Cueto, el escritor que sufre una “paranoia” múltiple

Destacadas BCS domingo, 26 diciembre, 2021 7:36 PM

Luis Fernando Cueto, novelista peruano recuerda su paso por la Policía de Investigaciones de su país como una escuela que complementó su formación de literato y abogado para exponer la violencia como un elemento de la condición humana, y que pretende a través de sus obras el restablecimiento de la paz

Los escritores adoptan tantas personalidades que pareciera que tienen una enfermedad mental, pero que en vez de acabar en un manicomio, felizmente lo hacen escribiendo un libro. Esa es la consideración que hace Luis Fernando Cueto, escritor peruano, que vive por rachas en cada uno de los personajes de sus novelas, lo que le llevó a obtener el Premio Copé Oro 2011 en su país, con la novela Ese camino existe.

Ahora, Cueto Chavarría escribió una obra denominada Cosecha de tiburones en la que aborda la violencia del crimen organizado empatado con las autoridades políticas del Perú que desencadenan en el fenómeno del sicariato y en una corrupción generalizada, novela que aunque escrita desde la narrativa violenta, lo que pretende es el restablecimiento de la paz.

La publicación del autor, a través de Bunker Books, cuenta que a raíz del asesinato de un periodista, ocurrido en una ciudad del norte del Perú, un teniente de la policía inicia una investigación que lo llevará a descubrir que el presidente regional dirige una organización criminal. Este ha corrompido a las autoridades locales, también a congresistas y ministros de la República, y pretende apoderarse del dinero que la Región ha recibido de Canon Minero.

La sinopsis de la novela agrega que en esas circunstancias, el teniente se ve precisado a realizar una investigación encubierta, extraoficial, clandestina. Se suceden nuevas muertes, se desata una guerra entre sicarios, parece que la violencia no tiene fin, pero un hecho inesperado cambia las cosas. No obstante, cuando parecía que el caso se ha resuelto, el teniente se da cuenta de que, sobre la mafia que ha combatido, hay otra mafia mayor, todopoderosa, que domina todo el país.

En entrevista con ZETA, Luis Fernando Cueto comenta que la criminalidad política es una realidad que debe representarse a través de la literatura. “Es el caso de una región de mi país, en donde un hombre para ganar las elecciones regionales se asoció con organizaciones criminales, y una vez que estuvo en el poder se peleó con sus socios, los líderes de estos grupos criminales y contrataron sicarios y desataron una guerra, de manera que en mi ciudad aparecían todos los días dos tres muertos que la policía tenía que recoger de las calles, y se desató una mortandad terrible. El móvil era apoderarse de un dinero proveniente del Canon Minero, que era una cifra aproximadamente de tres mil millones de dólares, casi una tercera parte del presupuesto del país, para una sola región”.

“Cuando acabó esta guerra de sicarios y cuando metieron presos a los líderes políticos, que ya eran delincuentes, no habían hecho una sola obra de desarrollo para esa región y tampoco quedaba un centavo de ese dinero. Entonces, esa es la nueva realidad, la nueva criminalidad que los escritores del momento están llevando a la literatura, a los cuentos, a la novela, y esa es la realidad que estamos representando en el país”, refirió el autor, quien en sus años mozos fue policía para poder costearse sus carreras de derecho y literatura en dos distintas universidades de Lima.

·         Contar la violencia

El paso de Cueto por la Policía de Investigaciones del Perú fue de aproximadamente diez años, en los que prestó sus servicios en zona de emergencia en diferentes regiones atendiendo el conflicto del Estado peruano con los grupos subversivos de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), en la década de los ochenta. Esos escenarios de violencia marcaron la vida de aquél agente que a los 14 años escribía composiciones y poesía.

Luis Fernando nunca perdió la pasión por la literatura y ese tránsito por el cuerpo policial con las imágenes de lo vivido pudieron ser llevadas con el tiempo a los libros. Le sirvió de experiencia y de memoria para rescatar acontecimientos. Recuerda “Por ejemplo en la novela Ese camino existe que ganó el premio Copé, que es el más importante de las letras en el Perú expone experiencia en la zona de Ayacucho, específicamente las experiencias de violencia desatadas por el enfrentamiento entre el Cuerpo de la Infantería de Marina con Sendero Luminoso y los grados de deshumanización a los que lleva la guerra”.

“Yo expongo la violencia en mis libros, pero lo que yo busco en el fondo es la paz. Que se restablezca una sociedad donde el entendimiento sea posible”, dice el corazón noble del escritor. Las andanzas policiales fueron de gran aprendizaje, refiere Cueto, pues su conocimiento sobre su país era muy parcial, pero desde la primera noche que estuvo encuartelado tuvo un conocimiento aceleradísimo porque convivió con muchas personas que procedían de diversas regiones, de distintas etnias. Y Perú es un país multi-étnico.

Luis Fernando, que estudió un magíster en Estudios Avanzados de Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Barcelona, empezó escribiendo poesía y algunos relatos cortos, pero tenía la mente llena de experiencias y de memorias del conflicto armado interno, que empezó a escribir como una necesidad para desahogarse de todo ello. “Una experiencia en especial, cuando yo vi compañeros caídos en el combate, y personas que no necesariamente participaban en los combates, pero que también eran víctimas de la violencia, en los pueblos, y yo, en algún momento dado, dije, tengo que escribir de esto”.

El originario de la ciudad de Chimbote está convencido en que Perú y el mundo tiene que conocer lo que ha ocurrido y lo que pasa en su país, y por eso, tomó la decisión de escribir sobre ello. “Y esa decisión se afirmó más adelante cuando comenzó a surgir una literatura que a mi juicio no representaba lo que había pasado. Era tomado de una manera muy ligera. Una literatura ligth, se puede decir, donde se hacían cosas un tanto frívolas, a mí entender. Entonces, dije que yo tenía que contar sobre lo que había pasado de una manera más seria y más contundente”.

Escribir de los sucesos negativos de la realidad “No es exponer la violencia por un sentido de figuración, ni nada de eso, sino exponer la violencia como un elemento de la condición humana, eso es lo que a mí siempre me ha interesado y de alguna manera rescatar a las personas, que sin querer, se vieron involucradas en estos conflictos. Yo creo que en el fondo,  como te repito, lo que busco detrás de todo esto es que se restablezca la paz, porque me considero una persona que apuesta a eso”.

·         Arte y locura

Para Luis Fernando llevar la realidad a la literatura y convertirla en arte, no es sencillo. “Eso es lo difícil, porque corremos el riesgo de, en vez de crear un artefacto verbal o una obra de arte, hacemos obras de denuncia u obras de crónica y no alcanzamos el nivel estético. O sea, convertir la realidad real, de una realidad ficcional, es lo difícil en la literatura. Yo tenía las historias bullendo en mi mente de una manera desenfrenada, alocada, y eran memorias que no me dejaban estar tranquilo, entonces yo tomé esto como una manera de desfogarme de esos demonios, como una catarsis, pero tenía muchas voces en mi interior”.

“Muchos rostros que querían surgir. Yo tenía que hacer una especie de ordenamiento para que eso no se salga de control. Ya tenía la historia, el segundo paso era contarla. La decisión más difícil para mí fue cómo contar y quién contaba. Qué hacer con las historias. Entonces, a mí se me ocurrió hacer un engranaje de pequeñas historias y dar una voz muchas veces a los mismos protagonistas. Hacer polifonías, donde yo, de alguna manera, desaparecía como testigo. Yo no quería aparecer como testigo, sino como alguien que representa los hechos”, destaca el novelista.

La policía, el derecho y la literatura han fusionado al hombre que ahora comparte sus historias. “Yo creo que me ayudó eso a desarrollar una capacidad que tengo de simbolizar y fabular las cosas. Cada vez que yo veía que algo que yo escribía, de alguna manera trataba de retratar veristamente lo que había pasado, lo cambiaba. Lo deshacía y empezaba de nuevo. Yo no quería hacer un testimonio. Yo quería hacer una obra literaria y eso fue lo que hice: representé lo que había pasado, no retraté la violencia, la representé, que es la realidad ingresada según mi tamiz, y después, salir de ello ya convertida en una realidad verbal. Y eso es lo más difícil y lo que me duró. Mi primera novela de la violencia la escribí casi después de 20 años de los acontecimientos”.

Pero Cueto no está solo. Él inicia una obra, pero las voces que crea se encargan de ir engarzando los relatos, ya que “A veces tú tienes en mente hacer una novela con un discurso, con una organización de una manera, pero la misma historia y los mismos personajes te van llevando por otro rumbo. Por eso, yo digo, yo como escritor sé dónde empiezo y donde voy a acabar, pero no sé lo que va a pasar en el medio del viaje. Y eso es lo cautivante de este oficio ¿no? porque siempre es una emoción escribir y siempre se siente algo nuevo que nos invita a volver a una página. Seguir después de un punto ¿no? Porque los mismos personajes se van creando y van alcanzando una voz”.

“Por eso yo digo que un escritor es algo así como una persona que sufre una paranoia múltiple, porque no solamente representa a uno o dos, sino a veces representa una multiplicidad de rostros y voces, y a todos tiene que darle una personalidad dentro de la obra, y eso es lo que yo siempre trato de hacer. En mis obras yo convoco a muchos personajes. Le doy muchas voces, muchas características  en esos momentos yo dejo de ser yo y me convierto, por rachas, en cada uno de ellos. Yo creo que eso es lo que realmente llena de emoción este trabajo. Quizá no se ve después, cuando uno lee, pero en el proceso uno adopta muchas personalidades. Es casi como una enfermedad mental, creo, pero no acabamos en un manicomio, sino escribiendo un libro”, concluye Cueto Chavarría.

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