Democracia política, social, económica (Tercera parte)

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Opinionez lunes, 5 julio, 2021 12:00 PM

¿La mayoría de los mexicanos decidieron en los últimos comicios o fueron las minorías debido al abstencionismo?

La primera y segunda parte analizamos el surgimiento de democracia, las diferencias entre democracia política, social y económica, que democracia política es condición de democracia social y económica, por complementarias, y ésta es auténtica democracia; además, que a falta de democracia política, difícilmente existirían las otras. Que a partir del significado de democracia: “poder popular” deben ser regímenes políticos en donde el pueblo manda.

Preguntándonos entonces: ¿Quién es el pueblo?, ¿cómo atribuir poder al pueblo?  ¿El pueblo es singular o plural?, ¿únicamente ciudadanos o todos los habitantes? ¿Quién vota, los ciudadanos y residentes?, ¿están comprendidos, en el concepto “todos”  los menores, incapaces y los suspendidos en derechos políticos y civiles?

Sartori en su obra ¿Qué es la democracia? argumenta que “todos” no son todos en realidad, sobreentendiéndose que menores, incapaces y quien no goce calidad de ciudadano no integrará el grupo legitimado, eligiendo gobernantes; que “todos” serán menos que los literalmente “todos”, y éstos nunca conformarían democracia como tal, siendo invalido ajustar pueblo al proletariado, pues se estaría excluyendo a quien no forme parte. Y si bien es cierto que pueblo, entendido como sector de ciudadanos, excluye a quienes por razones específicas y temporales no gozan de esa categoría, sería lo más cercano al concepto “todos”, aunque reconociendo -nuevamente- que “todos” nunca serán “todos”.

En el campo de los hechos, actualmente es difícil establecer quién es o no pobre, trabajador o no, proletario o no. Las sociedades contemporáneas avanzadas no tienen una configuración piramidal; la estructura social industrial es más cercana a una figura hexagonal, con una gruesa panza a la mitad de su altura: es decir, los pobres y los proletariados son los menos, el mayor número se da por los llamados cuellos blancos y por las clases medias o intermedias.

De acuerdo a lo anterior,  importante entender que elegir es una cosa y decidir es otra. El ámbito de decisión es más extenso que el de elección, por ende el pueblo que decide con base al principio de mayorías absolutas, por lo general es un cuerpo que representa al pueblo y refleja a la mayoría que lo elige. Así el pueblo contabilizado por dicho principio se divide en una mayoría que toma todo y una minoría que pierde todo, esto último inaceptable.

De ahí lo observado por Kelsen (1966): “aquel que vota con la mayoría no está ya sometido únicamente a su voluntad. Ello lo advierte cuando cambia de opinión. Si las minorías no son tuteladas, se cae en la hipótesis de encontrar una mayoría a favor de la nueva opinión, porque quien pasa de la opinión en mayoría a la minoría caería instantáneamente en el número de aquellos que no tienen derecho de hacer valer su propia opinión”.

En democracia se debe partir de la base de que se permita el disenso, debido a que al confiar el gobierno a la mayoría, tutelan el derecho de hacerle la oposición, partiendo de la base de que el ciudadano es libre no solo en el momento en que vota, sino siempre, porque puede en cualquier momento pasar de la opinión de las mayorías a la opinión de las minoría. Ante dicho ejercicio es que radica el ejercicio continuo y durable de la libertad (Rousseau).

Así fue que Lord Acton (1955) escribió: “La prueba más segura para juzgar si un país es verdaderamente libre, es el quantum de seguridad de la que gozan las minorías”; por su parte, Ferrero (1947) afirmaba que, “en las democracias la oposición es un órgano de la soberanía popular tan vital como el gobierno; cancelar la oposición significa cancelar la soberanía del pueblo”.

En México decidimos los comicios la totalidad de los mexicanos por el mecanismo del sufragio en las urnas, a través del cual los que votan se convierten en mayoría, al salir al encuentro del ejercicio de nuestro derecho a elegir -directamente-; aunque los que no votan supere en número a aquellos que lo ejercen, convirtiéndose el abstencionismo en minoría al aceptar la voluntad de las mayorías votantes.

Por ello: ¡El pueblo de México es democráticamente libre, a través del sufragio efectivo -directo o indirecto- y la no reelección!

 

La abogada María de Lourdes Molina Morales es catedrática en Derecho y jueza del Juzgado Décimo Civil de Tijuana.

Correo: molina.morales@msn.com

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