Hace una semana, los musulmanes de todo el mundo celebraron el Eid al-Fitr el domingo 30 de marzo. Millones lo celebraron con ropa elegante, hogares decorados y postres dulces, como marca la tradición islámica. Pero en Gaza, el Eid transcurrió bajo el peso de un inmenso dolor.
Hace un año, un artero ataque de Hamás desencadenó una serie de acontecimientos que han cambiado el panorama político del Medio Oriente cuyas repercusiones aún no terminan.
Hicieron bien, pararon el mal con bien. Ya estarán con nosotros los rehenes. Los cuidaremos con amor, los reconstruiremos en pedacitos, les devolveremos la vida, ya lo hemos hecho antes, muchas veces.
Es increíble que en el curso de poco más de un año, las cosas estén encontrando otro cariz más tranquilo para Israel, Estados Unidos, Egipto y sus adláteres. La historia no se ha terminado, los acontecimientos se suceden, la presencia de Trump acelera y desconcierta los enredos y desenredos del Medio Oriente.
Los grupos extremistas dirigidos y pagados por Irán, diseñados para rodear a Israel y que fueron extraordinariamente bien entrenados en dos áreas: el fanatismo y la capacidad bélica, planearon un ataque simultáneo a Israel desde todos los puntos cardinales.
El Estado judío-sionista de Israel no es ningún socio del imperialismo norteamericano. El régimen israelí es un feroz gorila atento a los dictados de sus amos yankees.
En las postrimerías de 1890, se desata en Francia una terrible persecución contra los judíos, causada por la falsa culpabilidad del militar judío Alfred Dreyfus, que aparecía como espía de Alemania en el ejército francófono.
La derecha en México tiene raíces profundas, pero se han tratado de enterrar como los cementerios clandestinos de grupos paramilitares que operan en varios Estados, patrocinados por la perversidad de sus padrinos, donde finalmente lavan dinero sucio en banca, industria, comercio e iglesias.
El gobierno supremacista y racista de Israel mantiene la mentira del “derecho a la venganza” por los hechos del 7 de octubre de 2024, y la creencia de ser el “pueblo elegido”.
Revisando el origen del Partido Acción Nacional, en una investigación de Rafael Barajas podemos entender la ultra radical oposición del ahora “adalid de la democracia”, aliado a su “enemigo histórico”, el Partido “Revolucionario” Institucional, con el náufrago PRD.