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lunes, febrero 9, 2026
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Buen viaje

Marco en mi computadora: dos camisas de manga larga y una de manga corta, dos pares de pantalones, un saco, ropa interior para dos días, un pijama, dos pares de calcetines, una bufanda. También le pido mis adminículos de aseo y los cables para los diversos aparatos electrónicos que uso como el celular, el IPad y los aparatos auditivos.

La computadora empieza a dar instrucciones a mi robot, quien inmediatamente va colocando la ropa y los demás enseres en mi veliz pequeño donde caben con precisión. El veliz tiene unas marcas en color naranja que me permiten distinguirlo a distancia y tiene un sensor que inmediatamente me permite encontrarla en una multitud.

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¡Cómo ha cambiado el mundo! Antes llegar al aeropuerto era enfrentarse a una multitud de maletas hasta reconocer la nuestra, después de toparnos con dos o tres similares; hoy al abrirla, está todo perfectamente ordenado por el instructivo que le hemos dado a la computadora. El veliz se mueve en automático con un pequeño motor que le obliga a seguirnos, cual perro faldero e incluso puede subir banquetas y escalones.

También el veliz tiene un sistema de comunicación que le permite mostrar en el aeropuerto el pasaporte, la visa y el boleto de abordar, sin que yo, pasajero, tenga que hacer nada pues la comunicación es inmediata entre el aeropuerto y mi sagrado veliz.

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Otro dispositivo del veliz es que permite sentarse en él y transportarse sin necesidad de caminar, es como si fuera un pequeño scooter. Todo eso y más ya existe y se empieza a utilizar.

Qué tiempos aquellos en que uno cargaba el veliz o lo buscaba entre muchos otros o se pasaba un par de horas llenándolo; hoy todas esas dificultades las ha borrado la tecnología. Al regresar de nuevo nos encontramos con el robot que vacía el veliz separando lo usado de lo no utilizado, lo que facilita un buen reacomodo. Estamos a final del siglo XXI, muchas cosas extrañas están pasando ya, como los automóviles auto manejados y los voladores que permiten trasladarnos en forma segura y aérea.

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Este veliz junto con el robot son un descanso para el cuerpo y para la mente, por lo que se entiende al veliz subiendo a un carro automático que vuela por los cielos y nos trae la carga deseada desde un almacén donde se encuentra guardado nuestro robot.

Así, pues, lo que es tangible es que el mundo cambia y que esperamos nuevos inventos para comodidad del ser humano.

¡Buen viaje!

 

José Galicot es empresario radicado en Tijuana.

Correo[email protected]

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