Luego de una breve temporada de ausencia de los escenarios, la banda californiana Pastilla regresa a la entidad con nueva música en puerta. En conversación con ZETA, Monroy (voz) dialogó sobre cómo la paternidad y el paso del tiempo han modificado su creatividad, al tiempo que buscan conservar el ritmo y lírica que dio origen a la banda, con una evolución artística crítica y consciente.
“Siempre hemos dicho que la música de Pastilla no es política, sino de amor: canciones de cosas que nos hacen felices, y nos encanta compartirlas para quitar el estrés, aunque sea por un rato. No regresamos por nostalgia noventera, sino para festejar que todavía encontramos la manera de estar alegres haciendo música, ahora, inevitablemente, con tinte político. No me considero político como Molotov, pero inconscientemente se mezcla un poquito en las nuevas canciones” señaló Monroy sobre el panorama que atraviesa Estados Unidos en materia migratoria, así como del papel del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
Lejos de convertirse en un giro abrupto, esta presencia de la realidad en sus letras aparece como consecuencia natural del momento.
“Me da miedo por las generaciones que vienen. Últimamente escribo mucho sobre mis hijos. Creo por mi edad. Las letras se basan en la cotidianeidad. El proceso cambió de crear con guitarra acústica a estructurar maquetas en el estudio, y después letra y melodía”, declaró el letrista de “A Marte”.
Ese proceso convive con una escucha constante de lo que ocurre fuera de su propia generación como una manera de mantenerse conectado sin perder identidad.
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“Trato de estar en contacto con el mainstream por medio de mis hijos, que son los que escuchan música nueva y siempre me están diciendo ‘papá, escucha esta banda y esta otra’. Uno necesita inspirarse, reciclar, tomar cosas de aquí y de allá y seguir escuchando música, pero nunca pierdo el sonido peculiar que Pastilla ha brindado”, subrayó.
Por otra parte, junto a Eric Rubalcava, Yayo Trujillo y Chuy Michel, Pastilla se encuentra en la fase final de grabación de un EP de seis canciones, resultado de un largo proceso, donde la prisa, explicó el vocalista, dejó de ser una prioridad:
“Llevamos casi un año grabando este último EP porque nos hemos tomado el tiempo de estructurar bien las canciones y meter las baterías que en verdad queríamos. A veces al final no quedas a gusto, y ahora sí nos dimos ese tiempo. Esperamos que en los próximos meses podamos presentarlo”, y adelantó que las canciones dialogan con el paso del tiempo y un mundo que se percibe cada vez más diferente.
“Hay canciones que hablan de cómo en la vida se cometen errores y de los errores es como vas aprendiendo y forjando tu camino. Me gusta hablar de cómo se pasa el tiempo, de cómo uno piensa que vive para siempre y de un abrir y cerrar de ojos se va la vida. También de lo que estamos viviendo políticamente en todo el mundo, este movimiento de nacionalismo blanco que se está esparciendo y que es preocupante. Poco a poco estamos perdiendo libertad sin darnos cuenta y la gente está como en un sueño”.
En cuanto a su regreso a Tijuana mañana 31 de enero en Black Box junto a Vitálico y Bardos, mostró entusiasmo por reencontrarse con Tijuana.
“Tenemos preparado un buen show, sobre todo porque Tijuana es una plaza muy importante para nosotros. Vamos a tocar desde el primer disco de Pastilla (1996) hasta los covers que hemos hecho, como el de José José, ‘Lágrimas’. También canciones de ‘Vox Electra’, de ‘Hey’, ‘A Marte’, y canciones que nos piden y casi nunca tocamos. Esta vez están muy preparadas para que la gente las pida. Incluso vamos a estar tomando peticiones en vivo; si alguien quiere escuchar alguna, nos dicen y la tocamos. Siempre tocábamos allá. Tengo muchos amigos ahí, me gusta mucho la ciudad, la variedad de cultura que existe, porque cruzando la frontera luego los tacos saben mucho mejor”.
En ese cruce entre memoria, conciencia y presente, Pastilla vuelve como una pausa para mirar lo recorrido que aún tiene mucho que decir.






