Auspiciamos no más guerras, pues la violencia desatada con los drones, los proyectiles, las bombas atómicas, los láser y demás instrumentos de muerte van alcanzando un poder aterrador que aparte de asustar, amenaza el futuro mismo de la humanidad. Así pues, ¡viva la democracia!
Cuando entramos al siglo XXI yo tenía la esperanza de que hubiéramos dejado atrás los enormes crímenes y catástrofes que se vivieron en el siglo XX; por ejemplo, las dos guerras mundiales (10 millones de muertos en la primera y entre 40 y 50 millones de muertes en la segunda).