“Morir en la raya. Con Dios todo, sin Dios nada”.
Refranero Selecto Mexicano
Durante 24 años don Miguel Ángel Alba, sacerdote regiomontano, maestro del Seminario de Monterrey, fue obispo de la extensa diócesis de La Paz, Baja California Sur. De misión en misión, de pueblo en pueblo, consumió su vida entre el humo del cigarro y el polvo de los caminos. Pastor con olor a ovejas. Entre sus compañeros el diplomático y pensador del Ateneo de la Juventud, don Agustín Basave Fernández del Valle.
Don Miguel Ángel Alba, como obispo se encontró con el Dios sudcaliforniano que hace 300 años (1697) descubriera Juan María Salvatierra, misionero jesuita fundador de Nuestra Señora de Loreto. En el rostro de los guaycuras, cochimíes y en la península regada por el Cortés y el Pacífico, el calor y el frío. Como obispo sudcaliforniano don Miguel le advirtió a su gente: “Les perdono la misa dominical, pero no que dejen de votar este 1 de junio de 2024”. A las provocaciones y vociferaciones lopezobradoristas, argumentaba don Miguel: “Pues entonces que el gobierno pida perdón por tantos crímenes que cometió durante la persecución anticatólica en 1926-29”. Y nadie dijo nada. Claridoso y directo como buen regio.
Al cumplir 75 años de edad, el Papa León XIV aceptó su renuncia canónica, y ante el nuncio papal Joseph Spiteri, al borde de las lágrimas dijo que no era un cambio, como el de Monterrey a Oaxaca, o a La Paz; esta vez el cambio duró un día, porque Dios lo llamó a su presencia en la Presentación del Señor (2 de febrero), como haciendo suyas las palabras del anciano Simeón: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz”.
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Febrero de 2026, empezó con el adiós a Gustavo Sánchez Vázquez, admirable abogado, inspirado como sus hermanos en la figura del jesuita fundador de la Península, el padre Salvatierra. De adolescentes entusiasmados por el padre Francisco Xavier Esparza, fundador del Instituto Salvatierra. En su casa, anualmente, el padre Jesús Gómez Fregoso, jesuita jalisciense, compartía su presencia por Navidad y Año Nuevo. Entre tantos temas y asuntos, rescatar la memoria histórica de las Californias. Proyectos impulsados por el arquitecto Víctor Hermosillo Celada, a quien sigue admirando la persona del padre Salvatierra y las misiones jesuíticas. Por eso la portada de la Misión de Loreto en la calzada Cetys y San Pedro Residencial. Y la Glorieta al Padre Salvatierra en Los Pinos.
Don Miguel Ángel Alba como obispo de La Paz, ha honrado con su sencillez y fatigas la memorable vida de sus antecesores misioneros de los siglos XVII al XXI. Por veinticuatro años recorrió la península, hasta morir un día después de su renuncia. Y al buen Gustavo Sánchez Vázquez, Dios le concedió poner el evangelio al servicio de la política en Baja California y en México, como diputado, alcalde, senador de la República. Abogado litigante por más de 35 años, no se doblegó ante la demagogia, la simulación, fraudes, a causa de la ruindad y avaricia de la vida política nacional. Gustavo Sánchez fue, con sus hermanos y amigos, testigo de los cambios más importantes en la vida democrática y alternancia política por el caso de Baja California en agosto de 1989. Fenómeno humano que está vigente ahora en particular, y que en un sector consideraron oportuno postular a gobernador a hombres como el Senador Gustavo Sánchez; y no fue así porque su salud se quebrantó recientemente, y su muerte ha sido sorpresiva.
Tanto el Obispo como el Senador, fueron hombres de Fe. Uno en el episcopado, otro en el parlamento. Y lo hicieron bien, y rectamente. Podemos decir, como Simeón ante el Niño Jesús, que el Pastor y el Político han sido puestos como “Luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel”.
Germán Orozco reside en Mexicali, B.C.





