“La novela es indispensable”: Juan Gabriel Vásquez

Foto: Enrique Mendoza Hernández
Cultura lunes, 18 octubre, 2021 12:15 PM

El autor colombiano ganó el IV Premio de Novela Mario Vargas Llosa con “Volver la vista atrás” (Alfaguara, 2020). “La novela tiene la capacidad, y para mí el deber cuando se trata de contar la historia, de meterse en todos esos lugares a donde la historia o la historiografía no pueden llegar”, expresó a ZETA

Uno de los narradores más importantes de Iberoamérica en la actualidad es el colombiano Juan Gabriel Vásquez, reciente ganador del Premio de Novela Mario Vargas Llosa 2021 con su obra de largo aliento “Volver la vista atrás”, publicada en 2020 por el sello Alfaguara de Penguin Random House Grupo Editorial.

En el Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara, el domingo 26 de septiembre durante la clausura de la IV Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, Leila Guerrero, presidenta del Jurado, leyó que la obra ganadora por unanimidad del IV Premio de Novela Mario Vargas Llosa era “Volver la vista atrás”, del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, “por combinar una investigación sin fisuras con un pulso narrativo magistral, y presentar una valiente interpretación de las vidas reales de sus protagonistas”.

En representación del Jurado, conformado por Rosa Beltrán, Raquel Chang-Rodríguez, Efraín Kristal, Fernando Rodríguez Lafuente y Raúl Tola (secretario con voz, pero sin voto), Leila Guerrero complementó al leer el acta:

“Con enorme habilidad narrativa y una prosa extraordinaria, esta obra trabaja con materiales de la realidad enhebrando el presente con los avatares del convulso Siglo XX. Basada en un admirable trabajo de investigación, la novela es un gran lienzo en el que se despliegan conflictos que marcaron nuestro tiempo, y en cuyo centro anidan las vidas de un puñado de personas que han sido impactadas por el peso de la historia”.

Concluyó Guerrero: “Resulta así, a la vez, un mural de los enfrentamientos políticos e ideológicos más relevantes del siglo que pasó y un relato emotivo y perturbador, por momentos trágico, acerca de padres e hijos, legados y culpas, identidad y convicciones. La voz narrativa, dotada de gran aliento y de recursos excepcionales, sabe cómo pulsar las cuerdas de lo grande y lo pequeño con una mirada sin concesiones, cargada de preguntas que nos atañen a todos”.

Tras las ovaciones en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, Juan Gabriel Vásquez manifestó obviamente emocionado: “Este premio es especialmente importante para mí, por el lugar que ocupa la obra de Mario Vargas Llosa en mi vocación literaria, hablo de sus novelas, por supuesto, pero sobre todo de una cierta manera de ser escritor, una cierta manera de asumir el oficio literario”.

Y al hacer uso del micrófono, el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, confesó: “Creo que la novela premiada es uno de los grandes libros que se han escrito en nuestra época”.

 

ENTRE CHINA Y COLOMBIA

En “Volver la vista atrás”, Juan Gabriel Vásquez cuenta la historia de Sergio Cabrera (España, 1950) antes de que fuera cineasta, su hermana Marianella y sus antepasados, entre ellos su abuelo Domingo y su padre Fausto, exiliados en Colombia tras escapar de los horrores del franquismo, como miles de refugiados españoles en países latinoamericanos.

Errantes por República Dominicana primero y luego en Colombia, sin la suerte ni la estabilidad económica de otros españoles, un día Fausto y Sergio, junto con Marianella y su madre Luz Elena, emprenden la aventura por China, donde el entonces adolescente Sergio es matriculado en el sistema educativo comunista.

Marcados por el comunismo de China y por la Revolución cubana (tras el ascenso al poder de Fidel Castro el 1 de enero de 1959), padre e hijo creen tener una misión revolucionaria en Colombia, a donde regresan entusiastas para ser protagonistas de la guerrilla como combatientes del Ejército Popular de Liberación (EPL) a finales de la década de los 60. La guerra, la muerte y la violencia orillan a Sergio a tomar una decisión.

¿Cómo llegó a ti y por qué te interesó el personaje de Sergio Cabrera para tu novela? ¿Qué fue determinante para escribir su historia y la de su familia?, inquirió ZETA a Juan Gabriel Vásquez.

“Conocí a Sergio Cabrera primero como cineasta. Mi generación vio en los teatros, películas como ‘La estrategia del caracol’ (1993), ‘Golpe de estadio’ (1998). Y luego, el escritor colombiano Santiago Gamboa, que es su amigo desde hace mucho tiempo, nos presentó; a partir de ahí hubo una amistad durante la cual las conversaciones y las anécdotas fueron presentando a mí un lado que no conocía, un lado muy sorprendente de su vida, de su biografía”, rememoró el también ganador del Premio Alfaguara de Novela por “El ruido de las cosas al caer”, publicado en 2011.

“A medida que eso iba pasando, me fui dando cuenta de que lo que él contaba, las anécdotas sobre su vida, no eran solamente anécdotas interesantes y exóticas, una vida fascinante de aventuras, de aventura política, de riesgos y de decisiones difíciles, no era solamente ese interés, sino que su vida contaba algo más grande, contaba una historia importante para nuestro entendimiento, nuestra comprensión del Siglo XX político y, sobre todo, importante para nuestra comprensión de momentos cruciales en la historia de Colombia, que tiene mucho que ver con el país en el que estamos ahora, que son los primeros años de los movimientos armados en los años 60.

“Entonces, la vida de Sergio contaba todo eso, y para mí fue muy evidente que contar su vida y la de su familia era iluminar un gran pedazo del Siglo XX, en particular del Siglo XX colombiano, que era terriblemente interesante”, evocó Vásquez.

Cortesía

 

ESCARBAR LA MEMORIA

Fue durante la pandemia por COVID-19 que Sergio Cabrera escribió “Volver la vista atrás”, aunque comenzó a concebirla en la memoria desde 2013. El novelista ha revelado que fueron “siete años de encuentros y más de 30 horas de conversaciones” con Sergio, Marianella y su familia, a manera también de investigación, para escribir esta novela.

“Este libro nació en esas conversaciones en las que esencialmente yo les pedía, primero a Sergio y luego a su hermana, luego a testigos de sus vidas, que se sentaran frente a mí a recordar; y ese ejercicio de memoria a mí me parece apasionante, sobre todo en este caso donde ellos han dedicado muchos esfuerzos a lo largo de su vida a no recordar, a olvidar estos hechos porque son incómodos, porque son duros, difíciles, porque dejaron cicatrices”.

En cualquier caso, el autor agradeció a la familia Cabrera: “Después de una vida de querer olvidar, acceden a sentarse conmigo para recordar, para hacer uso de su memoria y entregarme esta historia, y eso a mí me parece muy elogiable, me parece de un valor personal inmenso. Y haber tenido el honor de que me hayan dado este regalo, el regalo de su memoria, es una cosa muy importante para mí”.

¿Cuál es tu papel como novelista en el lenguaje de la ficción para recrear esta historia desde la memoria de los entrevistados?

“Lo que yo intentaba hacer es usar el lenguaje de la ficción, que es un lenguaje que trabaja de una manera muy particular metiéndose en el alma de los personajes, escudriñando sus emociones. He intentado usarlo para interpretar una vida ajena, que es la vida de Sergio, la vida de su hermana Marianella, la vida de su familia.

“Esa interpretación requiere una imaginación, que es la imaginación del novelista, que implica el esfuerzo de empatía por meterme en la piel, en las emociones, en la moralidad, en la conciencia de una persona que no soy yo, y que es lo mismo que hizo Dostoievski con Raskolnikov, García Márquez con Juvenal Urbino, o Virginia Woolf con ‘La señora Dalloway’”.

Sintetizó: “Ese esfuerzo por meterse en la piel de alguien que no es el novelista, es lo mismo que yo he hecho con mi personaje. El hecho de que mi personaje exista en la realidad ni quita ni pone, es el mismo esfuerzo de imaginación que yo llamo moral, y que es el territorio de la novela”.

 

UNA HISTORIA PARTICULARMENTE UNIVERSAL

Mientras transcurre la vida personal de Sergio Cabrera y de su familia, Juan Gabriel Vásquez cuenta también la historia particular de Colombia y el mundo en general, el capitalismo versus el comunismo, la Guerra Fría en el Siglo XX. “… el país se había instalado con pies firmes en la Guerra Fría. En el ambiente flotaba el miedo a la amenaza roja”, se lee en alguna parte de la novela.

¿Cómo concibes esta idea de que una historia privada o personal puede reflejar también la historia de un país, de una época y del mundo?

“Eso es lo que he hecho con todas mis novelas y esa es una de las cosas que mejor hacen las novelas, es lo que ocurre en ‘Guerra y paz’ de Tolstoi, cuenta el destino de un puñado de personajes que son padres e hijos, maridos y esposas, aman y tienen enfermedades, tienen celos, tienen deudas, pagan las deudas o no las pagan, se enferman y se mueren. Esos sucesos que pertenecen a la vida íntima le sirven a Tolstoi para reconstruir un mundo, que es el mundo público, el histórico, el mundo político de las guerras napoleónicas, de una manera que la historia no pueden contarlo.

“A mí lo que me interesa de la novela, cuando se ocupa de la historia, es su capacidad para contar lo que la historia no cuenta, que es las vidas privadas y lo que pasa al interior de las personas cuando son sometidas a las fuerzas públicas de la historia de la política. Eso es lo que yo he intentado hacer en este libro y es lo mismo que he intentado en los anteriores también”, enfatizó el autor colombiano.

Foto: Cortesía Fundación UdG-Paula Islas

 

LA FICCIÓN EN LA HISTORIA

Hacia el final de la entrevista para ZETA, se le planteó al novelista que la historia oficial se transmite de generación en generación, misma que puede ser cierta o no, para hacerle la pregunta de rigor:

¿Cuál es la función de la novela o el papel de la ficción al recrear la historia?

“Un poeta alemán, Novalis (1772-1801), decía: ‘La novela nace de las fallas de la historia o de las carencias de la historia’. Esto quiere decir que la novela tiene la capacidad, y para mí el deber, cuando se trata de contar la historia, de meterse en todos esos lugares a donde la historia o la historiografía no pueden llegar, porque no hay las pruebas, porque no hay los documentos, porque ningún historiador, por bueno que sea, puede contar lo que hay en el alma de un personaje que vivió en 1850 o en 1950, eso le corresponde a la novela; ahí es donde la novela puede entrar para decir algo. Es un poder inmenso, porque sin eso nuestra comprensión del pasado está incompleto”, advirtió Vásquez para posteriormente argumentar un poco más sobre un tema apasionante:

“Yo creo que sin la ficción nuestra comprensión de cualquier momento pasado está incompleta. El pasado tiene una característica sobre todo muy curiosa, que es ser completamente inaccesible a nuestro conocimiento, excepto a través de las historias que contamos. La única manera de que accedamos al pasado, que determina nuestro momento presente, es contar historias; y eso es lo que hacen los historiadores y el periodismo también. Pero hay una parte de ese pasado que, si no contáramos con la novela, con la ficción, con la escritura de imaginación, quedaría a oscuras.

“Cómo se sentía realmente un hombre en las guerras napoleónicas, eso no nos lo pueden contar los mejores libros de historia sobre las guerras napoleónicas, nos lo cuenta ‘Guerra y paz’ de Tolstoi. Las novelas, la ficción, la escritura de imaginación, llega a lugares de nuestra experiencia pasada que son inaccesibles para los demás géneros con que contamos para contar el mundo. Yo creo que sin la ficción hay partes de lo que somos que quedarían incompletas, frustradas, castradas, y nuestro conocimiento sería imperfecto”, arguyó.

Así llegó la sentencia de Juan Gabriel Vásquez en el diálogo con este Semanario: “Para mí la novela produce conocimiento, la novela nos entrega ciertas informaciones sin las cuales nuestra comprensión de lo que fuimos como seres humanos es incompleta. Ese conocimiento es un conocimiento ambiguo, es un conocimiento irónico que probablemente da más preguntas que respuestas, pero es un conocimiento sin el cual nuestra comprensión de lo que nos ha pasado colectivamente como sociedades, lo que somos como individuos y lo que nos ha pasado como sociedades, queda incompleto. En ese sentido, me parece a mí que la novela es indispensable”.

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