La historia del ajo en la obra de Franco Méndez Calvillo

Fotos: Alejandro Gutiérrez
 
Cultura lunes, 18 marzo, 2019 12:15 PM

En “Allium sativium. Re-cuento”, que se exhibe en la Galería de la Ciudad, el artista muestra el proceso de creación de la serie “Allium sativium. Reflejos de una mordida”, de 1998, en torno al ajo. “Es la historia, la memoria y el recuerdo, una exposición de lo que hay detrás de ‘Allium sativium”, expresó a ZETA

Un día de octubre de 1997, el doctor Jorge Barroso le presentó en Tijuana a Sheldon Hendler al también médico Franco Méndez Calvillo. Por ese entonces, Hendler estaba por publicar un artículo científico sobre el ajo (allium sativium) en el lanzamiento de la revista Journal of Medicinal Food en Nueva York, pero le faltaba la portada de la edición.

Entonces, cuando Sheldon Hendler se enteró que Franco Méndez Calvillo había dejado la medicina para dedicarse definitivamente a la pintura, no dudó en invitarlo a crear la imagen principal del número uno de la revista.

“El doctor Hendler me invitó para que hiciera yo la portada de Journal of Medicinal Food, una revista que se iba a editar en Nueva York a nivel internacional, cuyo artículo principal en el primer número era el ajo; de ahí yo tenía que hacer una pintura”, relató a ZETA Méndez Calvillo.

Fue así como investigó todo sobre el ajo, no sólo como uno de los tubérculos preferidos en gastronomía, sino también por sus propiedades medicinales, su protagonismo en la literatura o en el cine, sin descartar las creencias populares que relacionan al ajo con los vampiros; incluso recordó que hasta cultivó algunos ejemplares en su jardín.

Total que Franco Méndez Calvillo terminó a tiempo no sólo su indagación sobre el aromático bulbo, sino su propuesta plástica titulada “Allium sativium” (acrílico sobre tela, 90×90 centímetros), misma que presentó a Sheldon Hendler, quien definitivamente utilizó la imagen para la portada inaugural de la revista Journal of Medicinal Food en la primavera de 1998.

 

EL AJO Y LOS VAMPIROS, 21 AÑOS DESPUÉS

Cuando Journal of Medicinal Food publicó en su portada la pintura, Franco Méndez Calvillo continuó creando diversas obras, pero ya sin el compromiso de entregarlas para la revista. Un día de 1998 Sheldon Hendler visitó La Jolla, California, y su sorpresa fue que Franco Méndez Calvillo tenía varias obras con el ajo como protagonista:

“En la revista Journal of Medicinal Food nada más querían un cuadro, pero yo terminé haciendo toda una exposición. Cuando vinieron de Nueva York vieron que tenía yo muchos cuadros, les gustaron; entonces fueron como diez portadas del ajo en las que participé en la revista Journal of Medicinal Food”, contó a ZETA Méndez Calvillo.

En total, 16 obras integraron la serie sobre el ajo titulada “Allium sativium. Reflejos de una mordida”, misma que su autor exhibió en 1998 en la Sala Central de Exposiciones del Centro Cultural Tijuana (CECUT), entre ellas, por ejemplo, los acrílicos sobre tela “La luz” (200×177 cm), “La gran mordida” (100×100 cm) y “La mordida” (172×172 cm).

21 años después, Franco Méndez Calvillo exhibe “Allium sativium. Re-cuento” en la Galería de la Ciudad, no la serie completa (pues algunas obras fueron vendidas), sino algunas piezas de aquella colección, como “El tatuado” (200×150 cm), “El tatuaje” (200×177 cm), “La luz” (177×177 cm) o “El asalto” (200×178 cm), incluso estas tres últimas reflejan la época violenta en Tijuana.

Precisamente en la exposición en la Galería de la Ciudad, Franco Méndez Calvillo muestra la historia, la memoria y el recuerdo de la exhibición de 1998.

“En esta ocasión estoy presentando gran parte del material en el que me basé para hacer la primera exposición en 1998, aparte de que estoy presentando una serie de documentos en los que yo me basé para hacer la exposición”, refirió Méndez Calvillo en un recorrido por “Allium sativium. Re-cuento”, mientras revelaba algunos detalles de los acrílicos, esculturas de alambre, cerámica, fotografía, dibujo y revistas.

¿Por qué es importante mostrar el proceso que dio origen a las pinturas de “Allium sativium”?, cuestionó ZETA.

“El proceso se me hace a veces más interesante que el mismo producto. Por ejemplo, la biografía de un famoso, lo conocemos famoso, pero te empiezan a contar desde que nació, sus padres, sus problemas, su educación, todo; entonces ése es el proceso para formar a un personaje. En este caso, el proceso de investigación que yo hice para poder hacer la exposición”.

En los acrílicos de “Allium sativium. Re-cuento” destacan figuras humanas grotescas con un ajo en la boca, y en el último plano de las piezas, resalta el color negro con algunos contrastes de rojo.

“Una de las cosas con las que yo relacioné el ajo fue con los vampiros; dicen que el ajo aleja a los vampiros. Todos los personajes de hace veinte años que tienen un ajo en la boca han sido mordidos por vampiros, entonces, eso del vampiro y el ajo me llevó a usar el color negro, más oscuro, más tenebroso”, concluyó Franco Méndez Calvillo.

 

REFLEXIONAN SOBRE LA OBRA DE MÉNDEZ CALVILLO

Dos autores participan con sendos textos en torno a la obra de Franco Méndez Calvillo. Primero, el historiador Ramiro Jaimes, quien expresa en un texto que acompaña a la exhibición “Allium sativium. Re-cuento”:

“Joel Candau divide la memoria en tres categorías: la de bajo nivel, que es la reconstrucción de la experiencia inmediata; la de alto nivel, que es una recuperación consciente o involuntaria de recuerdos pasados, y la metamemoria, que es una representación que cada individuo hace de su propia memoria en forma narrativa. Historiadores como Michel De Certeau dejaron claro que toda recuperación del pasado parte invariablemente desde el presente. Esto aplica tanto al oficio de historiar como a cualquier persona que invoca un recuerdo. Según Baddeley, el presente se proporciona un pasado al recordar. En suma, la memoria es una reconstrucción que se re-actualiza constantemente y no una copia idéntica de lo acontecido”.

Tras las premisas, Ramiro Jaimes infiere: “Por lo tanto, Franco Méndez nos convoca a una exposición que podría ubicarse en la segunda y tercera categorías de Candau. Se trata de una recuperación de ‘Allium Sativum’ que fue montada por primera vez en 1998. Según Felipe Ehrenberg, que elaboró un pequeño ensayo sobre dicha ocasión, la apreciación del arte no puede prescindir de la trayectoria del artista ni del contexto de su producción, por lo que en el presente recuento no podrían dejarse de lado otros acontecimientos y personajes involucrados”.

Asimismo, Marisol González comparte en la exhibición de Méndez Calvillo, primero a manera de cuestionamiento: “¿Por qué un pintor prolífico, que guarda en su bodega series completas, recupera una colección que habíamos visto hace 20 años? ¿Es un pretexto para plantearse el porqué de su oficio de pintor, o redefinir qué significa para él el arte?”.

Luego rememora precisamente la historia e investigación llevada a cabo por el artista: “Hace 20 años, Franco hizo una investigación exhaustiva. Sembró ajo, hizo salsas, confeccionó papel, averiguó las propiedades del ajo, usos medicinales, uso contra vampiros, etc., y reunió dos de sus pasiones, medicina y pintura, en una exposición sobre el ajo. De este ejercicio, Franco descubre la pintura como oficio, obsesión, forma de vida, incluso me atrevería a pensar que como razón de existir”.

Concluye Marisol González, dos décadas después, a propósito de “Allium sativium. Re-cuento”: “Hoy nos muestra parte de esa investigación. Creo que para mostrar cómo la forma en que planteamos nuestros recuerdos puede reinventar nuestra historia, de hacer que nuestra memoria tome caminos diferentes, y nos permite modificar la manera en que consideramos nuestra vida a partir del momento que estamos recordando. Ésta es una exposición en la que Franco utiliza la pintura como herramienta para reinventar sus recuerdos, para reprogramar su memoria, tal vez incluso para rehacer su historia”.

 

EHRENBERG SOBRE MÉNDEZ CALVILLO: “UNA PROPUESTA PLÁSTICA ÚNICA, PODEROSA”

Entre las blancas paredes de la Galería de la Ciudad, también se exhibe el manuscrito “Tahitijuana: La zona franca de Franco Méndez Calvillo”, del artista Felipe Ehrenberg, escrito en cuatro hojas color canario del block de notas:

“No es sólo el hecho de trocar una vida por otra lo que le confiere grandeza al artista. Es la obra, compleja, panorámica, lo que revela a fin de cuentas la dimensión de su decisión; es el trabajo -dibujos, pinturas, objetos, textos-, lo que en realidad ilumina los parajes del pensamiento que explora Méndez Calvillo.

“Nada anula nada. Aunque abandonemos una práctica por otra, todos los pasos que damos en la vida nos sirven para caminar con mayor seguridad. La práctica de la medicina, como en el caso de Méndez Calvillo, exige muchísima disciplina y una dosis de intuición. Estos atributos son muy similares a los que requiere el ejercicio del arte. Empero, mientras que en la medicina la disciplina le impone con demasiada frecuencia severas limitaciones a la intuición, en el arte lo primero sirve precisamente para privilegiar lo segundo. Esta verdad es evidente en toda la obra que producen las manos de Méndez Calvillo”, advierte Felipe Ehrenberg (Ciudad de México, 1943- Morelos, 2017).

En alguna parte del texto, Ehrenberg hace alusión a “Allium sativium. Reflejos de una mordida”:

“Las piezas que conforman la colección que el artista intitula ‘Allium sativium. Reflejos de una mordida’ constituyen una propuesta mayor, una tesis de profundo significado con la que el artista busca respuestas a los tiempos que vivimos en la actualidad. Se trata de una compleja visión en la que Méndez Calvillo recurre al modesto ajo (allium sativium) como metáfora de protección. Irónica, erótica y cargada de humor, la colección de cuadros, dibujos y objetos varios que nos ofrece, nos invita a un recorrido laberíntico en la milenaria historia del ajo, ese bulbo ubicuo presente en la religión, la superstición, la gastronomía, la literatura y ahora, claro, la plástica”.

Concluyó Ehrenberg su texto firmado el 30 de mayo de 1998, en el hotel Villa de Zaragoza:

“Franco Méndez Calvillo, antaño un médico respetado, hogaño un artista de enorme madurez, había llegado a la mitad de su vida al cruce de caminos. Mientras que la mayoría, luego de una faena de años, optamos por jubilarnos y quizá languidecer sin mayor provecho hasta morir, este artista de Tijuana es un hombre que se libera para rejuvenecer. En el proceso ha venido estableciendo las bases de una propuesta plástica única, poderosa, vital e inédita en el enorme territorio de las imágenes. Su obra es capaz de transformar una ciudad plurinivelada, turbulenta, en ocasiones conflictiva, a la vez que hospitalaria, en un sitio fascinante: en Tahitijuana”.

 

CUANDO CAMBIÓ BISTURÍ POR PINCEL

Aunque su madre y hermanos se establecieron en Tijuana en 1963, Franco Méndez Calvillo (San Luis Potosí, 29 de septiembre de 1947) llegó a Tijuana en 1972, después de graduarse de la Escuela de Medicina en su ciudad natal.

Mientras ejercía su profesión en algunos nosocomios fronterizos, cursó algunos talleres de piano, psicología, literatura y pintura.

“Una vez comencé a tomar unos cursos de pintura con el maestro Juan Zúñiga, hace como 30 años. Me metí a la Casa de la Cultura, estuve seis meses”, rememoró.

Transcurría entonces la década de los 80, específicamente entre 1986 y 1988, cuando Méndez Calvillo fue atraído cada vez más por el pincel:

“La Universidad Iberoamericana comenzó a traer maestros de arte; en aquel tiempo la Iberoamericana estaba enfrente de los campos de golf. Entonces vinieron varios maestros, pero eran cursos para aficionados, de treses meses; ahí estudió César Hayashi, Marisol González, de los cuales nos dedicamos más Hayashi y yo”.

A finales de los 80 y principios de los 90, Méndez Calvillo profesionalizó su vocación por la plástica con el maestro Luis Moret (1929-2009), artista español que radicó en Tijuana entre 1988 y 1994.

“En ese tiempo comienzo a pintar. Llega aquí Luis Moret, que me hice amigo de él; a través de él conocí a Enrique Ciapara y nos comenzamos a reunir a tomar café y a la plática; Enrique Ciapara ya estaba en la pintura desde muy chico y a César Hayashi y a mí nos gustaba Luis Moret y comenzamos a platicar, y, de repente, yo sentí que me había interesado de más; era como 1988, 1989”, compartió con este Semanario.

Luego de participar en algunas colectivas, en 1993 expuso su primera individual,  titulada “De rompe y rasga”, en el Centro Cultural Tijuana (CECUT); cambiar el bisturí por el pincel ya estaba decidido:

“En el 96, decidí, como una locura, que iba a dejar la medicina, y la dejé, así, de repente”, y recordó también que en 1998 expuso precisamente por primera vez “Allium sativium. Reflejos de una mordida” en el CECUT.

¿Qué le ha dado la medicina a su trayectoria como artista?, se le cuestionó a Méndez Calvillo.

“Pues el conocimiento de la anatomía para dibujar, y cuando uno hace esos dibujos de ‘Allium sativium’ que son más expresionistas, donde los cuerpos no son exactamente como debieran ser, el conocerlos anatómicamente bien, le es más fácil a uno descomponerlos.

“Cada persona le da una lectura diferente. Eso quiere decir que la obra que uno hace tiene la capacidad de diversificar el discurso, algunos se quedarán con el ajo, algunos otros con la agresividad que se ve en los tigres saltando, ese muerto acá, otro muerto allá, esas caras grotescas, sí”, concluyó, al tiempo que agradeció a todos los involucrados en la exhibición “Allium sativium. Re-cuento”, entre ellos Roberto Hinestrosa, Marisol González, Ramiro Jaimes, Alberto Melena y Alfonso Lorenzana; a Haydé Zavala, directora del Instituto Municipal de Arte y Cultura, por la invitación; así como al equipo de la Coordinación de Galerías: Guillermo García, Graciela Mendoza y Arturo Olivas, además del equipo de museógrafos del Museo de Historia de Tijuana.

“Allium sativium” estará en exposición durante marzo y abril, en horario de 10:00 am a 6:00 pm de lunes a domingo, en la Galería de la Ciudad, ubicada en el Antiguo Palacio Municipal, en Calle Segunda esquina con Constitución, Zona Centro de Tijuana.

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