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lunes, enero 26, 2026
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La Cristiada en el norte

“De la norteña a la tapatía, la primera tuya, la segunda mía”.

Refranes mexicanos, Luis Sandoval Godoy

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La Cristiada o La Cristera. El tema es abundante, pero a un siglo se reduce erróneamente a ciertas regiones de México.

Aunque la Liga Defensora de la Libertad Religiosa (LDLR) tuvo más miembros en Chihuahua que en la Ciudad de México, e incluso un mártir canonizado por Juan Pablo II, San Pedro de Jesús Maldonado, habría que investigar como afirma Jean Meyer que la persecución religiosa no tuvo eco en el norte, y en especial en la Península de Yucatán; hora sí que habría que ver.

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Nos consta en el caso de Baja California, Sonora y Chihuahua, que sí hubo persecución religiosa en el norte de México.

Vale preguntar a un siglo de la persecución que inició cronológicamente del 31 de julio de 1926 al 30 de junio de 1929, quién gobernaba México: los sonorenses Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta y Abelardo Rodríguez. Dos de ellos “convertidos” en San Diego, California.

Foto: Germán Orozco Mora/Templo en sitio de martirio de Santo Toribio Romo. Barranca de Tequila, Jalisco

El episcopado mexicano, a través de sus arzobispos y obispos ordenaron un 31 de julio de 1926 cerrar los templos y en la clandestinidad celebrar misas y sacramentos.

Los templos de La Paz, Ensenada, Tijuana, Mexicali, y no se diga Sonora fueron cerrados por órdenes del episcopado y del gobierno. En el caso de Mexicali, capital del Territorio Norte de Baja California, gobernado por el General Abelardo L. Rodríguez, de octubre a mayo vivía en la ciudad, y de mayo a octubre en el aún existente -vestigios- Campo Alaska, en La Rumorosa.

En el Informe Administrativo del Distrito Norte de Baja California, Don Abelardo expresa que “el elemento clerical, está controlado”, es gobernador, no presidente, tiene que informar a la superioridad, a otros sonorenses Calles y Obregón. Rodríguez justificaría los casinos y burdeles en la frontera, aunque las madres le rueguen que sus esposos se pierden en el alcohol y los vicios, destruyendo la familia, que se gastan el magro salario en las apuestas y lupanares.

La UABC ha publicado la tesis doctoral Los Casinos, el origen de la riqueza de Abelardo Rodríguez. Le suena, antes de Ensenada: El Sauzal de Rodríguez, como ahora el desastroso desarrollo del sureste mexicano. Unos con el tren Sonora-Baja California (1930’s) y ahora el Tren Maya, subsidiado con miles de millones, sin poder conocerse casi nada por “seguridad nacional”.

Cierto los perseguidores convertidos, Calles y Abelardo, entonces hubo o no persecución en el norte de México. Al menos los dos sacerdotes en Mexicali, italianos del Seminario de Misiones extranjeras de Roma (San Pedro y San Pablo), fueron expulsados por el gobernador del Distrito Norte, por San Ysidro, Ca. Permaneció en Mulegé hasta 1940-50. El padre César Castaldi, no como sacerdote, sino por ser boticario de profesión (vea usted en internet The Castaldi Collection). El padre Juan Rossi, fundador con Castaldi del primer templo en Mexicali un 18 de julio de 1918, tras su expulsión, fue enviado por el Arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jiménez (siervo de Dios), para encargarse de los cachanillas. El padre Gabino García Gómez, nacido en 1882 en Yahualica, Jalisco, fue quien bautizó en Caléxico, California, al niño Alfonso Che Fimbres (1926).

La tesis doctoral de Jean Meyer, presentada en La Sorbona, fue en el área de literatura. No es una tesis para el doctorado en historia.

Recientemente Pedro Molina (Tijuana), ha logrado en el Colegio de México (Colmex) aclarar muchos aspectos eclipsados de la historia eclesiástica de Baja California (territorio y vicariato).

Foto: Germán Orozco Mora/En el Cerro del Centinela (Mexicali) un milagro a migrante (1992). Aquí lugar de su martirio

Aún hoy, pues a pesar de que los historiadores saben que la persecución religiosa (1926-29) y la segunda (1932-37) fueron en gran medida causadas por la intransigencia de “políticos” como Calles, Obregón, De la Huerta y Rodríguez, siguen sosteniendo el error de que no hubo persecución en el norte de México. Incluso habría que preguntarle a los neoleoneses o regios, si no hubo persecución o cristiada en Monterrey y Nuevo León, porque Enrique Gorostieta, el general cristero que quiso como a su hijo a San José Sánchez del Río, no fue recibido en la barranca de San Cristóbal por el arzobispo perseguido Orozco y Jiménez; incluso para sorpresa el arzobispo tapatío era originario de Zamora, Michoacán, donde ahora el Papa León XIV ha nombrado como nuevo obispo titular a Don Joel Ocampo Gorostieta.

Capítulo aparte merece el oaxaqueño primer arzobispo de Sonora, Don Juan Navarrete y Guerrero, contemporáneo en la persecución y vida pastoral del señor Orozco y Jiménez. Navarrete llegó a Sonora por Arizona (Nogales) en 1919, perseguido primero por los revolucionarios carrancistas y luego por los sonorenses como Calles y Obregón; le salvó la vida en Los Ciriales (Nacori Chico-Bacadehuachi), el médico militar sobrino de Don Plutarco: Don José Noriega Calles, en 1935.

¡Claro que hubo persecución religiosa en el norte de México!

 

Germán Orozco reside en Mexicali, B.C.

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