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lunes, octubre 26, 2026
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Julieta, más EPN que AMLO

A diferencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que buscaba todos los escenarios para la confrontación de ideas, debates, conferencias y programas, Julieta Ramírez Padilla, utiliza la estrategia de Enrique Peña Nieto: cuidar su imagen y no ser cuestionada

 

Rondaba el año 2005 cuando, en medio del endurecido enfrentamiento entre el PAN-Gobierno y Andrés Manuel López Obrador, con las siglas de PRD, PT y Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano), comenzaba a surgir un nombre en los medios de comunicación, de un joven político priista que representaba la nueva imagen de la vieja política; se ponía en marcha una estrategia para construir un perfil con amplia proyección nacional, que, acompañado de un carisma peculiar, vendía una confianza plena.

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La nueva cara del viejo PRI, que ya se ubicaba en el tercer lugar nacional de las preferencias electorales, era Enrique Peña Nieto, la flamante representación del grupo Atlacomulco y el empresariado tricolor de alto nivel, la mezcla entre la política arcaica y el interés económico.

La estrategia del proyecto Peña Nieto fue exponer compromisos de campaña como “cumplidos”, aunque sólo fuera en discurso; aparecer en espacios de noticias nacionales “a modo”, pero también ser parte de los programas de variedad, de chismes; y colocar su imagen como un producto digerible, lo menos politizado posible, para que la mayoría de las personas pudieran aceptarlo.

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Por el contrario, Andrés Manuel López Obrador caminaba territorio haciendo asambleas con pocas personas; se enfrentaba al bloqueo de los medios de comunicación tradicional, donde se le ridiculizaba; él aprovechaba cualquier escenario, aunque fuera de conflicto, para debatir y exponer ideas. Con frecuencia le iba mal, pero los buscaba con la intención de llegar a nuevos públicos.

En el nuevo escenario de la política mexicana, y específicamente bajacaliforniana, la senadora con licencia, Julieta Andrea Ramírez Padilla, en esta primera etapa, después de la guerra sucia en la competencia interna, ha optado por el primer camino, por la prudencia, por la estrategia conservadora, cómoda, donde pocos sean los que la cuestionen y muchos la elogien.

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Así, se ha movido en escenarios de redes sociales donde prefiere hablar de los billetes de mil pesos que de las crisis en la entidad, cuyo objetivo es la militancia nacional, sus amigos “Chamucos” o de propagandistas de la Transformación, pero poco o nada para los bajacalifornianos.

Ramírez Padilla, hoy enarbolada como la coordinadora de la Defensa de la 4T en Baja California, y quien muy probablemente será la mujer más poderosa del Estado en 2027, ha decidido que sean muy pocos momentos en los que se enfrente a escenarios incómodos, evita las confrontaciones. Hasta ahora, sólo mediante discursos con un arsenal dialéctico acartonado y cargado de conjugaciones de clichés morenistas, es como está pretendiendo ganar una entidad que ya padeció dos gobiernos morenistas.

La imagen que se ha construido alrededor de Julieta Ramírez Padilla, es de marketing político, dejando de lado el liderazgo comunitario, popular, de causas sociales. Esto, a pesar de que es una joven capaz e inteligente, que sin duda puede defender el proyecto en Baja California. Pero ha seguido la asesoría de su temeroso equipo, principalmente de la diputada Michelle Tejeda –quien tampoco ha mostrado conocimiento de manejo de medios en la entidad–, la cual prácticamente abandonó por completo sus funciones como legisladora y representante de un distrito para convertirse en la asesora de Comunicación Política de la senadora.

Así como Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia y después del segundo año –tras concretar las reformas estructurales– los actos de corrupción y crímenes de lesa humanidad hundieron su gobierno, si no concreta una estrategia de participación ciudadana eficiente, a Julieta Ramírez se le vienen problemas si no comprende que la sobreprotección vuelve incapaz al más hábil y temeroso al más preparado.

La candidata morenistas está a tiempo de aprender que, a pesar de las recomendaciones de su equipo, donde también destaca el exsecretario del Bienestar, Netzahualcóyotl Jáuregui Santillán, en algún momento tiene que enfrentar las realidades de una campaña y posteriormente de un hipotético gobierno, donde no habrá forma de ocultar o minimizar las exigencias de trabajadores burócratas, de maestros, de familiares de personas desaparecidas, de nuevos liderazgos comunitarios y de un gran número de integrantes de su equipo que hicieron vínculos de dudosa procedencia y que se vienen arrastrando de la administración de Marina del Pilar Avila Olmeda.

Desde el pasado mes de septiembre, la morenista ya no es un proyecto futuro que hay que cuidar. La Julietona es una realidad y debe de asumirse como tal. De lo contrario, la fruta no caerá muy lejos del árbol.

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Eduardo Villa
Eduardo Villa
Periodista desde 2011 y corresponsal en Mexicali del Semanario Zeta. Participante del Border Hub del International Center for Journalists y coautor del libro “Periodismo de Investigación en el ámbito local: transparencia, Acceso a la Información y Libertad de Expresión”

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