Año del coronavirus

Cartaz lunes, 11 enero, 2021 12:00 PM

Así como yo me encuentro

se encuentra la sociedad;

mucho chisme, no es verdad

que sea tanta la mortandad.

 

Se olvidaron los cárteles

ya no hay muertos ni balazos,

no hay besos, ya no hay abrazos

ni relajo en los burdeles.

 

Y aquí me tienen sumido

como rata en su agujero

sin recibir al viajero

de miedo al coronavirus.

 

Traigo cubierta la cara

como cualquier delincuente;

así convive la gente

sin cruzar una palabra.

 

Si lo miro, es de reojo,

no quiero ni platicarle;

que no vaya a contagiarme

o me pegue el mal de ojo.

 

Esta historia ya famosa

invadió toda la tierra;

no se mira, pero aterra,

es pandemia desastrosa.

 

Que dicen que la inventaron

unos malvados cristianos

por activad a malsanos

negocios que fracasaron.

 

Que el petróleo está bajando,

que los árabes tan locos;

y por si fuera poco,

México nomás milando.

 

Ya basta de conjeturas,

de diatribas y coloquios;

vamos a volvernos locos

confinados a la holgura.

 

La ciudad está desierta,

no hay ni un perro que te ladre,

no hay carro que pite y ande,

es ciudad casi ya muerta.

 

Todos están encerrados

a la voz de naiden salga,

so pena que a vos les caiga

la chota y muchos soldados.

 

Un pueblo pa’ qué lo quieren

si respira soledad,

¿qué trama la autoridad

que no dicen los que mueren?

 

Por ocho tú multiplica

la cantidad de enfermos;

te dará cuántos muertitos,

Pitágoras certifica.

 

¿A quién le voy a creer?

¿Qué está pasando en el mundo?

¿Por qué a este virus inmundo

no se le puede vencer?

 

Un microscopio agente

que provoca enfermedades,

reside en profundidades

de la sangre del paciente.

 

Está progresando el comercio

con esta estrategia viral;

el patrón, que es un vival,

de ganancias trae buen tercio.

 

Yo preguntando a no sé quién

a estas horas quién es

el mero-mero del mes

que al toro toree muy bien.

 

Alberto Torres B.

Tijuana, B.C.

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