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sábado, junio 15, 2024
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“La ficción permite pensar sobre la historia”: Sergio del Molino

“Yo creo que la literatura puede iluminar muchos conceptos, a lo mejor, a los que la historiografía no pude llegar”, expresó a ZETA el autor de “Los alemanes”, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2024

Una de las obras más esperadas del año por los lectores es indudablemente el Premio Alfaguara de Novela, certamen literario que data de 1998. Como cada marzo del año, en esta ocasión empezó a circular en librerías “Los alemanes”, obra con la que Sergio del Molino (España, 1979) ganó el XXVII Premio Alfaguara de Novela 2024, cuyo certamen coincide con el LX Aniversario del sello, actualmente de Penguin Random House Grupo Editorial.


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Integrado por Sergio Ramírez, Juan José Millás, Rosa Montero, Manuel Rivas y Laura Restrepo, además de Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara (con voz, pero sin voto), el Jurado asentó en el acta:

“En cuanto a la novela ganadora (el Jurado) desea destacar su maestría para narrar un suceso muy poco conocido de la historia española relacionado con las mutaciones del nazismo y con hondas consecuencias en el mundo actual. Oscuros secretos familiares encierran un pasado amenazador capaz de destruir el presente. ¿Heredan los hijos la culpa de los padres? Una novela apasionante que pone a prueba la conciencia de los personajes y que sacude la del lector”.

De esta manera, Sergio del Molino se une al selecto elenco de ganadores del Premio Alfaguara, en el que figuran Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Laura Restrepo o Juan Gabriel Vásquez, por citar algunos.


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“Me siento muy orgulloso y muy incrédulo porque es verdad que hay algunos nombres por ahí muy impactantes; muy feliz de estar en este club de los alfaguaros y las alfaguaras, muy feliz”, declaró a ZETA Sergio del Molino para empezar, en su visita a México para presentar su laureada novela.

“TODOS TENEMOS UN PASADO QUE NOS INFLUYE”

Sergio del Molino aborda en “Los alemanes” un pasaje de la historia poco conocido, pero que ya había abordado desde el periodismo: la colonia alemana en Zaragoza, España. “En 1916, en plena Primera Guerra Mundial, llegan a Cádiz dos barcos con más de seiscientos alemanes provenientes de Camerún. Se han entregado en la frontera guineana a las autoridades coloniales, por ser España país neutral. Se instalarán, entre otros sitios, en Zaragoza y formarán allí una pequeña comunidad que ya no volverá a Alemania. Entre ellos estaba el bisabuelo de Eva y Fede, quienes, casi un siglo después, se encuentran en el cementerio alemán de Zaragoza en el entierro de Gabi, su hermano mayor. Junto con su padre, son los últimos supervivientes de los Schuster, una familia que llegó a formar un importante negocio de alimentación. Pero en los tiempos que corren el pasado siempre puede regresar para levantar ampollas”, advierte Alfaguara sobre la novela histórica de Sergio del Molino.

Cortesía

En esta época de WhatsApp y Facebook, en “Los alemanes” todo gira en torno a Gabi Ese, que acaba de morir y ahora yace en el cementerio alemán donde también reposan los restos de sus antepasados y otros teutones que llegaron a Zaragoza desde 1916. Alrededor de Gabi y el cementerio dialogan tres generaciones: la actual con los nietos, un siglo después; los padres que vivieron en tiempos de la II Guerra Mundial; y los abuelos en la I Gran Guerra. En esa conversación entre generaciones, las verdades salen a flote.

“El pasado se vuelve presente en cuanto lo tocas”, dice un personaje a otro en “Los alemanes”. ¿Por qué el pasado siempre está latente?

“Todos tenemos un pasado que, conozcamos o desconozcamos, nos influye mucho en el presente, nos configura, nos determina cómo somos. El pasado, además, va cambiando constantemente, porque el pasado no son un conjunto de hechos que sucedieron, sino un conjunto de cuentos que nos vamos contando acerca de lo que ha sucedido, y eso pues va cambiando, va transformándose, va cuestionándose. Hay cosas que resulta que nos creemos alguna vez y otras veces dejamos de creernos, son un conjunto de mitologías que configuran las familias y que configuran los países”.

“Ese pasado, cuando lo miras un poquito de cerca, casi siempre se vuelve problemático, casi siempre se vuelve inquietante para el presente y se transforma. Según quien lo mira, según quien lo toque, es un pasado o es otro. Con ese material jugamos los novelistas, con ese material jugamos los que fabulamos, mucho más que los historiadores. Los historiadores también trabajan con eso, pero los novelistas con muchísima más libertad y desde un punto de vista más especulativo; por eso nos interesa esa manipulación del pasado que puede hacer alguien perverso cuando nosotros no lo conocemos. Si nosotros no conocemos nuestro propio pasado, pues alguien se va a empeñar en conocerlo por nosotros y probablemente lo va a usar para hacernos daño”.

“ME INTERESA LA GENTE QUE SUFRE LA HISTORIA”

Mientras transcurre “Los alemanes”, algunos descendientes teutones se enteran que sus familiares participaron de alguna u otra forma en la II Guerra Mundial del lado del nazismo, pero juzgar 80 años después a la gente común que luchaba por comer o sobrevivir, sabiendo actualmente lo que pasó, es un despropósito.

Platícanos de esta advertencia de que a pesar de que ya sabemos la tragedia que contrajo el nazismo, no lo manejas como una justificación fácil.

“Estos alemanes del Camerún instalados en España entendieron que la llegada de Hitler les devolvía la Alemania que ellos habían perdido, entonces su entusiasmo fue enorme. Yo imagino, esto entra ya en el terreno de la justificación, que no todos los que se afiliaron al Partido Nazi, no todos los que apoyaron con entusiasmo el advenimiento del Tercer Reich lo hicieron en el mismo grado; y que hubo gente más o menos indiferente -como lo hay en todas las épocas- que se vieron arrastrados por el entusiasmo de los demás, y que a lo mejor no eran antinazis ni eran críticos. Sencillamente era gente conservadora que se dejaba llevar por la historia”.

“A mí me interesa mucho la gente que sufre la historia, no la que la hace. Creo que la mayoría de la gente sufrimos la historia, y creo que lo dice el personaje de Berta alguna vez hablando de su abuelo Oskar Klein que acaba en el frente ruso; yo creo que lo que hace la mayoría de la gente es intentar vadear las corrientes de la vida como mejor puede y sobrevivir a ellas como mejor puede. Y esto, los alemanes, yo creo que lo hicieron desde una posición ciertamente privilegiada; hicieron lo mismo. El personaje de Oskar Klein, el abuelo de Berta, yo creo que representa mucho la idea del hombre medio arrastrado por las circunstancias históricas, que si no se hubiera visto envuelto en la gran catástrofe del Siglo XX, pues su vida hubiera sido perfectamente anodina, perfectamente normal, pero se vio de repente inmerso en el corazón del mal”.

“A mí me interesan mucho esas vidas marcadas profundamente por la historia cuando parece que todo tiene que ver con entusiasmos: se ve en la II Guerra Mundial, pero se ve mucho mejor en el caso de la Guerra Civil Española, donde había dos bandos muy enfrentados, muy ideologizados; y parece que estaban combatiendo dos ideas, pero en realidad el número de fanáticos en un bando y en otro era mínimo: eran los que mataban, eran los que dictaban las batallas, pero la inmensa mayoría de los dos bandos no tenía creencias fuertes ni iba a combatir por convicciones, sino porque se vio arrastrado por la historia. Bueno, pues eso le pasa a la inmensa mayoría y eso le pasó a estos alemanes de Camerún, que se vieron arrastrados por la historia y reaccionaron como medianamente pudieron”.

ENTRE LA NOVELA Y EL ENSAYO

“Los alemanes” de Sergio del Molino es una novela coral con pasajes ensayísticos, que oscila entre la ficción y el mundo del pensamiento donde puede leerse ideas como “El nazismo también arrasó la lengua alemana”; “Heimat significa patria; pero no una patria oficial y administrativa, sino algo mucho más etéreo, un concepto que para algunos es muy estúpido y para otros resume la complejidad poética, evocadora e incognoscible”; “Ya sé que opinas que la banalidad del mal es un cliché y que no entendemos lo que Hannah Arendt quería decir…”; “En España, la clase social se nota en la mesa”, por citar sólo algunas.

¿Qué posibilidades te da la novela de entrar en el ensayo?

“La novela es un género proteico que permite absolutamente, prácticamente todo y permite introducir todos los demás géneros, incluida la poesía. Hay muchas líneas de pensamiento que se pueden trabar y que yo en este caso he elegido introducir en modo conversación platónica. La parte doctrinal de la novela, la parte de pensamiento, está introducida por conversaciones que tienen varios personajes, que tienen Fede con Peter, su maestro. Casi siempre está Fede en medio de las conversaciones porque Fede es el intelectual, es el que cataliza un poco todas las historias del pensamiento; Fede con Berta, Fede con Eva a veces. Hay otros personajes que también tienen su parte doctrinal, su parte de pensamiento que la van exponiendo”.

En cualquier caso, sin tornarse densa, la conversación fluye entre las ideas ensayísticas que propone el escritor:

“A mí me gusta mucho esa forma de introducir el pensamiento a través del diálogo, a través de la conversación, porque creo mucho en el intercambio platónico y en cómo podemos pensar conversando. A mí me interesa mucho la conversación, me encanta; me parece uno de los grandes placeres intelectuales y, si está bien hecha, una de las formas del pensamiento, de desarrollar pensamiento -no de exponerlo sino de desarrollarlo-, más interesantes. Entonces, podía haberlo hecho con otro recurso, pero en este caso me interesaba mucho hacerlo a través de la conversación. Es una novela muy dialogada, una novela con grandes conversaciones donde se introduce mucho material ensayístico y mucho material de pensamiento que tiene que ver con lo que le sucede a los personajes y con los dilemas que se van enfrentando de una forma u otra”.

“LA FICCIÓN PERMITE PENSAR SOBRE LA HISTORIA”

El pasaje de la colonia alemana en España que venía de Camerún es un episodio poco conocido en la historia. Actualmente, quizá algunos lectores se han enterado sólo por la novela “Los alemanes” de Sergio del Molino; no obstante, advierte que “la literatura no sustituye a la historiografía”, aunque “puede iluminar muchos conceptos, a lo mejor, a los que la historiografía no pude llegar”.

¿Qué papel  juega la ficción al recrear la historia?

“Hay una cita de Walter Benjamin, del filósofo pero también escritor -yo creo que era más escritor que filósofo en muchos aspectos-, que dice que ‘El pasado nos interesa en la medida en que conforma el presente’. Desde la ficción podemos ver, podemos reinterpretar, podemos intuir, imaginar a través de los personajes, qué nos hace ese pasado y poder ponernos en la piel de otros, pero no nos enseña historia; es decir, si queremos aprender historia tenemos que ir a leer a los historiadores”, refiere contundente.

Luego argumenta: “La literatura no sustituye a la historiografía; tienen funciones distintas y yo creo que complementarias. A mí me fascinan los historiadores que usan mucho la literatura para poder explicar épocas, para poder entender cómo pensamos sobre ello. A través de la literatura se va dibujando el pasado y se va viendo mejor que con la historia, a veces: cómo una sociedad, cómo un momento histórico, qué es lo que importa del pasado, qué es lo que no nos importa; bueno, eso se ve quizás mucho más a través de la literatura que a través de la historiografía. Pero yo no recomendaría aprender historia a través de la literatura, yo recomendaría aprender historia a través de la historia, eso sí”.

Finalmente, comparte hacia el desenlace de la charla con este Semanario: “Yo creo que la literatura puede iluminar muchos conceptos, a lo mejor, a los que la historiografía no pude llegar. La historia no se aprende en la ficción. La ficción permite pensar sobre la historia, pensar sobre la memoria, cómo recordamos, sobre qué nos hace en el presente la historia”.

Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Estudió Comunicación en UABC Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en Baja California en la categoría de Periodismo Cultural. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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