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lunes, septiembre 28, 2026
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Subcomandante Barajas: cuarto agente asesinado por los Rusos

La vida de un policía nunca había valido tan poco para los gobiernos y la delincuencia organizada como hoy en Mexicali. En poco más de un año, familias de “sangre azul” han tenido que despedir a sus hermanos de manera anticipada en cuatro ocasiones, y en ninguno de los casos hay personas que estén pagando por terminar con la vida de policías.

La crisis de seguridad en Mexicali ha permeado severamente en las corporaciones preventivas, y si algunos de sus elementos no están siendo perseguidos y detenidos por presuntos nexos con la delincuencia organizada, los grupos delictivos los están asesinando en sus domicilios o en su intimidad, lo que representa un mensaje claro del narco a los guardianes del orden: los tenemos vigilados.

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La tarde del pasado martes 22 de septiembre, una célula de sicarios sorprendió al subcomandante del área de Reacción Inmediata de la Policía Municipal, José Ramón Barajas Félix, de 35 años de edad, hombre muy cercano a los titulares del cuadro de mando de la corporación, cuando se encontraba en su vivienda.

La fiscal Elena Andrade Ramírez aseguró que fueron más de 200 tiros los que se localizaron en la escena, lo que demuestra la rudeza que quiso evidenciar el grupo delictivo de los Rusos al momento de la agresión. No sólo se trataba de matarlo, sino de causar terror.

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El oficial y residente de la comunidad del Oviedo Mota Reacomodo, ubicada en el triángulo de poder del grupo delictivo de los Rusos, fue sorprendido cuando descansaba luego de lavar su auto.

Los criminales huyeron cometido el asesinato, y se perdieron rumbo al Ejido Sombrerete, presumiendo que tomaron ruta hacia San Luis Río Colorado, a través de las brechas ubicadas en la zona.

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La reacción de la autoridad fue de mucha presencia, pero de pocas consecuencias; retenes y rondines en la zona, pero no una respuesta colérica en lo que representa un ataque directo a una familia, pero también a una institución tan golpeada en el último año por sus presuntos nexos con la delincuencia organizada, al grado que un total de 13 agentes han sido presentados ante el banquillo de los acusados por delitos como desaparición forzada, homicidio y feminicidio.

José Ramón es el cuarto agente preventivo asesinado en poco más de un año, donde se ubican los elementos de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana (FESC), Rubén López Orduño, un joven agente de apenas 27 años de edad, y Manuel Enrique Guerrero Sánchez, de 32 (este último con nueve años en la corporación). Así como Roberto Méndez Arreola, conocido como el Barney, ultimado a las afueras de su vivienda por sicarios fuertemente armados.

 

EL ASESINATO

La tarde del 22 de septiembre, el subcomandante José Ramón Barajas no tenía interés en conocer detalles sobre la actividad criminal de Mexicali y se dispuso a lavar sus vehículos en el patio de su residencia, localizada sobre la calle Adolfo Rentería, en el Ejido Oviedo Mota Reacomodo, punto que conforma el triángulo de operación del grupo delictivo de los Rusos donde también se ubican las comunidades Luis B. Sánchez y Ciudad Guadalupe Victoria, ubicados en la limítrofe entre el Valle de Mexicali y San Luis Río Colorado, Sonora.

Esa mañana, José Ramón estuvo conviviendo con su hijo de 19 años de edad, quien le ayudaba a limpiar los vehículos, y su esposa no estaba en la casa.

Era un momento de calma. Junto a los automóviles había una hielera de donde tomaba algún refrigerio y bebidas mientras lavaba los autos en el patio techado de su propiedad.

El joven de 19 años sintió calor e ingresó a su vivienda para refrescarse, mientras que su padre se quedó sólo afuera.

En ese momento, un vehículo tipo pick up, color plomo, de la marca Nissan Frontier, modelo reciente, dio vueltas y se colocó a unos metros de la propiedad. Tres hombres encapuchados descendieron de la unidad, dejando un cuarto individuo listo en la conducción del automóvil.

Dos sujetos corrieron hasta el interior de la propiedad y justo en el patio, a escaso metro y medio de Ramón, abrieron fuego. El primer disparo terminó con su vida, pero eso no les bastó a los sicarios, quienes desde tres puntos diferentes —uno de ellos incluso desde el exterior de la propiedad— continuaron su ataque, dejando más de 100 heridas en su humanidad.

Vivienda de Barajas

El subcomandante, que en ese momento estaba fuera de servicio, no tuvo la posibilidad de reaccionar. Los estampidos saturaron el vacío habitual en las comunidades rurales y durante más de un minuto descargaron su metralla. Algunos proyectiles incluso se incrustaron en el techo de la vivienda, pero la mayoría atinó a su destino debido a la cercanía del ataque.

Los sicarios se dieron el lujo de retirarse, regresar, volver a disparar; retirarse nuevamente, y volver para tomar fotografías del cadáver tendido sobre el patio de la vivienda, para finalmente escapar a bordo de la unidad arriba mencionada.

El joven de 19 años de edad logró refugiarse en la vivienda adyacente, pero nada pudo hacer para evitar el cobarde ataque de la célula de sicarios.

Ramón Barajas no esperaba el ataque pues, de hecho, su arma de cargo se ubicaba en una habitación de la casa, junto con varias pertenencias de la indumentaria policial, un indicio que sugiere una postura cómoda, de guardia baja.

A raíz del crimen se montó un operativo en el que participaron todas las corporaciones de seguridad, algunas de ellas en retenes instalados en los alrededores de las comunidades; mientras que otros realizaron rondines de vigilancia. Sin embargo, durante el operativo no se tuvo reporte o conocimiento de intervenciones, detenciones o algún elemento que sugiriera intenciones de capturar a los responsables, al grado que el automóvil con el que se perpetró el hecho delictivo no ha sido localizado.

LA LÍNEA APUNTA AL ISRA

Cada fuente apunta a una versión diversa. No hay elementos ni certezas que dirijan a que el asesinato de Ramón Barajas sea a consecuencia de un acto específico, pero todos coinciden en que el único grupo delictivo con la capacidad para perpetrar un crimen de esa magnitud es el de los Rusos, en específico, en el Valle de Mexicali, de Israel Leonel Trigueros Muñoz, alias el Isra o el Moreno (inocente en tanto no se determine su responsabilidad mediante la sentencia de un juez, según el artículo 13 del CNPP). De hecho, el vehículo en el que los sicarios huyeron había sido identificado como una de las unidades en las que se desplazaba entre Mexicali y San Luis Río Colorado.

Fuentes decantan por dos versiones opuestas, pues en la primera refieren que el agente había recibido una serie de mensajes de advertencia derivados de una detención realizada por el grupo de Reacción Inmediata, en la zona conurbada de Mexicali, donde uno de los jóvenes detenidos presumió tener relación con Cipriano Alfonso Peralta, alias el Ponchito de la Lima, por lo que tenían que dejarlo en libertad. Los agentes lo pusieron a disposición por las armas de fuego.

La otra versión sugiere el robo de una droga por parte del grupo de Reacción inmediata durante un operativo que pertenecía al mencionado grupo delictivo. Sin embargo, esta versión aún no ha sido confirmada por ninguna autoridad como una línea de investigación fidedigna.

Respecto al subcomandante, sólo se sabe que contaba con una carpeta de investigación en la Sindicatura Municipal, presentada en el pasado mes de mayo, cuando él y 11 agentes preventivos fueron señalados de una intervención ilegal, seguida de una agresión en contra de un joven carrocero a quien le quitaron —presuntamente— 400 dólares y tres mil pesos.

La denuncia se presentó ante la Sindicatura Municipal y continuaba en investigación al momento del crimen.

Si bien aún no se han podido establecer líneas de investigación sólidas en el caso, es evidente que el crimen está vinculado directamente con su actividad policial.

De confirmarse la primera versión, el mensaje es aún menos alentador porque dejaría en claro que es imposible para los policías de Mexicali cumplir con su trabajo sin tener bajas, sin que haya un costo para una familia.

Y es que en los cuatro crímenes en contra de agentes preventivos entre 2025 y 2026, en ninguno de los casos hay detenidos por asesinatos motivados en detenciones.

 

LOS POLICÍAS ASESINADOS A MANOS DE LOS RUSOS

Policías de Mexicali parecen tener dos opciones: trabajar para los Rusos o aceptar el riesgo de ser asesinados cumpliendo tu deber.

Así como la Fiscalía General del Estado (FGE) ha detenido a varios agentes municipales implicados en desapariciones, homicidios y feminicidios, también hay policías asesinados por la “Rusada”

El 14 de julio del 2025 se dio el primer incidente donde los de “la Bandera” (como también se les conoce) cruzaron la línea en contra de la corporación de seguridad. Tenía horas en el cargo el director Luis Felipe Chan, cuando Roberto Méndez Arreola, de 45 años de edad con 22 de servicio, y entonces subcomandante de Zona Valle Sur, recibió una llamada de —aparentemente— un mando policial, para hacerlo salir de su vivienda ubicada en el fraccionamiento Lomas Altas, al Sur de la mancha urbana.

El Barney salió de la propiedad y caminó hasta la esquina, donde fue sorprendido por dos matones que lo rafaguearon desde dos puntos; el oficial no pudo repeler la agresión porque no la esperaba, mientras que los matones descargaron su metralla para luego retirarse.

En aquella ocasión se les atribuyó el crimen a dos sicarios, apodados el Misil y el Grillo, de los cuales el segundo se encuentra detenido por otro crimen.

La principal hipótesis arroja a que el Barney encabezó un operativo en busca de capturar al Isra y a la Piruja, que se encontraban juntos. No era un operativo especial, sino un incidente fortuito en el que Méndez Arreola atendió una emergencia.

A consecuencia de la persecución y enfrentamiento a balazos contra criminales de los Rusos, se atribuye el asesinato dos días después del Barney.

Casi un año después, las noches del viernes 26 y sábado 27 de junio del 2026, otros dos policías fueron asesinados. Estos formaban parte de un grupo especial de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana (FESC), quienes participaron en el operativo en el que se abatió a Mauricio Alarcón Fiscal, alias el Compa Wicho, el pasado 24 de junio.

Los agentes Rubén López Orduño y Manuel Enrique Guerrero Sánchez fueron sorprendidos en su zona segura. El primero mientras realizaba labores de limpieza a las afueras de su casa ubicada en la colonia Zaragoza, al Poniente de la ciudad; mientras que el otro fue sorprendido en la colonia Benito Juárez, en el Valle de Mexicali, cuando descendió de su vehículo para comprar una orden de tacos.

Rubén fue acribillado de una forma similar a Ramón Barajas, mientras hacía labores domésticas en su propiedad, y donde lamentablemente también fue asesinada su esposa.

Aunque la respuesta de la FESC fue férrea y realizaron una serie de operativos subsecuentes donde aprehendieron a varios integrantes de los Rusos, la realidad es que en ningún caso se ha podido fincar responsabilidad por el doble asesinato perpetrado por sicarios, la mayoría de ellos contratados de otras entidades para perpetrar el crimen y luego retirarse.

Algunos de los matones intentaron destruir las armas para evitar ligarlos, pero dentro de los operativos se logró evitar.

En ninguno de los cuatro casos hay detenidos ligados directamente al Isra o a los Rusos en específico; la única información recabada es la que se puede constatar mediante información de Inteligencia.

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