La cuarta transformación del poder militar

Ilustración: Mara Hernández
Destacados viernes, 10 diciembre, 2021 2:00 PM

Por Nayeli Valencia, Juan Luis García, Scarlett Lindero, Marco Antonio López y Abraham Rubio

 

Cuando Felipe Calderón Hinojosa le declaró la guerra a los cárteles del narcotráfico mexicanos y envió a los militares a combatirlos el presupuesto asignado a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ascendía a 53 mil 298 millones de pesos, el promedio anual de castrenses desplegados era de 37 mil 253 y las iniciativas de ley de parte del Congreso para ampliar sus facultades en el primer año de gobierno fueron apenas cuatro; 15 años después el presupuesto del Ejército creció un 95%, el promedio de militares desplegados aumentó un 41.7% y hubo 12 iniciativas para hacer crecer sus atribuciones durante el primer año del presente gobierno federal.

Además, en tres años de gobierno el presidente de México Andrés Manuel López Obrador ha decidido dar más relevancia al papel de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) no sólo en el terreno de la seguridad pública, sino en el de atribuciones legales y encargos relacionados con la construcción de sus obras públicas prioritarias.

“Podemos encontrar lo que distingue a este sexenio de otros es que ahora le están dando un sin fin de atribuciones a las Fuerzas Armadas.  Bajo el discurso tradicional de que las instituciones civiles, ya sean las policías o las que sean, no cuentan con las capacidades para hacerlo”, explicó Daira Arana, directora general de la organización Global Thought Mx y miembro del colectivo Seguridad sin Guerra.

Las nuevas funciones de los militares radican en la construcción de obras públicas, donde también fungen como contratistas; cuidan viveros y plantas; participan en políticas de salud y bienestar social, como en las campañas de vacunación; custodian obras e instituciones públicas, como el Aeropuerto de Santa Lucía o el Tren Maya, el aeropuerto de Tulum y Chetumal, tal y como se documenta en el “Inventario Nacional de lo Militarizado”, elaborado por especialistas en seguridad del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y México Unido contra la Delincuencia (MUCD).

Ilustración: Mara Hernández

 

A partir de enero el Ejército también tendrá la nueva asignación de repartir medicinas, anunció recientemente el presidente, esto con la intención de que los hagan llegar a los centros de salud más apartados del país.

“Es claro que la militarización se ha expandido a esferas de la administración pública diversas a la seguridad”, revela el trabajo del CIDE, donde además se documentan las siguientes cifras y hechos.

Las Fuerzas Armadas se han hecho de 4 mil 495 millones de pesos de entidades federativas y 4 mil 530 millones de recursos originalmente asignados a instituciones civiles, entre 2007 y 2021.

Así, en ese periodo, 27 instituciones federales delegaron funciones y presupuestos a las Fuerzas Armadas a través de múltiples convenios, de acuerdo con el Inventario. Siendo los más altos montos los entregados por López Obrador a través del Banco del Bienestar, con 3 mil 759 millones de pesos y el Aeropuerto Felipe Ángeles de la CDMX, con 3,384 millones de pesos.

El actuar presidencial se encuentra sustentado en el debilitamiento del Estado, opinó Marco Arellano Toledo, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entrevistado para este reportaje.

“No es un asunto de una posición ideológica, tengo la impresión de que hay un debilitamiento del Estado y un deterioro estatal. En esta metáfora como si fuera una maquinaria el Estado, entre las pocas instituciones que le quedan todavía con las palancas necesarias para hacer que las cosas sucedan son las Fuerzas Armadas”, dijo Arellano.

Apenas el pasado 4 de noviembre, el presidente López Obrador sostuvo que la custodia de las Fuerzas Armadas es la mejor forma de evitar la privatización de los complejos del Istmo de Tehuantepec. Es así que de los ramales de Palenque a Coatzacoalcos, de Coatzacoalcos a Salina Cruz, de Ixtepec a Tapachula, hasta los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz quedarán bajo custodia de la Secretaría de Marina.

“Van a formar parte de una empresa manejada por la Secretaría de la Defensa Nacional, porque si estos bienes se lo dejamos a Fonatur o a la Secretaría de Comunicaciones no aguantan ni la primera embestida (de privatización)”, dijo el presidente sin detallar el nombre de la empresa.

No hay poder sin dinero

En los tres primeros años de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la Sedena suma un presupuesto de 430 mil 708 millones de pesos en términos reales (20.7 millones de dólares). Esto es un disparo de 112% y 51.4%, de forma respectiva, al compararse contra el mismo periodo de sus predecesores en el cargo Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Tan sólo el 2021 fue el año con mayor presupuesto asignado a la Sedena en los últimos 15 años, con una bolsa total de 116 mil 733 millones de pesos.

 

Constitucionalmente, las Fuerzas Armadas únicamente están facultadas para desempeñar funciones estrictamente militares. Pero, en total, hay más de 20 instituciones federales que han trasladado sus funciones y presupuestos a las Fuerzas Armadas a través de diversos convenios y decretos, según el Inventario Nacional de lo Militarizado.

Lo preocupante es que el Ejército está adquiriendo mayor autonomía presupuestal, pues no sólo están adquiriendo más poder si no más presupuesto que sale del control del Poder Legislativo, explicó Catalina Pérez Correa, especialista en seguridad e investigadora del CIDE.

“El volumen de crecimiento que está teniendo el Ejército ya no sólo lo puede tener un Secretario, necesitan ya un súper secretario que administre todo lo que está asumiendo”, dijo Catalina Pérez Correa.

El 23 de noviembre pasado el presidente anunció que envió una iniciativa con proyecto de decreto al Senado para crear la Comandancia del Ejército, que reorganizará la estructura de la Sedena. El Comandante del Ejército tendría un nivel de mando superior y sería responsable tanto de la administración de la Sedena, como de delegar funciones para cumplir con las misiones del Ejército.

Esta reorganización “conlleva a precisar y diferenciar las funciones de la Secretaría de la Defensa Nacional, como organismo político-administrativo del Poder Federal, de las que tiene a su cargo el organismo militar responsable de llevar la dirección estratégica de la Defensa Nacional”, reza el documento.

Los pasos del presidente López Obrador dando un papel protagónico en la realización y administración de proyectos al Ejército se asemejan a lo que ocurre en otros gobiernos latinoamericanos, tanto de izquierda como de derecha, comentó Arellano.

“No es menor hay que decirlo que la mayoría de los países que han tenido liderazgos carismáticos fuertes, pienso en Venezuela, Brasil, Bolivia, han confiado en las fuerzas militares muchas de sus obras estratégicas. La razón fundamental es seguir teniendo un espaldarazo institucional, no al proyecto sino al Poder Ejecutivo”, dijo Arellano.

Nunca tan visible y ¿popular?

A pesar de que el presidente López Obrador manejó un discurso de pacificación en foros que se realizaron en todo el país antes de que tomara protesta, este discurso de paz no se concretó en nada y la pacificación quedó en lo discursivo, de acuerdo con Arana.

Al contrario, López Obrador afianzó la presencia militar en ámbitos en los que antes no se incluía, como es la asistencia de un representante de la Sedena a la mayoría de las conferencias presidenciales.

“Entonces lo que vemos podría ser en principio una gran contradicción y lo es, porque no puedes empezar a generar ambientes de pacificación o de justicia transicional, o de justicia transformativa o restaurativa, si tu enfoque es cien por ciento punitivo”, dijo Arana.

“Pero lo cierto es que estas contradicciones que vemos, el gran despliegue o gran poder que tienen las Fuerzas Armadas, están enfocadas en Seguridad Pública, Obra Pública, en obras civiles del Estado, no en Defensa”, mencionó la experta.

El Ejército y la Marina, sin embargo, son las instituciones que cuentan con mayor confianza de la población, con 23.4%, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI) 2020, publicada en marzo del presente año, por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La confianza es más evidente entre los hombres que les conceden 28.5% como de “mucha confianza”, en tanto que las mujeres un 18.8%.

Esta popularidad del Ejército ha sido utilizada por los políticos, apuntó Carlos Galindo, investigador de diversos reportes del Ejército del Instituto Beilsario Domínguez del Senado.

“Los niveles de confianza del ejército son altísimos. Muy por encima de todas las corporaciones policiales. Entonces, el político que sea ve los niveles de confianza del Ejército de parte de la población, pues lo que dice es utilicemos al Ejército. Claro, si uno empieza revisar los datos con calma, uno ve que en los lugares en donde se hacen los operativos militares, un año después en la encuesta sale con que cae la confianza del Ejército”, explicó el experto.

Un López Obrador ya candidato presidencial mantuvo en vilo, hasta en el último tramo previo a los comicios federales del 1 de julio del 2018, la decisión de retirar al Ejército de las calles.

Durante su participación en el evento “Diálogo por la Paz y Justicia, La agenda fundamental”, donde el político desglosó sus planes de seguridad, López Obrador defendió la idea de que en su administración las fuerzas armadas respetarían los derechos humanos.

“Sacar al Ejército de las calles… pero a ver… van a salir los soldados de las calles o no, eso lo vamos a ver. En muchas partes la gente nos está diciendo si se van los soldados nos quedamos en el desamparo completo, esto lo tenemos que ir viendo poco a poco no es un asunto maniqueo hay que ir viendo qué conviene más para conseguir la paz”, expuso López Obrador.

Ilustración: Mara Hernández

 

La orden es sumar

Un análisis hecho para este reportaje refiere que cuando el gobierno de López Obrador comenzó su mandato, el Ejército y la Fuerza Aérea Mexicana contaban con un personal militar que ascendía a 214 mil 157 efectivos, esto es un aumento de 2.1% con relación a los castrenses con los que Enrique Peña Nieto contaba cuando inició su mandato y un aumento de 10.3% con relación a las de Felipe Calderón.

“¿Puedes tener un aumento en el número de personas que conforman un Ejército en una situación de paz? Me atrevería a decir que sí en la medida que tienes un enfoque de defensa, sobre todo, cuando hay problemas de defensa nacional… Posiblemente no hay un conflicto armado con otro país, pero hay la inminencia de que suceda, lo cual no es el caso de la situación mexicana”, dijo Arana.

La especialista resaltó que vale la pena preguntarse cuántos de estos militares participan con un fusil y cuántos están detrás de un escritorio. “Lo que sí es cierto es que todo esto involucra recursos, para contratar a todas esas personas, necesitas pagarles”, apuntaló.

En lo que se refiere a los elementos operativos de la Sedena listos para ser desplegados en las calles, en 2020 ascendía a 54 mil 980 castrenses en promedio anual, esto es 10.4% más que en 2012 y 47.5% más que con Calderón, de acuerdo con una solicitud de información (comprendida en la siguiente gráfica).

 

 

 

De acuerdo con la información de Animal Político, al corte de septiembre pasado en el país se encontraban movilizados 80 mil 210 efectivos en tareas de apoyo a la seguridad pública y combate a la delincuencia. Una suma inusitada desde el 2006.

Por otro lado, con la llegada de López Obrador al poder se consumó la promesa de la Guardia Nacional mediante la reforma constitucional presentada por Morena en la Cámara de Diputados el 20 de noviembre del 2018.

Cuatro meses tardó el Congreso en aprobar la reforma constitucional que dio vida a la Guardia Nacional. A la cual se habían trasladado 61,251 militares provenientes de la Sedena hasta octubre del presente año, de acuerdo con una solicitud de información.

El transitorio quinto de la reforma constitucional en materia de Guardia Nacional selló la participación del Ejército por al menos 5 años a partir del 26 de marzo del 2019, en lo que la Guardia Nacional desarrollaba su conformación y capacidad. Y luego con la entrada en vigor de otro acuerdo hecho público el 11 de mayo del 2020.

Al término del 2020, el 76.2% de los elementos de la GN provenían de las Fuerzas Armadas. Se trata de 73 mil 388 de 96,358, de acuerdo con el Resultado del Censo Nacional de Seguridad Pública Federal 2021 del INEGI.

 

Vuelco al inicio de la guerra

Con el engrosamiento de los elementos militares y de la conformación militar de la Guardia Nacional, López Obrador repitió una parte esencial de la guerra contra los poderes fácticos de sus dos antecesores en el cargo, pese a decirse distinto a Calderón y Peña Nieto.

El extitular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Oscar Vega Marín, dijo que ante un complicado escenario de lucha contra el crimen organizado el entonces gobierno de Felipe Calderón no encontró de otra más que echar mano del Ejército. Pero hoy, López Obrador ha superado la militarización de la seguridad pública iniciada 15 años atrás.

“No había otra opción, en la gran mayoría de los estados las autoridades locales, no sólo de seguridad, sino las autoridades locales como tal, estaban si no cooptadas, pero sí muchas controladas en sus capacidades de maniobra por el crimen y tenía que haber algo disruptivo. Tenía que haber algo que realmente diera una imagen de un cambio radical y cualquier esquema de fortalecimiento institucional de las policías locales iba a llevar tiempo …Y lo único que se podía implementar con esa velocidad y esa contundencia era sacar a los soldados a las calles, eso sí es de un día para otro”, recordó Vega Marín.

Para Galindo sí había otra opción, se trataba de generar una auditoría social sobre el actuar de los cuerpos de seguridad. Pero la nueva administración no optó por ese camino ni con el Ejército, ni para la conformación de la Guardia Nacional.

En medio de la controversia por las decisiones de López Obrador, es un hecho que heredará un Ejército con más poder tanto en lo económico, como en áreas de injerencia de la administración pública, a los gobiernos federales venideros. Algo que podría ser una regresión en el contexto histórico de México.

“No es cosa menor, recordemos que gran parte de la disputa por el poder político después de la Revolución tuvo que ver con cómo se podía limitar la participación del Ejército en la política, y esto se logra hasta con Miguel Alemán, primer presidente no militar. No estoy diciendo que va haber un presidente militar, pero sí que están teniendo una densidad política inusitada en este país”, dijo Arellano.

*La propuesta de este reportaje fue seleccionada en la Convocatoria 2021 del Programa de Apoyo al Periodismo en México de la UNESCO en México. Su contenido es responsabilidad de sus autores, quienes son dueños de los derechos de autor correspondientes,  con absoluta independencia de la UNESCO. La UNESCO no tiene coautoría o participación institucional alguna en la realización del contenido de este reportaje.  

 

 

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