Mentir significa producir una realidad inexistente en el mundo en donde la existencia depende de la visibilidad.
Durante siglos decir la verdad significaba todo un símbolo a la dignidad y a la honestidad. Incluso, muchas de las obras maestras de la Literatura Universal versan fundamentalmente alrededor del concepto de la verdad. En el mundo de la ópera grandes dramas se escribieron alrededor de falsear los hechos; mentir significó una grave falta a la moral y como consecuencia, el desprecio y todos los males recaían sobre quien mentía.
Hoy la verdad sea ha convertido en la inmensa mayoría de los casos en un estorbo y quienes ejercen alguna profesión en donde la verdad es definitiva para el rumbo que tomen los individuos. Incluso, muchas veces se dice que mentir puede ser bueno, y hasta a veces provechoso. “Hay mentiras piadosas”, afirma gran cantidad de personas. Si no queremos herir la susceptibilidad del paciente, el médico le dirá que su tratamiento está dando resultado aunque eso sea totalmente falso, ya no se diga en la profesión de la abogacía en donde después de un análisis de un asunto que se nos plantea y que en nuestro interior sabemos que no tendrá un final “apropiado” para lo que esperan nuestros defendidos o clientes, muchas veces se les dice que el asunto está bien y que habrá sin duda alguna buenos resultados. ¿Quién contrata los servicios de un médico o un abogado cuando se le dice que el paciente no mejorará sus condiciones de salud o que incluso deben de irse preparando para un resultado doloroso o que, en el caso de los abogados, tendrán una sentencia adversa a las aspiraciones del cliente?
En la abogacía, que es la profesión que ejerzo, siempre me llamó la atención que cuando una persona ocurría para rendir una declaración en un juicio familiar, civil, penal, etcétera, al entrar a la sala de juicio y después de haber identificado al testigo, lo primero que se le dice es que se le va a tomar la protesta de ley y acto seguido proceden a manifestarle a quien rendirá su atesto, que si “protesta decir la verdad de todo lo que declare y que las personas que declaran con falsedad, cometen un delito que la ley sanciona con pena de prisión, acto seguido se le dice al testigo que ahora que está enterado de que mentir es un delito, protesta conducirse con verdad. Y entonces el testigo inicia con su declaración”.
En una reciente publicación de mi amigo el Dr. Gabriel Regino García, docente del área de posgrado en la Facultad de Derecho de la UNAM, al abordar este tema expresó: “El sujeto contemporáneo ya no dice ‘pienso, luego existo’, sino ‘miento, luego existo’. Mentir no solo es falsear; es producir una realidad simbólica en un mundo donde la existencia depende de la visibilidad.
En las redes sociales la vida se ha convertido en una arena de exposición permanente. Cada sujeto es su propio publicista, de tal suerte que, la autenticidad no se mide por la verdad, sino por la capacidad que tenga el sujeto para mantener la atención, y lo que ha ocurrido es que la mentira dejó de ser una excepción a la moral para convertirse en un mecanismo de supervivencia. Es muy común que en los juicios del orden penal, civiles, familiares o laborales, para acreditar determinados hechos se ofrezcan testigos que rendirán su declaración, no obstante que la misma esté alejada totalmente de la verdad. El testigo es falso, no conoce los hechos pero procede a declarar porque la protesta de ley que le tomó el Secretario de Acuerdos no vale nada; el testigo sabe perfectamente que es ajeno a los hechos, que no los conoce, que nunca los presenció y por lo tanto no le son propios; sin embargo, rendirá su declaración porque a cambio de ello ha recibido una cantidad muy significativa de dinero que le beneficiará y a él en nada en lo absoluto le importa que un imputado pudiera obtener su libertad en base a un falso testimonio. En otros casos, rendirá su declaración por los vínculos de amistad que lo unen con la parte actora o con la demandada. A nadie le intimida la amenaza estatal de ser sancionado por haber mentido y el abogado oferente de la prueba, seguramente que se sentirá muy satisfecho por el resultado de ese testimonio y se sabrá o al menos lo creerá que es sumamente inteligente e intrépido por la burla y la falta de honestidad con que se ha conducido.
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A ese grado de inmoralidad y corrupción hemos llegado.
P.D. Envío un saludo afectuoso al Dr. Mario Herrera Zarate, ex director de la Facultad de Derecho de la UABC en Tijuana, B.C.
Benigno Licea González, es doctor en Derecho Penal y Derecho Constitucional; fue presidente del Colegio de Abogados “Emilio Rabasa” y actualmente preside el Colegio de Medicina Legal y Ciencias Forenses de B.C.






