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miércoles, julio 8, 2026
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“Moana” surca nuevamente las olas

La nueva versión live action de Disney reproduce casi escena por escena la película animada, pero su apego al original limita la profundidad emocional y evidencia que la fidelidad no siempre basta para trasladar una historia al formato de acción real.

 

La anticipada adaptación live action de “Moana”, dirigida por Thomas Kail, llega apenas una década después del estreno de la cinta animada de Ron Clements y John Musker.

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Aunque se mantiene fiel a la historia original, esa misma fidelidad no necesariamente juega a su favor.

Dwayne Johnson toma un papel casi protagónico como Maui dentro de la historia de la intrépida Moana ( Catherine Lagaʻaia), quien busca recuperar la prosperidad de la naturaleza y de su comunidad. Ambos emprenden una aventura que se enfrenta a monstruos y enemigos que visualmente son llamativos.

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El ritmo de la cinta se sostiene en su apego a la versión animada, pero por momentos parece faltar una verdadera adaptación. Lo que funcionaba desde el lenguaje caricaturesco de la animación pierde fuerza en un live action que requiere mayor profundidad humana.
Las relaciones entre los personajes tampoco alcanzan mucho desarrollo. Más que construirse emocionalmente, se dan por cercanas a partir de la inercia del viaje que comparten.

Visualmente, la película depende en gran medida de los efectos especiales. En ocasiones, algunas escenas parecen grabadas en pantalla verde, e incluso las primeras imágenes de la isla lucen excesivamente digitales. Si bien la mayoría de los efectos son logrados, hay excepciones, como el pequeño cerdito Pua.

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El mar mantiene ese azul verdoso cristalino con bastante personalidad. Sin embargo, el humor pensado para los pequeños y a sus imágenes coloridas, no mantiene fluidez narrativa ni visual. Un ejemplo está en la escena en la que la abuela lleva a Moana a la cueva de los ancestros, momento que pierde parte de la fuerza simbólica que tenía en la animación.

La vestimenta, a pesar de ser idéntica a la de la película que realmente se basó en las comunidades originarias Polinesias de Hawaii, no tuvo ninguna modificación.

La historia conserva limitadamente su tono moralista y su profundidad en torno a la conexión entre la responsabilidad, la naturaleza y las culturas originarias. Sin embargo, pese a ser casi idéntica a la original, no alcanza la misma contundencia. Esto evidencia que las adaptaciones, por más fieles que sean, necesitan un proceso meticuloso para trasladarse a la realidad.

Disney continúa apostando por los live action, producciones que con el paso del tiempo han abierto una conversación sobre la paradoja entre la fidelidad y la reinterpretación. En esa discusión tampoco se han salvado otras apuestas recientes, como “Cómo entrenar a tu dragón”, señalada también por apegarse demasiado a su versión animada.
“Moana” ya se encuentra en cines mexicanos.

 

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