La segunda adaptación cinematográfica de “Supergirl” como protagonista se queda a medio camino de un acierto, sin alcanzar la epicidad que se espera de una de las superheroínas más poderosas de los cómics.
Una cinta inspirada en el cómic de 2021, “Supergirl: Woman of Tomorrow”, que sigue a Kara Zor-El,interpretada por Milly Alcock, una kryptoniana caótica con un trasfondo distinto y más crudo que el de su primo Superman. La historia comienza con el antagonista Krem, un pirata galáctico que posee la fuerza de mil hombres, quien asesina a sangre fría al padre de Ruthye Marye Knoll, por lo que la pequeña emprende una búsqueda para cobrar venganza. En el camino se encuentra con Kara, quien, lejos de la vida heroica, viaja a planetas con soles rojos para poder embriagarse.
El conflicto se detona cuando Krypto es herido y envenenado por Krem. A partir de ahí, Supergirl y Ruthye emprenden una búsqueda del antídoto y de venganza, respectivamente.
El guion de Ana Nogueira construye de manera lograda una historia de trasfondo de Kara mediante flashbacks que resultan conmovedores, acompañados por frases como: “Kriptón no murió en un día; los dioses no son tan generosos”. Sin embargo, la historia carece de profundidad en varios aspectos, la propia Alcock ha señalado que la historia aborda la resiliencia de “dos chicas en una misión para superar su propio dolor”. Sin embargo, la adaptación dedica menos tiempo a desarrollar esa relación de lo que hacía el material original.
Aunque en el cómic Krypto es curado desde un inicio y el viaje con Ruthye funciona más como una reflexión sobre la venganza y la justicia, en la cinta la historia se vuelve más lineal, como cabría esperar de una adaptación cinematográfica y el debate es abordado con más ligereza. Krypto resulta herido, se busca el antídoto y todo se encamina hacia la resolución del conflicto. En ese sentido, la película se apoya principalmente en las escenas de acción y en una sucesión de muertes que, en varios casos, parecen ocurrir por mera casualidad.
Durante la película se muestra el dominio de Krem, evidenciando su capacidad para ejecutar a sangre fría a quienes se interpongan en su camino. Sin embargo, falta potencia dramática y mayor trasfondo para justificar plenamente la maldad de la que tanto se habla.
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El pirata y su ejército roban niñas de distintos mundos, una subtrama extraña y poco explicada pero funciona para hablar un poco de quienes buscará ser figura la protagonista.
El traje rojo y azul que Clark entrega a Supergirl parece una decisión predeterminada que no termina de encajar con la personalidad que se ve desarrollada para Kara. Aunque el diseño es muy similar al del cómic, no puede asegurarse si esta versión de Supergirl seguirá utilizando falda en futuras apariciones. Tras la confirmación de su participación en otros proyectos de DC Studios bajo la dirección creativa de James Gunn, es posible que el traje reciba modificaciones hacia un diseño de una sola pieza, más cercano al de Superman, como ocurre en algunas etapas del personaje en las historietas.
Milly Alcock logra reflejar tanto física como emocionalmente a una Supergirl rebasada por sus circunstancias, caótica, despreocupada y carismática pero que aún tiene mucho que aportar. El personaje queda bien representado y contesta lo la idea del personaje femenino ejemplar.
La actriz ha definido a Kara como una joven “incómoda con la vida que le ha tocado vivir y con la responsabilidad que se le ha impuesto”, una característica que la lleva a autodestruirse y a rechazar cualquier sentido de responsabilidad.
Que Krypto no tuviera tanto protagonismo desde la premisa parecía un acierto, considerando que el verano pasado robó gran parte de la atención de los espectadores.
Jason Momoa, como Lobo, ofrece una representación efectiva del personaje. Sin embargo, sus pocas apariciones impiden profundizar en quién es realmente, por lo que puede resultar un completo desconocido para quienes no están familiarizados con los personajes de DC.
El humor genuinamente provoca risas o, al menos, alguna sonrisa.
La elección musical sorprende por no incluir canciones de Blondie utilizadas en la promoción. Pero al estilo de James Gunn, director Craig Gillespie (I, Tonya y Cruella), la película acompaña varias secuencias de acción con temas musicales que buscan aportar personalidad a la narrativa. El ritmo va un poco apresurado donde las primeras muertes suceden en los primeros 10 minutos.
Los efectos visuales dejan mucho que desear. Lucen poco detallados y, en ocasiones, presentan problemas de escala, composición y profundidad, lo que provoca que varias imágenes carezcan de credibilidad.
El desenlace marcó una contundente diferencia entre quien es Kara y Kal-El, un final crudo y poco esperado para una cinta que busca mantener un equilibrio entre la realidad y el optimismo.
Supergirl encuentra una protagonista convincente y momentos de genuina personalidad, pero sacrifica buena parte de la complejidad del cómic en favor de una aventura más convencional, en una película entretenida, aunque lejos de convertirse en la gran presentación cinematográfica que uno esperaría para uno de los personajes más poderosos de DC.
Supergirl en cines mexicanos a partir del 25 de junio.





