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viernes, junio 21, 2024
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Cortitos y devotos

Buenos días, Padre. Me enteré que una amiga quedó embarazada con un Ave María en su iglesia.

“No, hija, fue con un Padre Nuestro, pero ya lo despedimos”.


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***

¿Qué puedo hacer con mis pecados, señor cura?

“Ora”.


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Las tres y cuarto, pero, ¿qué puedo hacer con mis pecados?

***

¿Por qué los ángeles se ríen tanto?

Por la gracia de Dios.

Autor: De un confesionario.

Desde Tierra Santa

Una familia viaja a Palestina, la madre muere durante las vacaciones. Ante tal situación, la hija propone enterrarla en esa región porque su madre era muy creyente y cree que le gustaría que su eterno descanso fuera en Tierra Santa.

El hijo dice:

“¡No! De eso nada, tu madre pa’ España”.

La hija insiste:

“Pero si a ella le hubiera encantado…”.

Los hijos discuten por una hora, hasta que ella pregunta:

 ¿Por qué te empeñas en enterrar a nuestra madre en España?

“¡Porque aquí resucitó uno que enterraron hace más de dos mil años! O sea que tu madre pa’ España, ¿entendido?”.

Autor: Un viudo precavido.

Por qué…

¿Por qué las puertas de las iglesias son tan altas?

Para que entre el Altísimo.

¿Por qué el Padre es rockero?

Porque tiene una casa parroquial.

¿Por qué le llaman cura al cura, siendo el médico el que cura y no el cura?

Autor: Un curioso.

Señal de Dios

Un curita viajaba en un crucero por el Atlántico y a mitad del viaje el barco se empezó a hundir, todos cayeron al agua y el curita comenzó a nadar… nadó y nadó, hasta que se encontró con un viejito en un bote.

Súbase, Padre, yo le ayudaré.

“No, gracias, Dios me ayudará”.

El cura siguió nadando y luego se encontró con una lancha, desde la cual el capitán le dijo:

Súbase, Padre, yo le ayudaré.

“No, gracias. Dios me ayudará”.

Y siguió nadando, nadando y nadando hasta toparse con un barco, un yate y un helicóptero desde los que le ofrecieron ayuda, pero él siempre respondió lo mismo:

“No, gracias; Dios me ayudará”.

Después de tanto nadar, el pobre cura se cansó, se ahogó y murió. Llegó al cielo y ante la presencia de Dios, el cura reclamó:

¿Por qué no me ayudaste, si yo tanto creía en ti?

“¡¿Cómo que no te ayude?! Te envié un bote, una lancha, un yate, un barco…

Autor: Otro curita vivo.

Desmemoriado

Un anciano muere y va al Cielo. Allí es recibido por San Pedro:

¿Me puede decir cómo se llama?

“Es que no me acuerdo”.

A ver, pronunciaré algunos nombres y me dice si le suenan. ¿Carlos? ¿Luis? ¿Juan? ¿Antonio?

“No, creo que no. Ninguno me suena, aunque podría ser uno de esos”.

Desesperado, San Pedro va a ver a Jesús, a quien cuenta el caso del anciano. Entonces Jesús acude a hablar con él.

Mire, le haré unas preguntas, intente recordar, ¿de acuerdo? ¿En qué trabajaba? ¿Estaba casado?

“Creo que sí, era una mujer muy buena, casi una santa, creo recordar”.

¿Tenían hijos?

“Sí, uno, pero era muy independiente”.

Jesús llora de alegría y corre a abrazar al anciano, exclamando ¡Papá, soy yo, tu hijo!

En eso el anciano llora y emocionado responde:

“¡Pinocho!”.

Autor: Un vil títere.

Petición imposible

Un hombre caminaba por la playa, de repente alzó los ojos al cielo y, con toda la devoción que pudo, pidió a Dios que le concediera un deseo. Al verlo, se apiadó de él, exclamando su voz desde lo alto:

Pedid y se os dará.

“Mira, Dios: tengo una novia que vive en España, yo vivo en México y me cuesta mucho ir a verla. ¿No podrías construirme un puente que una a los dos países?”.

Eso que me pides, es un trabajo muy materialista. Tendría que erguir grandes pilares de hormigón que profanarían mis océanos. Debería emplear cientos de toneladas de hierro y asfalto. Reflexiona, hijo mío, pídeme algo que me honre y glorifique.

“Me he divorciado tres veces, me gustaría tener el don de saber escuchar a las mujeres, comprenderlas, saber por qué dicen no cuándo quieren decir sí y viceversa, qué quieren decir cuando callan, por qué lloran sin motivos. ¿Cuál es el secreto para hacer feliz a una sola mujer?”, cuestionó el hombre.

Desde lo alto, Dios carraspeó y respondió a ese deseo con una pregunta:

“¿De cuántos carriles quieres el puentecito?”.

Autor: Un residente de Tijuana.

Autor(a)

Gabriela Olivares
Gabriela Olivares
gabriela@zeta.com
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