Con dos protagonistas carismáticos y una fotografía que alterna entre lo íntimo y lo contemplativo, Martin McDonagh explora la búsqueda de redención en una historia que deja en segundo plano su contexto político.
La cinta de Martin McDonagh, “Caballo Salvaje Nueve”, presenta una comedia negra de tintes existencialistas sobre la culpa, la amistad y la necesidad de encontrar redención cuando queda poco tiempo. Con una fotografía colorida y dos personajes carismáticos, la película peca al utilizar el contexto político como fondo para explorar conflictos personales.
Ambientada poco antes del golpe de Estado de 1973 en Chile, la película sigue a Chris (John Malkovich) y Lee (Sam Rockwell), dos agentes de la CIA enviados de Santiago a la Isla de Pascua. Durante su viaje, el pasado y la enfermedad de Chris lo lleva a reflexionar sobre las atrocidades que realizó en sus años de servicio.
Ambos personajes son carismáticos a su manera. El viejo es un hombre que se autosabotea, atrapado entre su búsqueda de redención y lo que el trabajo le exige incluso en sus últimos días. El deterioro de su cuerpo junto a la pérdida de memoria añade complejidad, sentido de urgencia y dramatismo a su arco narrativo.
Lee, por su parte, es el amigo que busca acompañarlo y apoyarlo, aun cuando eso implica oponerse a sus superiores, misma situación que vuelve compleja la relación.
El ritmo, aunque lento, ayuda a construir con peso la amistad íntima y llena de paranoia que puede esperarse de este tipo de agentes. Algunas veces, este se siente lento y por momentos parece dar vueltas sobre los mismos conflictos. Es una elección que puede entenderse desde la condición del protagonista y su dificultad para encontrar una salida, aunque algunas reiteraciones restan fuerza al avance de la historia.
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Por otra parte, la fotografía es uno de sus mayores aciertos. Las imágenes coloridas alternan entre planos cercanos e íntimos y encuadres abiertos que invitan a contemplar el paisaje. Ese lenguaje visual apoya de forma expresiva la trama, creando ambientes en cada escena.
McDonagh señaló a los medios que esta es una de las películas más políticas de su filmografía. Pero, esa intención parece quedarse corta: el contexto latinoamericano termina por funcionar principalmente como impulso para contar la redención de un agente de la CIA.
Lo realmente político se concentra en el guion, en las conversaciones sobre el trabajo del organismo gubernamental en la desestabilización de democracias de izquierda, el despojo de su vida íntima y en el conflicto de nombrar las cosas con los nombres nativos/indígenas.
Un punto interesante es que Chris encuentra en la naturaleza, la poesía y el acercamiento a su propio ser otras formas de relacionarse con la vida . Es en esos momentos donde la película adquiere mayor sensibilidad y deja una sensación emotiva al terminar.
El mayor desafío de “Caballo Salvaje Nueve” está en acercar al espectador a Chris sin que su vulnerabilidad borre la gravedad de sus actos. Ese contraste mantiene la atención del espectador.






