Filmada en Tijuana, Rosarito y el Valle de Guadalupe, la producción de Lorena Villarreal incorporó talento local frente y detrás de cámaras, generó más de 100 contrataciones y una derrama económica de 880 mil dólares, abonando a las oportunidades de la industria cinematográfica desde la región.
Tras su estreno nacional, la cineasta mexicana presentó su nueva cinta en alfombra morada en esta frontera, con presencia de talento actoral y de producción de la región.