los autores”, concluyó Diamela Eltit.

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