Nunca fue una opción la solicitud de licencia para la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, pero el hecho exhibió la reacción de su equipo ante un escenario como este
La invención en redes sociales de una posible salida anticipada de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, siempre fue eso: una falacia, un chisme de internet para regionalizar un impacto político severo que recibió Morena tras la presentación de acusaciones directas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos en contra de su homólogo, Rubén Rocha Moya.
La acusación contra el mandatario sinaloense con licencia debe ser tomada con la seriedad debida; no por las evidencias que se presentaron ante la Secretaría de Relaciones Exteriores para su detención provisional con fines de extradición, sino por el desbordado poder de la potencia más grande del mundo en contra de un mandatario local, cuya entidad que gobierna -o gobernaba- es también el nombre de unos de los cárteles de la droga más notorios del orbe.
Pero en Baja California la situación es diferente. Si bien es cierto que fuentes estadounidenses le han confiado a este Semanario que existen investigaciones contra el círculo cercano de la mandataria, principalmente, contra su exesposo Carlos Torres Torres y el hermano de este, Luis, las pruebas y la acusación aún no se presentan de manera formal. No hay elementos -en este momento- para que Ávila Olmeda solicite licencia (lo que no significa que de haber una acusación el escenario pueda cambiar), ni tampoco habría motivos para pedirlo dado que se trata de una gobernadora electa de forma constitucional.
¿El tema debe preocupar? Desde luego. ¿Son los tiempos para retirarse? No, en tanto no se presenten acusaciones formales o al menos tengan conocimiento de que esto va a ocurrir. Sin embargo, el verdadero análisis que debe preocupar a la gobernadora es el interno: la reacción de todo su equipo y de la cúpula morenista, ante una realidad como esta.
Un chisme que no tendría mayor motivo para propagarse, en menos de un día se volvió realidad en el imaginario colectivo; se creyó que una reunión concertada desde hace varios días para pedir orden a los aspirantes políticos del 2027, se podía convertir en un anuncio de salida, lo cual -dicho sea de paso- debe ser autorizado por el Congreso.
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La respuesta fue tibia por parte de la cúpula morenista, donde nadie salió a defender o a desmentir el rumor de manera oficial; tampoco por parte de su equipo cercano. No fue hasta que Ávila Olmeda, personalmente, salió a descartar el rumor durante un evento público cuya motivación era, al menos en parte, mitigar el chisme.
La reunión convocada por la gobernadora, cuyo objetivo fue mostrar unidad, orden y respeto entre los aspirantes a competir en 2027, terminó siendo una reunión de simulación, de besamanos, de gatopardismo y de promesas huecas de trabajo conjunto, donde los mismos que han engañado a la mandataria para que perdiera su percepción de la realidad política mediante elogios, le prometieron, una vez más, que cumplirán con ella.
Ese grupo político que prometió unidad la tarde del martes en Tijuana, dejó expuesta a Ávila Olmeda, durante dos días, a pesar de que tenían claro conocimiento de que la reunión no tenía como finalidad informar una solicitud de licencia.
Hoy, la sociedad considera creíble que la mandataria pueda abandonar su puesto, pero, además, ya vieron qué tipo de reacción tendría, tanto su equipo, el gobierno y la población, si hubiera presión para su salida.
El actual problema de la gobernadora no viene de Estados Unidos; viene de dentro y de sus alrededores.






