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martes, septiembre 1, 2026
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“Coyote vs. Acme”: resiliencia frente a las grandes corporaciones

“Coyote vs. Acme”, dirigida por Dave Green, es una película cumplidora que mantiene el espíritu de los Looney Tunes y revitaliza a uno de sus personajes más castigados. La producción le da al depredador del desierto una personalidad propia y lo convierte en el centro de una historia de lucha contra las grandes corporaciones.

El largometraje toma como punto de partida “Coyote v. Acme”, el texto humorístico que Ian Frazier publicó en The New Yorker en 1990. Samy Burch escribió el guion junto a James Gunn y Jeremy Slater.

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En el escrito original, Harold Schoff, abogado de Wile E. Coyote, demanda a Acme por los daños ocasionados por sus productos defectuosos. También sostiene que la compañía posee un monopolio sobre la fabricación y venta de los artículos especializados que Coyote necesita para ejercer su trabajo como depredador, como explosivos, zapatos con resortes y unos patines con propulsores.

La adaptación es fiel en esencia, pero amplía la premisa para mostrar lo que ocurre dentro y fuera del juicio y añade un tono aterradoramente realista sobre lo que puede suceder cuando una persona se enfrenta a una gran empresa y expone intimidaciones, sobornos y autoridades sometidas a los intereses corporativos.

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En la pantalla grande, Acme deja de ser únicamente el fabricante de los artefactos utilizados por el Coyote y se presenta como un monopolio global que produce prácticamente de todo para humanos y caricaturas. Uno de los hallazgos más inquietantes es la experimentación con personajes animados sin su consentimiento, pues ellos adquieren voluntariamente los productos, pero desconocen que están siendo utilizados como sujetos de prueba.

Apunta a experimentos dañinos que son justificadas por el “bien común”. Un mensaje que resuena con las pruebas con animales, un sufrimiento utilizado para mejorar y probar productos antes de llevarlo al mercado.

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Pero el mensaje también resulta contundente y resuena inevitablemente con el proceso que atravesó la propia producción. Warner Bros. Discovery decidió archivarla en 2023 para obtener una deducción fiscal, pese a que ya estaba terminada. Después del rechazo provocado dentro y fuera de la industria, Ketchup Entertainment adquirió sus derechos de distribución mundial en 2025. La adversidad fue grande y se trató de una lucha contra el mismo conglomerado cinematográfico que había decidido tratarla como un producto desechable.

A diferencia del texto de Frazier, que termina con la solicitud de una indemnización y nunca revela si el Coyote ganó o perdió, la versión cinematográfica sí ofrece un desenlace. El proceso legal no le concede una victoria inmediata ni sencilla, pero la aparición de nuevas pruebas y de otras víctimas obligará a Acme estar sin paz por un tiempo.

La verdadera victoria está en recuperar la dignidad y en encontrar el valor para no rendirse. Ese mensaje da en el clavo y hace difícil llegar a los créditos sin lágrimas, con un Coyote que se encontraba solo y sin testigos de su lado, encuentra en correcaminos un amigo que lo extraña en el desierto.

El último tramo acumula explosiones, persecuciones e infortunios para el Coyote, lo que alarga un poco el desenlace. Sin embargo, no se vuelven pesados y conservan el humor físico característico de los Looney Tunes.

Dave Green y los animadores convierten a un personaje que suele permanecer aislado del resto en alguien carismático y genuinamente entretenido. Sus carteles, su confianza, sus muecas y la obsesión por atrapar a su presa le dan una profundidad pocas veces explorada, sin obligarlo a romper su tradicional silencio.

Las apariciones de Bugs Bunny, el Pato Lucas, el Gallo Claudio y los demás personajes se sienten necesarias dentro de una historia sobre este universo. Funcionan como algo más que referencias nostálgicas y, al mismo tiempo, no le restan protagonismo al Coyote.

El doblaje latino fue dirigido por Gerardo García, quien también interpreta a Kevin Avery. Jorge Badillo da voz a Buddy Crane; Monserrat Mendoza, a Paige Avery; Arturo Mercado, a Bugs Bunny; Sebastián Llapur, al Pato Lucas; Octavio Rojas, al Gallo Claudio, y Ernesto Lezama, a Porky. Aunque el Coyote permanece mudo, la versión en español añade a Edson Matus como narrador de sus letreros y de los insertos de Acme.

El doblaje está muy mexicanizado y, a veces, los modismos y algunos remates son difíciles de entender, pero no impide seguir la situación ni comprender el desarrollo de la historia.
La animación es diferente a lo que se ha visto, pero no en el mejor de los sentidos.
La cinta es emotiva y contiene fuerza suficiente para sostener el contexto de resiliencia con el que carga.

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