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viernes, febrero 16, 2024
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Oposición de perogrullo

El INE en su plataforma registra que 93 por ciento de los mexicanos estamos por no dar más dinero a partidos políticos y enriquecer a sus dueños, y que al final beneficia a cadenas de televisoras. El 87 por ciento de la sociedad rechazamos a los diputados y senadores plurinominales. El 74 por ciento está a favor de que terminen los lujos y excesos en el INE y todos queremos que haya un árbitro electoral decente que no tolere fraudes ni manipulación del voto.

Celebramos que los disidentes ejerzan su derecho a la manifestación libre y pacífica, con la protección de las autoridades. Se viven libertades de convivencia entre tendencias enfrentadas políticamente. Sin embargo, tanto la vía legal en que fue instrumentado el llamado plan B del gobierno -con el respaldo de dos de los tres Poderes de la Unión- como el respeto a 160 mil marchistas, no puede ser autoritarismo, dictadura ni tiranía.


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¿Quién en su sano juicio va a estar por la desaparición del INE como institución democrática que opere resultados legítimos de consultas, elecciones nacionales y estatales? ¿Quién estaría contra la credencial de elector? ¿Quién atentaría contra el voto universal, libre y secreto? ¿Quién quiere desaparecer el INE como un cimiento democrático, que transparente la voluntad ciudadana?  ¿Quién quiere impedir que votemos libremente? Nadie, solo los fascistas profesionales de la mentira, que sí los hay en la cúpula golpista y en los medios mercenarios.

Pero sí necesitamos desaparecer y sancionar la compra de votos. Las tarjetas Monex, no torcer la libre decisión sobre qué programa y candidatos votar. Ahí sí existe un viejo inventario de intereses creados que tienen larga historia en todo México. Y estos vicios de una verdadera democracia urge erradicarlos.

Nadie en medio de una sociedad civilizada, que respete los principios de convivencia, podría estar en contra de principios cívicos e igualitarios que nos hagan parejos ante la ley-razón. Solamente los grupos extremistas, que desgraciadamente sí los hay en la pluralidad, sean de ideología empresarial fascista, nazi, que tienen un pie en la delincuencia y el crimen organizado. Minorías que acuden al recurso tolerado por un sector del poder y las autoridades a la violencia sistemática. Ellos se manifiestan, y con sangre, diariamente contra las instituciones democráticas. Los cárteles en Latinoamérica y sus jefes en EUA son la evidencia en sofisticado tráfico de armas y protección financiera.


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Esto sí sucede cuando boicotean la integración de las casillas electorales, queman urnas, amenazan a ciudadanos o los eliminan físicamente. Personalidades y grupos han sido asesinados por su desempeño cívico en zonas donde aún reina la barbarie. El INE está atado de manos y/o calla atropellos y gravísima violación de derechos políticos y humanos. 

De esto hay evidencias en  los medios dentro  y fuera del país. Especialmente donde los caciques tienen sus dominios con grupos paramilitares o sicarios, que rompen la legitimidad en sus comunidades.

Las instituciones no son perfectas, pero sí perfectibles bajo principios y consensos. El INE, como otras instituciones, como el Poder Judicial, tiene hoyos negros. Los pensados y armados por un régimen dominante de una ideología neoliberal que  profundizó la desigualdad social. Se le conocen mañas y que al final de 36 años nunca dio los resultados que prometió desde 1982, con Miguel de la Madrid-Carlos Salinas. Amparados en las privatizaciones, destrozaron los bienes públicos sin mejoras en salud y educación.

Con los tibios propósitos delineados en 2018 por AMLO, está intacto el sistema que exprime a los asalariados; sigue a sus anchas operando la explotación masiva como constante que enriquece a una minoría del 0.2 por ciento. Y esa maquinaria económica de inequidades, requiere trabajo sucio y criminal. Una de ellas, entre otras, es el Poder Judicial “autónomo”, sin ética, y el viejo INE como “árbitro” electoral que atropella derechos políticos.

Por si el abuso en salarios no fuera suficiente, si las reglas del sistema de trituración social, la cultura de esclavitud moderna, por si no bastaran, crearon drogas sintéticas que significa productividad extra por 50 pesos, donde miles trabajan incansablemente mejor maquinas. Estas drogas circulan sin que el Poder intente acabar con ese horror… Como en Ucrania.

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana.

Correo electrónico: profe.hector.itt@gmail.com

Autor(a)

Héctor Ramón González Cuéllar
Héctor Ramón González Cuéllar
Héctor Ortiz Ramírez Héctor Ortiz Ramírez Hector O 37 cygnus9304@hotmail.com
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