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lunes, mayo 6, 2024
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Murió el poeta estadounidense Jerome Rothenberg

Falleció el poeta estadounidense Jerome Rothenberg, este domingo 21 de abril, a la edad de 92 años:

“Después de toda una vida descubriendo apasionadamente nuevas posibilidades poéticas, Jerry falleció el 21 de abril de 2024, en la casa que compartió con Diane Rothenberg su esposa y colaboradora de 71 años”, emitieron sus redes sociales oficiales.


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“Hasta el final de su vida, permaneció activamente comprometido como poeta, antólogo e intérprete, y como un amigo devoto de su comunidad mundial”.

ZETA tuvo la oportunidad de entrevistarlo en 2017, durante la Feria del Libro de Tijuana, ocasión en que presentó el poemario “Testigo & milagros”, publicado en inglés y español por Cetys Universidad, Universidad Autónoma de Nuevo León y Editorial Matadero, bajo la traducción del poeta Javier Taboada, cuyo diálogo se reproduce íntegro a continuación.

JEROME ROTHENBERG: “ME GUSTARÍA PENSAR QUE NO HUBO HUMANIDAD ANTES DE MÍ”


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Una de las figuras más importantes de la poesía actual de Estados Unidos, Jerome Rothenberg, de 85 años de edad, presentó y leyó durante la Feria del Libro de Tijuana su más reciente poemario, “Testigo & Milagros”.

Publicado este año por CETYS Universidad, Universidad Autónoma de Nuevo León y Editorial Matadero, la edición en inglés y español fue aproximada al castellano por el poeta Javier Taboada.

Mientras tanto, el encargado de reseñar “Testigo & Milagros” fue el poeta mexicalense Jorge Ortega, quien comparte en la edición:

“Rothenberg aspira a resarcir la regencia de la voz primigenia, insobornable, apegada a la procuración de lo humano esencial a través de una relatoría simple, natural, cuya transparencia se vuelve quizás el mejor cáliz para destilar los misterios del aquí y el ahora, las incógnitas del cosmos y los callejones sin salida”.

En “Testigo & Milagros” convergen dos poemarios: “Un testigo más” y “Un poema de milagros”, de cuya traducción a cargo de Javier Taboada, Rothenberg expresó a ZETA:

“Estoy realmente muy contento con esta traducción de Javier Taboada; no intento comparar traductores, porque finalmente leer mis poemas en otro idioma es muy cercano para mí. Puedo juzgar si han sido traducido las cosas muy literal, pero no escucho poemas que están en francés como escucha un hablante nativo; además, me gusta la poesía de Javier Toboada, tenemos la misma creencia que los poetas deben traducir a los poetas; aunque hay poetas que lo hacen mejor que otros y hay poetas que no traducen tan bien”.

Jerome Rothenberg. Foto: Enrique Mendoza

En entrevista de ZETA, con la traducción del poeta Javier Taboada, Rothenberg rememoró su infancia y, sobre todo, la influencia que el escritor William Carlos Williams tuvo en su vocación de poeta:

“Es muy complejo reconstruir la niñez, al menos la mía. Desde mi infancia más temprana tuve cierta facilidad por la escritura y decidí escribir; tal vez fue sencillo también, porque yo estaba atrapado entre dos idiomas: el idioma de mis padres, el ídish, de los judíos de Europa Oriental, y el lenguaje del mundo en el que yo estaba creciendo, el inglés de las calles y de las escuelas de Nueva York; aunque es difícil recordar, tuve que asirme del nuevo lenguaje, el inglés norteamericano”, refirió acompañado por su esposa Diane.

“No estoy seguro, tal vez estoy haciendo una ficción de esto, pero fue reforzado para mí cuando conocí al viejo poeta norteamericano William Carlos Williams, estaba yo en el colegio de la Universidad Estatal de Nueva York en la que estudiaban los hijos de migrantes. Recuerdo que Carlos Williams dijo esto y yo lo apunté porque me pareció importante, hablando del idioma inglés, dijo: ‘Es tuyo, tómalo, hazlo propio; tómalo y reviéntalo’; es algo que recuerdo de hace mucho tiempo atrás, hace 65 años: ‘Destroza el lenguaje, tienes derecho a hacerlo’. Así que tal vez sea ficción, tal vez sea real, pero es una de las posibilidades”.

— ¿Cómo supo usted que sería poeta?

“Lo supe tempranamente, como a los 15 o 16 años. Yo sabía que iba a ser escritor y, tal vez, específicamente poeta, aunque no sabía realmente qué era serlo, no tenía nada en específico. Tanto para mí como para otros, seguramente había algo en un sentido romántico respecto de la poesía, como un mito en torno a la poesía; estaba graduándome del bachillerato, salí joven, de 15 o 16 años; es típico que en high school se publique un anuario para los muchachos que se gradúan, y los muchachos que se gradúan establecen unas pequeñas líneas sobre qué van a hacer cuando entren al mundo real: yo me identifiqué a mí mismo como un poeta, eso fue bastante joven, pero no más joven que Rimbaud”.

— ¿Cómo era sus primeros textos que escribió en la adolescencia? Aunque las biografías empiezan con su primer poemario publicado, “White Sun Black Sun”, de 1960, cuando tenía 29 años…

“Como traductor mi primer libro fue ‘New Young German Poets’, de 1959. Algunos de los primeros poemas están recopilados en ‘White Sun Black Sun’, pero en ese tiempo adquirí un estilo de escritura que era diferente de los primeros poemas que estaba realizando. Antes de mi primer libro, ‘White Sun Black Sun’, había un conflicto que tenía y que era un conflicto general de ese tiempo entre la poesía tradicional, métrica, rima, entre una especie de innovación del pasado y un verdadero cambio respecto de lo que se escribía.

“Ese conflicto siguió, algunos tomaron esa veta tradicional; otros continuaron intentando abrir camino, y yo sobre todo pensando en esta imagen del doctor Carlos Williams, que era ‘destruir el lenguaje y por ende la poesía’.

“Desarrollé una fascinación por aquellos que a principios del Siglo XX fueron por ese camino de irrupción y una búsqueda novedosa para el uso del lenguaje o la recuperación de formas que se habían perdido, que aunque no siguiera las reglas, se nos estaba mostrando a quienes fuimos entrando a la poesía en esos años”.

 Al hablar con Jerome Rothenberg es imposible evadir una de las obras mayores de la literatura estadounidense, “Technicians of the Sacred”, a la que es posible llegar también siguiendo la veta que su autor encontró en lo que denomina “imagen jonda”:

— ¿Qué fue fundamental en su descubrimiento de la poesía? El ritmo, la musicalidad, la metáfora, la imagen, el verso, la estructura…

“Bueno, en el tiempo de ‘White Sun Black Sun’ me concentré en la imagen, pero no en la forma de la imagen de los viejos norteamericanos, sino acercándome a esta veta surrealista y otras formas que no son las de los autores norteamericanos. Entonces acuñé el término ‘imagen jonda’, como el ‘Poema del cante jondo’ (de Federico García Lorca), entonces, aquí era la ‘imagen jonda’. De ahí la idea de profundizar en ella desde el inconsciente o tal vez una profundización que provenga de la historia profunda, no solo mi profundidad, sino la profundidad universal, general.

“Creo que esas exploraciones primeras sobre la ‘imagen jonda’ me conducirían a los grandes libros posteriores como ‘Technicians of the Sacred’, que fue algo que encontré acercándome a estas culturas ‘jondas’ y profundas, son esas dos palabras; prefiero llamarles ‘jondo’, es mejor, tiene más fuerza”.

— Después de una extensa trayectoria, ¿llegó a alguna conclusión de lo que es la poesía?

“No, yo quisiera seguir ampliando esta visión, si alcanzo una conclusión estaríamos cerrando, tal vez eso fue lo que acabó problematizándome con el concepto de la ‘imagen jonda’, porque había mucho más a nuestra disposición como poetas, había profundidad pero había también superficie, si había imagen también había ritmo; quería encontrar formas nuevas para hacer poesía, que algunas pues eran mucho más antiguas o estaban clausuradas para nosotros, o que ni siquiera las conocíamos.

“No lo esperaba, pero cuando tuve la oportunidad de construir un libro como ‘Technicians of the Sacred’ me sorprendió hacer este trabajo sobre otros trabajos o basándome en otros libros, cuántas extraordinarias formas de lenguaje, de construcción de lenguaje o poesía o algo cercano a la poesía, aparecerían ante nosotros una vez que comenzábamos a buscarlos; esa fue la emoción al construir un libro como ‘Technicians of the Sacred’, la emoción diaria de estar encontrando estas formas o rituales primitivos que no son primitivos del todo, eso fue muy positivo para mí, las formas de la poesía habían cambiado tanto en nuestro propio tiempo como los poetas dadaístas que habían hecho poesía sin palabras, llenas de sonidos; pero luego regresamos y encontramos en muchas partes del mundo, los indios americanos o los campesinos rusos, haciendo formas extrañas como el glosolalia, que es el mismo fenómeno. Cosas que nunca hubiéramos concebido en nuestro propio experimento, entonces, mi experimento abarca impulsos del pasado profundo o del presente ‘jondo’”.

Así llega el momento en que el autor confiesa cómo llegó a la compleja sencillez que habita en “Testigo & Milagros”, cuya obra solo pudo haber escrito luego de 65 años de trayectoria:

— En su libro “Testigo & Milagros” abunda la sencillez, lo extraordinario, el milagro en la cotidianidad. ¿Cuál es el origen de “Testigo & Milagros”?

“‘Testigo & Milagros’ es un libro sobre la vejez, llega a mí después de 65 años de trabajo poético continuo, se centra en el proceso de pensar el mundo natural, nunca me he pensado como un poeta de la naturaleza pero mi mundo está atiborrado de lo ecológico, de lo salvaje, todas estas imágenes que provienen del mundo natural.

“El poema de ‘Milagros’ fue escrito en la celebración del cumpleaños número 80 de Jack Collom, mientras lo escribía me di cuenta que yo también iba a cumplir 80 años; pero el poema empezó con la idea de celebrar a Jack Collom, quien fue un explorador del mundo natural y salvaje, y mientras yo me dirigía a él, comencé a abordar el mundo físico como si fuera en sí mismo una especie de milagro, lo real como un milagro.

“Alcancé esto a través de la escritura, un poema que además tiene una dimensión formal, son 27 poemas breves cada uno de 14 líneas, el número mágico del soneto, o dividido en dos estrofas de siete versos”.

— ¿Podría hablarnos de los versos cortos, aparentemente sencillos, de “Testigo & Milagros”?

“Déjame confesarte que me cruzó la mente durante el tiempo que lo estaba escribiendo que esto como le pasó a Neruda en las ‘Odas elementales’, que es también el trabajo de un poeta viejo; el joven Neruda es monumental y se extiende sobre la página, y en ‘Odas elementales’ son versos muy cortos, lacónicos”.

— En “Testigo” escribe: “My word / for it / is not / enough” (página 22). Entonces, ¿puede haber poesía sin palabra?

“Bueno, sí; ése fue uno de los descubrimientos de los primeros poetas experimentales y de vanguardia antes de mí, y yo también intenté desarrollar una poesía sin palabras, poesía sonora, lo que creyó descubrir Hugo Ball en ‘Karawane’, esta poseía sin palabras que fue desarrollada.

“Tal vez siempre hay palabras escondiéndose de esas palabras que no lo son, o de los sonidos; cuando Hugo Boll en ‘Karawane’ dice: ‘jolifanto bambla o falli bambla / großgiga m’pfa habla horem’, tal vez detrás de esos sonidos se escoden algunas palabras que pueden no estar en la lengua, sino en lenguas diferentes.

“Cuando digo esto, ‘The mistery is in the words alone’, ‘My word / for it / is not / enough’, las palabras llevan un misterio, el misterio de la mente se extiende por el Universo como una propuesta; yo no puedo afirmar que la mente existe, aunque comienzo con una cita de Empédocles: ‘Todas las cosas poseen inteligencia y una porción del pensamiento’”.

— En “A Poem of Miracles” abunda como un descubrimiento de lo cotidiano. ¿Cuál es el papel como poeta en lo extraordinario de la cotidianidad?

“Muchos poetas se han abocado a la exploración de lo ordinario y siempre se encuentra un balance en la lucha entre lo extraordinario y lo ordinario. Cuando los más viejos románticos de la tradición inglesa, Wordsworth y Coleridge, se reunieron para construir un libro llamado ‘Lyric Balads’, Wordsworth lo explica y de hecho lo estoy parafraseando, decía que su intención era descubrir lo extraordinario en lo ordinario; y para Coleridge, encontrar lo ordinario en lo extraordinario. Pero Wordsworth lo que quería era descubrir lo extraordinario en lo ordinario. Estas son ideas que poetas fueron descubriendo mientras eran conscientes de esto, y han lidiado durante muchos años con esto y en muchos lugares distintos”.

— Considerando la aparente sencillez de “Testigo & Milagros”, ¿hubiese escrito estos poemas en los 60 o 70, cuando usted tenía 30 o 40 años?

“No, nunca, no lo creo. Solo puede haberlo escrito hace unos años, que es el momento en que lo escribí, porque creo que hay como un cúmulo aquí; si hubiera muerto antes no hubiera podido escribir, mi mente se fue moviendo, no lo pude haber escrito antes. Honestamente me gusta mucho lo que escribí en los 60, 70, y me gusta voltear y ver en qué medida la escritura ha cambiado para mí a través de los años, pero no sé si hoy escribiría lo que escribí en ese entonces; puedo apreciarlo como si fuera el trabajo hecho por alguien más, pero lo que he hecho en este tiempo es ir al trabajo previo de un modo muy minucioso, he hecho ya variaciones a mi propio trabajo, no paráfrasis, sino tomar palabras que están fuera de trabajos. Intento recombinar palabras aisladas en los trabajos previos y trato de reconfigurarlos”.

Hacia el final de la conversación, Jerome Rothenberg compartió reflexiones sobre etnopoesía, sobre el Premio Nobel de Literatura 2016 a Bob Dylan y en torno a poesía contemporánea:

— ¿Qué diría hoy de la etnopoesía?

“Bueno, yo creo que la etnopoesía o las etnopoéticas siempre ingresan a la escritura, y además, particularmente cuando escribía ‘Un testigo más’, en ese tiempo ya estaba trabajando en una nueva antología que se parece a ‘Technicians of the Sacred’ en muchos sentidos, un libro que trata sobre la poesía subterránea y ‘Outsider’ (Poems for the Millennium, Volumen 5, Barbaric Vast & Wild) y dejé que algunos de esos poemas se internaran en los poemas que estaba escribiendo; y de hecho, comenzando con aquella cita de Empédocles: ‘Todas las cosas poseen inteligencia y una porción del pensamiento’, quien fue un poeta presocrático, pero quien en vida gozaba de una reputación de poeta, sabio, como un chamán”.

— ¿Qué piensa del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan?

“¿Por qué no?, pero sí me preguntas qué pienso del Premio Nobel, es un gran premio para quien lo recibe, porque si inviertes bien el dinero que te dan, puedes pasar el resto de tu vida sin trabajar; muchos de mis poetas de los inicios del Siglo XX no recibieron el Premio Nobel, algunos eran muy buenos poetas, otros no han sido muy buenos poetas y lo han recibido. Bob Dylan, quien no tiene ninguna necesidad de un Premio Nobel, no es uno de los personajes que menos merecían el premio; lo que pasa tan a menudo es que realmente el comité del Premio Nobel quería tratar de decir algo, tiene siempre un término político”.

— Finalmente, ¿cuál es su comentario sobre la poesía contemporánea o la forma en que están escribiendo los jóvenes poetas?

“Cuando mi generación se acercaba a la poesía parecía que el experimento y lo radical ya se había terminado, que ya estaba agotado; sin embargo, fue un gran momento para nosotros porque pudimos sentirnos libres para crear algo nuevo, diferente y cambiando los medios con los que habían experimentado generaciones anteriores, descubriendo recursos que estaban a la mano, tecnologías, un poco después de que yo ya estaba en la poesía, pero podíamos escuchar nuestras voces, fue como una especie de milagro la primera vez que escuché mi voz, regresar hacia mí, los performances podían ser video grabados, nuevas formas de distribución, se empezaron a utilizar las computadoras y el uso posterior que le damos al día de hoy; no sé si en mi generación hubiese sido mejor no crecer con estas cosas, descubrir la computadora en el camino, en un punto en que nadie intente hacer nada con ella, entonces, todo es posible.

“Lo peor para una generación sería decirle a otra más joven ‘ya hemos hecho todo’, aunque hace mucho, ciertos y distinguidos viejos poetas me dijeron eso en ese entonces, no diré sus nombres, pero sí tuvieron el valor para decir ‘oh, ya hicimos todo eso’, y claro que no lo hicieron. Me gustaría pensar que no hubo humanidad antes de mí”.

Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Estudió Comunicación en UABC Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en Baja California en la categoría de Periodismo Cultural. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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