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lunes, agosto 17, 2026
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Precariedad como nunca en el HGT

Cuatro jóvenes médicos rodean una cama. Uno de ellos utiliza vendas para asegurar a la paciente a la camilla. Otro coloca una sonda y un tanque de oxígeno sobre el colchón junto a la enferma, mientras uno más aprieta un dispositivo médico manual que sirve para dar aire a los pulmones de una persona cuando no puede respirar bien.

Inicia el desplazamiento de la camilla por un cuarto en el que hay otras dos camas desocupadas. Salen del cuarto. El personal médico camina por dos pasillos hasta la puerta que da a las escaleras de servicio del Hospital General de Tijuana, perteneciente al IMSS Bienestar.

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En el exterior del edificio, la camilla donde se encuentra la joven mujer, con una herida en la cabeza, es conducida hasta un peldaño. Ahí, cinco médicos maniobran para contraer la camilla y cargarla, para empezar a descender los escalones. Entonces cae el tanque de oxígeno, que termina siendo sujetado por uno de los médicos.

El personal sanitario sigue descendiendo un piso por las escaleras metálicas con la enferma a cuestas. En el rellano, vuelven a desplegar las llantas de la camilla para transportarla por un pasillo de barandal gris, sobre lo que parece ser una azotea.

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La luz solar evidencia puntos blancos, verdes y café en el piso de metal, similares a las marcas de pintura y oxido. En un punto del trayecto, los médicos hacen fila para que la camilla tenga espacio y pueda pasar entre escombros: botes de pintura e impermeabilizante, trapos, basura y algún rodillo. Continúan avanzando por el pasillo, en cuya proximidad al edificio hay más botes de pintura apilados.

El personal médico conduce la camilla hacia el interior del edificio del hospital. Por un momento, se escucha un quejido de la paciente intubada mientras esperan a que llegue el elevador al piso 1. Tres minutos después se abre la puerta del estrecho elevador con suelo desgastado, al que introducen la camilla.

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Una vez en el sótano, el elevador abre su puerta y la paciente es conducida hasta el área de tomografía, según lo muestra un video, que dura 10 minutos y 16 segundos, al que tuvo acceso ZETA.

Insumos que les piden a los familiares, Foto: Julieta Aragón

El 6 de agosto de 2026 habría tenido lugar el traslado autorizado por familiares de la paciente, porque el único elevador que funcionaba -de los tres con que cuenta el Hospital General- no se detiene en el piso 2, donde se encontraba la enferma, a quien urgía hacerle estudios.

Hasta las cinco de la tarde de ese día acudiría personal de la empresa Otis (proveedor del servicio de mantenimiento) para hacer un diagnóstico y ver cómo resolvería la falla de los elevadores, que ya llevaban descompuestos un día.

“Es muy lamentable que se tengan que hacer la cosas así, pero si no se hace, la paciente no recibe la atención que necesita y se muere”. Muchas veces a la semana no bajan a los pacientes a rayos X, a tomografía y se quedan sin la realización de los estudios, porque no funcionan los elevadores, señaló personal consultado que pidió no ser identificado para evitar represalias.

Trabajadores tienen que subir ventiladores y otros insumos delicados y pesados por las escaleras, debido al habitual desperfecto de los elevadores. Problemática de la que estuvieron enterados el delegado del IMSS Bienestar, Miguel Romero Delgado, y el entonces secretario de Salud del estado, Adrián Medina Amarillas.

Elevador descompuesto del hospital general de tijuana

La odisea de médicos internos y residentes, un camillero y un enfermero es la punta del iceberg de hechos que exhiben las deficientes condiciones con que opera el Hospital General de Tijuana, donde acude la población sin seguridad social más vulnerable económicamente de esta ciudad fronteriza, además de pacientes referidos de Rosarito, Tecate y hasta San Quintín.

Hace un par de semanas, el nosocomio no tuvo gas, porque “no se pagó” el servicio, y todos los alimentos distribuidos a los enfermos fueron sándwiches o comida similar, ya que no había cómo preparar los alimentos.

Lo más preocupante es que hay una infección de una bacteria intrahospitalaria muy resistente que se transmite fácilmente de un enfermo a otro y que tiene que tratarse con un antibiótico que se llama vancomicina, medicina con la que no cuenta el hospital.

La semana pasada en un cuarto de cuatro camas del cuarto piso (cirugía casos graves), murieron tres hombres y una mujer que estaban intubados por la infección provocada por Acinetobacter baumannii; una bacteria asociada a la ventilación mecánica que es intrahospitalaria, relataron los consultados por separado.

 

PERSISTE FALTA DE INSUMOS

Entre el desabasto de insumos médicos y fármacos persistente en el HGT destaca la falta de nutriciones parentelares (que es la nutrición que se le da a pacientes que están muy graves y que se alimentan por catéteres especiales). Ante la carestía, enfermos se quedan en ayuno o se les aplica una nutrición con menos calorías de las que requieren.

Dado que su precio en el mercado oscila entre mil 500 pesos y dos mil 350 pesos, dependiendo de las calorías, y su uso es diario, es “difícil” para las familias sufragar el costo.

En el HGT también escasean fármacos para sedar a los pacientes, como el propofol, midazolam y fentanilo “Es una tristeza. Los pacientes no están bien sedados. Están intubados, y tienen dolor. Ellos sienten todo, es un gran pecado”.

Los pacientes intubados tienen que estar bien sedados, en un coma medicamentoso, y “no hay medicamentos para tenerlos en un estado sin dolor, plenos, bien. Están como despiertos luchando con el ventilador”.,

El desabasto de medicamentos e insumos se debe a una deficiente administración. “Casi todo se lo queda Mexicali”, mientras el resto es repartido a Tijuana, Tecate y Rosarito. Aunque hay un almacén central en Tijuana, donde llegan los insumos y medicamentos, pueden pasar hasta tres meses para que sean llevados al Hospital General de Tijuana “si no se está detrás del personal”, y, en otros casos, se surte poco y se acaban ante la gran demanda.

Siempre ha habido deficiencia en el abasto, pero el problema dejó de tener respuesta en el estado con la centralización del servicio de salud, luego de que la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda decidió que Baja California se adhiriera al IMSS Bienestar implantado en el sexenio pasado, coincidieron los entrevistados.

El servicio externo de limpieza del hospital es deficiente y no dan “en tiempo y forma” las fumigaciones. “El hospital con mucha frecuencia está sucio, huele feo, falta de cuidado en la limpieza de los pacientes, de los cuartos, de las camas”.

Los llamados exhaustivos que se hacen a los cuartos de personas que han estado infectadas a veces no se hacen, o se hacen muy tarde, después de muchas horas, lo que provoca que se bloqueen las camas, explicaron.

 

HASTA UN MES PARA OPERAR

Hace un mes que José, de 58 años, fue internado en el Hospital General de Tijuana, debido a que se fracturó la tibia, tras ser atropellado en la carretera a Tecate. Aún no tiene fecha para que sea intervenido quirúrgicamente para colocarle una placa de fierro en el pie. “Él está desesperadísimo, ya se quiere salir”, dijo un amigo del paciente.

“Nosotros traemos vendas y gasas para que se alivie. Venimos diario de Villa del Campo”, pese al costo en tiempo y dinero que representa, relató.

Situación que se debe a que los seis quirófanos del HGT son insuficientes para atender las muchas urgencias que llegan al nosocomio, además de que esas cirugías implican prótesis u otros insumos que no siempre se tienen.

En la explanada del Hospital, María señaló que gastó alrededor de mil 300 pesos para comprar material para su paciente, que tuvo parto natural sin que se utilizaran los insumos.

“Me pidieron bastantes cosas que eran como para la cesárea”, dijo y mostró un pequeño papel donde se lee: “tres guantes quirúrgicos estériles número 7, pañales pre doblados adulto (10), pañales recién nacido, tres vasos de ego estériles, una perilla, una aguja espinal número .25, gel ultrasonido, lidocaína simple y ketorolaco 30 miligramos”.

 

Las personas recepcionistas tienen un “modo muy déspota, porque a veces uno trae problemas y hace preguntas que igual son lógicas, y te contestan feo”, consideró.

En el hospital también faltan sondas para aspirar, tubos para meter en la vía aérea, insumos para mantener la vía aérea hidratada, bolsas para recolectar la orina y sondas urinarias.

Un señor relató que su esposa fue internada porque tiene una lesión en el pie y es diabética. Para operarla le pidieron pregabalina y una bolsa de cirugía. Sólo tres de los cuatro donadores de sangre pudieron donar el martes, porque la institución da fichas contadas a los donadores que tienen que llegar de madrugada.

“Estuvieron atendiéndola por dos semanas en el Hospital de Rosarito, le lavaban y le ponían una solución”, sin decir que necesitaba tener controlada la glucosa, para que surtiera efecto el tratamiento del pie, que está por serle amputado en el Hospital de Tijuana.

 

RECURSO HUMANO DESAPROVECHADO

Médicos con múltiples especialidades y años de educación son asignados a dar consultas externas, ante la falta de insumos, en una especie de estrategia -según uno de los consultados- “para ponerlos a hacer algo y decir que hay mucha productividad”.

Si bien es cierto que en el gobierno de López Obrador se otorgaron plazas de médicos especialistas y de enfermería a trabajadores con contratos que no correspondían a las funciones que desempeñaban, las bases tienen menos prestaciones que los trabajadores sindicalizados de hace tiempo. No tienen días económicos, ni días de alto riesgo por la exposición a pacientes infectados, entre otros.

“De los doctores que han entrado más recientemente, cuatro han renunciado porque se les exige muchas cosas”. Hace casi un año llegaron alrededor de seis médicos cubanos; uno de ellos con especialidad en traumatología sólo pone yesos y férulas a los pacientes fracturados que acuden a Urgencias, sin que haga cirugías.

 

NINGUNA AUTORIDAD DA LA CARA

ZETA solicitó a Comunicación Social del IMSS Bienestar una entrevista con el director del Hospital, Luis Adán Carrillo Aréchiga, y/o con el delegado del IMSS Bienestar Miguel Bernardo Romero Flores, así como con el entonces secretario de Salud, José Adrián Medina Amarillas, pero al cierre de edición ninguna fue concedida.

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Julieta Aragón
Julieta Aragón
Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco. Cursé la maestría de Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y sigo en proceso de tesis. Soy reportera de ZETA desde 2017.

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