Priestly sigue siendo toda ego, con su estilo chic y desdén cómico; Andy ya es una periodista premiada; Emily toda una ejecutiva; y Nigel sigue siendo fiel a Runway, la prestigiosa revista que parece agonizar con menos anunciantes clave, como Dior, pero que al final ejemplifica por qué la IA y la automatización nunca superarán el ingenio humano.