A sus 18 años, Isabela Montes no sólo baila, irrumpe. Desde escenarios donde históricamente no hubo lugar para cuerpos diversos, su presencia se vuelve un gesto político y artístico. El 2025 marcó un punto de inflexión en su carrera, al convertirse en la única bailarina inclusiva en el Tianguis Turístico de Baja California y domar competencias nacionales.
De esta manera inicia el nuevo año con aprendizajes que hoy alimentan su mirada hacia el futuro cargado de nuevos retos, competiciones y proyectos que buscarán seguir abriendo su camino. Para Isabela, hablar de su diversidad funcional forma parte de una narrativa de autenticidad y fortaleza artística.
“A mí no me molesta que se hable de mi silla de ruedas porque es algo que le falta visibilidad; porque, por ejemplo, yo que puedo caminar un poco, la gente a veces lo pregunta, no saben cómo es y no en mala forma. Yo tengo una discapacidad que se llama espina bífida, otra que se llama hidrocefalia y eso no me detiene. Siempre digo que la gente nada más ve la silla de ruedas, pero no ve lo que hay detrás. Un montón de esfuerzo”, mencionó a ZETA.
En 2025, la carismática bailarina dio un paso decisivo al adentrarse formalmente en el circuito de competiciones. Primero fue en su ciudad natal, Tijuana, donde participó en la eliminatoria México Dance Convention, que derivó en la creación de una categoría inclusiva, impulsada por su deseo de competir.
Aunque en un inicio fue la única participante en la categoría, su desempeño fue suficiente para avanzar a la final nacional celebrada en Cancún, donde presentó su primer solo en el género lírico.
Más allá del resultado, la experiencia resultó profundamente transformadora, pues tomó clases magistrales, participó en talleres con maestros de talla internacional y vivió una inmersión artística que fortaleció su identidad como bailarina, llevando en alto el nombre de Baja California.
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Nada en la carrera de Isabela es improvisado. Detrás de cada presentación hay meses —a veces más de medio año— de preparación rigurosa.
“Si vamos a presentar un número donde está bailando una persona con discapacidad, tenemos que hacerlo con dignidad”, y agregó: “Nos preparamos muchísimo, incluso más que una bailarina convencional, porque queremos mostrar que también podemos hacer las cosas bien”.
Ese nivel de exigencia se traduce en jornadas de hasta tres horas diarias de entrenamiento, de lunes a viernes, explorando jazz, lírico, ballet, contemporáneo, urbano y jazz funk.
El 2026 se perfila como un año interesante para Isabela que ya tiene en la mira competencias en Los Ángeles, Rollettes Experience (junio), una convención internacional que reúne exclusivamente a mujeres bailarinas en silla de ruedas.
Su vínculo con este proyecto es amplio, pues ganó la categoría Teens y Best Champion 2025 en Boundless Talent Show by Rollettes, donde sobresalió entre más de 50 participantes.
La bailarina se muestra entusiasta y decidida, dejando atrás los posibles “no” para convertirlos en un rotundo “sí” que ha definido y fortalecido su trayectoria artística: “Bailar es mi manera de sentirme libre, de expresar lo que la gente me obliga a callar”.





