“Solo hay dos maneras de vivir la vida. Una es como si nada fuera un milagro. La otra es como si todo fuera un milagro”. Actuar ante el asombro de la vida misma, es un milagro
Agosto de 1946. Mis padres, mi hermano y yo llegamos de la Ciudad de México a Tijuana por ferrocarril en un tórrido verano. El viaje dura cinco días, y en el último se echa a perder la comida que traíamos para el recorrido y simplemente ayunamos.