Cuando empecé a abrir negocios en La Paz, Baja California Sur, lógicamente busqué crear un equipo con quien trabajar y conocí a dos contadores que eran hermanos entre ellos y a su vez del gobernador de su estado. Uno lo nombré gerente de las tiendas que teníamos, el otro fue mi contador general. Uno, René, era amable, simpático y resolvía todos los problemas; el otro, Agustín, eficiente y buen amigo.