Predecibles y abusivos


 
Sortilegioz Lunes, 11 Diciembre, 2017 12:00 PM

En los destapes de los partidos políticos para la candidatura a la Presidencia de la República para las elecciones de julio de 2018, no hubo ni una sorpresa, ni un sobresalto, mucho menos misterio. Sin excepción, en todos el dedazo fue previsible. Hasta en eso los partidos se han quedado en el pasado, sin cambios en la era del cacicazgo político.

Para empezar, en Movimiento de Regeneración Nacional era obvio que tras su salida de las filas del Partido de la Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador sería el candidato. De hecho “El Peje” se construyó un partido para asegurar una candidatura y un proyecto de nación que no llevase más ideología que la suya. También ya estaba escrito que su aliado incondicional, el Partido del Trabajo, se la jugaría electoralmente con él. No hubo pues, sorpresa para la tercera candidatura que AMLO encabezará en su búsqueda por la Presidencia de la República.

En el Partido Revolucionario Institucional estuvieron peor. Ni siquiera dejaron al Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, ejercer su derecho al dedazo. Hasta en eso perdió el Ejecutivo y se vio retrasado ante su colaborador y amigo, Luis Videgaray Caso, quien cinco días antes del 27 de noviembre, destapó en la Secretaría de Relaciones Exteriores que encabeza, a José Antonio Meade Kuribreña como candidato del PRI a la Presidencia de la República, sin decirlo con todas sus palabras.

Además, desde semanas atrás y luego que Meade pasó prácticamente todo el año haciendo campaña desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, develando placas, inaugurando obra, llevando agua a los marginados, colgándose collares de flores, sarapes, quitándose la corbata y dedicándole más tiempo a la oficiosa gira del ornato que a sacar adelante las finanzas del país, los priistas y los colaboradores del Presidente ya daban por hecho que Meade sería el candidato del tricolor, con todo y que “niega” una militancia activa en ese partido.

Apocado por sus colaboradores, Peña Nieto todavía pataleó el 24 de noviembre, cuando dijo que todos andaban muy “despistados”, al asumir que José Antonio Meade era el candidato por el destape de Videgaray. Y que esa no sería la forma en que el PRI designaría a su candidato. Claro que a los tres días se comería sus palabras en un amargo trago político, cuando salió en cadena nacional a aceptarle la renuncia a su titular de Hacienda y confirmar lo que había dicho que no, y Videgaray que sí: que Meade sí era el candidato. Puff.

En el Partido de la Revolución Democrática no había más gallo que Miguel Ángel Mancera, el aún jefe del Gobierno de la Ciudad de México. Y no precisamente porque Mancera fuese el mejor, sino simplemente ¡porque no hay más! El desgaste que ha avasallado a las tribus del PRD se ha llevado entre el desprestigio a las cabezas de los grupos, mientras que los gobernadores emanados de ese partido, Graco Ramírez y Silvano Aureoles, no fueron capaces de cosechar adeptos, ni votos, ni simpatías al interior de ese partido. Particularmente mal quedó Graco tras la rapiña oficial en que se convirtió la entrega de donativos a los damnificados tras los sismos en Morelos.

Alejandra Barrales, la todavía dirigente del PRD, que debido a una resolución de tribunales debe dejar esa posición, no logró con su adhesión al Frente por México, de la mano del Partido Acción Nacional y de Movimiento Ciudadano, permear entre los perredistas aquel acuerdo unilateral que el candidato de esa coalición para la Presidencia de la República, debe ser un panista.

Lo mismo sucedió en Acción Nacional. Empecinado su dirigente Ricardo Anaya en ser él el abanderado panista, y por lo tanto del Frente, para la Presidencia de la República, no solo está perdiendo el partido, sino a los aliados. La primera en salir de la burbuja azul (por cierto, el PAN está en tercer lugar como fuerza política nacional, detrás del PRI y de Morena) fue Margarita Zavala, aspirante a la candidatura y enemiga política de Anaya. Lo hizo para buscar la candidatura independiente, pero en la recolección de firmas, se está desinflando electoralmente.

Los panistas tradicionales se sienten utilizados por Anaya, quien desde la dirigencia construye su candidatura, y los panistas oportunistas se decantan por el candidato del PRI en lugar de cualquiera que resulte del Partido Acción Nacional. En una de esas Anaya será capaz de perder el partido y el gobierno, lo que anticipó el ex Presidente Felipe Calderón, había que tener cuidado que no suceda.

De persistir la aspiración de Ricardo Anaya y el imponerse a costa de lo que sea, aun cuando al interior del partido deba medir fuerzas con otros dos suspirantes, Luis Ernesto Derbez y Juan Carlos Romero Hicks, y de persistir la idea del Frente por México, en caso de resultar ganador al interior del PAN, Anaya deberá enfrentarse en una contienda ante Miguel Ángel Mancera, la propuesta del PRD, ya que Ricardo cuenta con el apoyo “invaluable” de Movimiento Ciudadano y su líder, Dante Delgado.

El resto de los partiditos andan en busca de aliados, el PVEM, Panal, PES, buscan en el PRI, en el PAN o en Morena, según sea el caso y las candidaturas que les den a cambio, un aliado seguro para seguir viviendo del erario, mamando del presupuesto y ganando espacios de representación, lista y acomodos en gabinetes en los estados y en el Gobierno de la República de quien sea que gane.

Así las cosas, en los partidos resultaron de lo más previsibles y abusivos al tener cantados a sus gallos, pero aguantar hasta el último momento para darlos a conocer, con lo que lograron que hicieran campaña desde los espacios de gobierno o de partido en el que se encontraban antes de descararse como los tapados lógicos.

La democracia en México está encarnada por gandallas del sistema. A ver hasta cuándo el voto lo permite.

 

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