La primera semana de octubre 2026 se intensificó la falla en la prestación de servicios públicos en Baja California, de manera notoria y particular en Tijuana: no hubo energía eléctrica, tampoco distribución de agua. A manera de meme y en broma —pero no—, los ciudadanos se preguntaban por qué les estaban “quitando todo como en Venezuela”.
Lo peor, es que, durante el primer fin de semana del décimo mes, las temperaturas en la zona costa de Baja California fluctuaron entre los 37 y los 40 grados, algo pocas veces registrado. Y en esa alta intensidad de la temperatura, los ciudadanos se quedaron sin luz y sin agua.
Justificando las altas temperaturas, la gobernadora de Baja California, la morenista Marina del Pilar Ávila Olmeda, suspendió clases en todos los niveles, y su ejemplo lo siguieron las universidades y tecnológicos. La realidad es que no se podían impartir clases presenciales precisamente porque no había energía eléctrica, ni agua, no porque hiciera mucho calor.
De estos dieron cuenta empresarios, comerciantes, restauranteros, ciudadanos, que vieron la merma en negocios y en hogares por la falta de energía eléctrica; no funcionaron los refrigeradores, ni los aparatos electrónicos y no había agua para mantener aseadas las áreas de trabajo o desahogados baños y fregaderos. Al inicio de la semana, en la zona de Playas de Tijuana, hartos de padecer tres, cuatro, cinco días sin energía eléctrica, ciudadanos se manifestaron en la instalación de cobro de la CFE, tirándoles comida echada a perder y recibos de energía eléctrica.
Desafortunadamente las interrupciones en los servicios de energía eléctrica y el agua no son privativas de Baja California; suceden a lo largo y ancho del país, y se debe a la falta de mantenimiento de las redes de distribución, como ya se ha puntualizado en otras ocasiones, durante el sexenio pasado, cuando la CFE la encabezó Manuel Bartlett, y fue escaso o nulo lo que se invirtió en el mejoramiento de estas redes. En ciudades como Tijuana, el municipio más poblado de México, se cuentan por miles los postes de luz de madera que datan de los años ochenta o noventa y que son harto sensibles a los elementos, cayendo con una ventisca, como sucedió en Mexicali cuando unos 80 de estos postes colapsaron a finales de septiembre.
Tampoco se ha invertido en transformadores, que, ante la carga de energía que consumen los ciudadanos, explotan como fuegos artificiales al por mayor.
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En las escuelas, escasas tienen aires acondicionados, pero la mayoría no tenían energía eléctrica para funcionar de manera eficiente en la educación, como no contaban con agua para mantener aseadas las áreas de uso común y los baños al servicio de los estudiantes.
En la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana, llegaron a la desfachatez de decir que se realizarían cortes de agua programados por colonias, no porque se reparara alguna avería en las redes de distribución (como suele suceder también de manera frecuente), sino porque la estaban racionando y manteniendo ante la falta de energía eléctrica que les permitiese a sus propias estaciones trabajar de manera adecuada para prestar el servicio.
Mientras, la Comisión Federal de Electricidad se ha negado a responder el porqué de la falla en la prestación del servicio, sólo remitiéndose, de manera tardía, a atender los reportes de interrupciones. No ha habido funcionario que diga cuál ha sido el problema, porque la causa es la misma CFE, que ha dejado de invertir en redes de distribución, lo cual es evidente ante los crecientes apagones, o interrupciones del servicio.

En un intento por justificar la deficiencia del servicio de energía eléctrica, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo justificó: “Apagones son mucho tiempo y significa falta de capacidad de generación. Son interrupciones en el servicio en algunos lugares, producto de las fallas en distribución, más que en generación; es decir, no son suficientes las líneas para distribuir la energía. Entonces, apagones significa que no hay la capacidad de generación suficiente para la demanda y eso no existe (en México)”, sin embargo, los apagones continúan presentándose.
En una réplica a un articulo que daba cuenta de las fallas en el servicio de energía eléctrica, la CFE escribió a la revista Expansión, que “sí incorpora el crecimiento de la demanda eléctrica dentro de la planeación del Sistema Eléctrico Nacional. El Plan de Fortalecimiento y Expansión 2025-2030 contempla una inversión superior a 30,000 millones de dólares en generación, transmisión y distribución, incluyendo 3,994 MW de nueva capacidad firme de CFE y 14,000 MW en esquemas mixtos con almacenamiento de baterías”.
Pero en Baja California no hay quien expliqué por qué cada vez hay más apagones y por más tiempo, a grado que la pérdida en comercios y hogares se cuenta en cientos de miles de pesos. Tampoco ha habido un gobierno local, sea el Ayuntamiento o el Gobierno del Estado, que se haya erigido como un intermediario entre la ciudadanía y el Gobierno de la República, para que de cuentas de las anomalías y lo que se está haciendo para revertirlas.
Ni el alcalde de Tijuana ni la gobernadora de Baja California han acudido al Gobierno de la República, para acordar, saber y notificar la situación que está haciendo que cientos de miles de bajacalifornianos vivan en condiciones inhumanas, sin luz y sin agua, cuando ésta es una situación que no sucedía en el Estado.
Pero nada; no hay gobierno, ni federal, ni estatal ni municipal que se haga responsable y vele por la seguridad en los servicios básicos de los bajacalifornianos, como tampoco existe un gobernante que de la cara e informe de frente de lo que sucede. Y no es politiquería, sino un gobierno que no invierte en la infraestructura para proveer energía eléctrica y agua a los gobernados, y que oculta la razón detrás de tan ineficiente acción.





