Con un marcado filopartidismo y rodeada de decisiones polémicas, la magistrada Mónica Soto, presentó su renuncia a la Sala Superior del Tribunal Electoral. Al menos sus últimos tres años de función jurisdiccional estuvieron marcados por una tendencia al partido en el poder y cargar resoluciones a favor de las cúpulas partidistas. Lo técnico fue arrollado por la agenda personal
El relevo en la presidencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ahora en manos del ministro Gilberto Bátiz, es tímido frente a los problemas heredados por la ministra Mónica Soto. Durante seis años, el tribunal se dividió, una parte se replegó con el poder y se convirtió en un apéndice de las cúpulas partidistas; la otra parte fue segregada.
Desde su arribo a la presidencia del Instituto Nacional Electoral, ha intentado nombrar a personas cercanas a ella en diversos cargos en el órgano constitucional autónomo, pero no lo ha logrado