¿Recuerda cuando prohibieron animales silvestres en los circos? ¿Supo que fueron entregados a zoológicos y centros de conservación animal? ¿Se enteró que al poco tiempo aparecieron noticias de que los animales estaban famélicos, sin atención adecuada y muchos fueron muriendo? Los cuidadores alternos se quejaron de no disponer dinero para atenderlos. Quizá recuerde que la prohibición fue sugerida por un partido político.
El pasado 5 los taurinos no pudieron disfrutar de la corrida en el Nuevo Toreo de Tijuana. Manuel Bowser, su propietario, mostró los permisos necesarios. Pero el Juez Décimo Séptimo de Distrito, negó la realización del evento atendiendo audiencia previa con defensores de los toros. Antes, Abdiel Gutiérrez, alcalde sustituto, había declarado su total rechazo a la realización de espectáculos taurinos, “ni eventos que impliquen violencia, maltrato físico o tortura”.
Habiendo disfrutado de la Fiesta Brava, primero en La Monumental de Tijuana y por diez años en la Plaza México (CDMX), nos resulta difícil (como a muchos) explicar o “defender” esa afición. Menos entender cómo, los respetuosos de esos bureles cuya vida, durante siglos han sido los personajes principales, a la hora de rechazar la fiesta, lo hacen con insultos, agresiones y aportando poco al entendimiento no tan solo de los que disfrutan la fiesta, sino de los que viven de ella, con su trabajo honesto y esforzado.
Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, fue un taurino de corazón, sobre todo un pensador comprometido con la defensa de la libertad. Un hombre que entendió con lucidez y coraje, la dimensión ética y estética de la tauromaquia. Escribió sobre el tema “La capa de Belmonte” y “Monólogo del toro, frente a José Tomás”. El más importante “La llamada de la tribu” (Alfaguara 2018), en el que resalta: “La defensa de una sociedad abierta, en la que nadie puede imponer a otro una forma única de vivir, de sentir, de expresarse o de crear”.
Segmento de esa obra: “La tauromaquia no es un capricho anacrónico, sino una expresión de libertad cultural. Es la afirmación de una sensibilidad estética, ética y simbólica que no pretende imponerse, pero tampoco claudicar”.
Nota 1. Sobre la apasionada afición de Vargas Llosa aparecida en El País, Nov. 2003: “Cada vez que defendió la tauromaquia, lo hizo desde el corazón de su filosofía política. Rechazar toda forma de censura, incluso la que se disfraza de compasión o progreso”.
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Nota 2. ¿Coincidencia? Vargas Llosa radicó muchos años en España y murió en Lima, Perú el 13 de abril del 2025. Y a un año de su partida, aquí en Tijuana, recordándolo, gracias a la Tauromaquia.
Nota 3. Usted, ¿alguna vez ha consentido con agua y croquetas a los perros callejeros?
Luz Elena Picos es directora de Red Social de Tijuana.
Correo electrónico: [email protected] www.lagacetaredsocial.com





