Lo que Washington y Tel Aviv no terminan de comprender es algo que los iraníes conocen por experiencia propia: la memoria histórica pesa más que cualquier cálculo geopolítico superficial. Irán no es un Estado creado artificialmente sobre un mapa colonial, como sí ocurrió con Irak o con varias naciones africanas. Es una civilización con miles de años de continuidad histórica, donde la diversidad étnica ha sido la norma y no la excepción.