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jueves, diciembre 8, 2022
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Una novela “en tapatío”

El narrador jalisciense Antonio Ortuño entrega “La Armada Invencible”, editada por Seix Barral, en la cual cuenta la historia del rock metalero desde Zapopan y Guadalajara. La obra se presenta en el festival Tiempo de Literatura de Mexicali. “Temo que el tono como de discurso de banquete hace mucho que se comió a la literatura mexicana”, expresó a ZETA

Un narrador emblemático de Jalisco, nacido en la década de los 70, es Antonio Ortuño, dueño de una prosa reconocida allende las fronteras que acaba de publicar su más reciente novela titulada “La Armada Invencible”, editada por el sello Seix Barral de Editorial Planeta Mexicana, donde narra su versión del rock metalero.


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“Yo quería desde hace tiempo escribir algo que tuviera que ver con la música que escucho, con el rock guitarrero, el rock ruidoso, y eso me llevó a ir imaginando a lo largo del tiempo esta historia”, refirió a ZETA el narrador jalisciense.

En “La Armada Invencible”, Yulian, el narrador principal, cuenta y recuerda junto con otros personajes, los años setenteros y ochenteros donde el rock metalero se consagró como una suerte de alternativa al rock pop de letras románticas o melosas.

“Hay como muchos vértices de la novela, pero esencialmente es una suerte de homenaje en los términos que yo puedo hacerlo a una música que ha fascinado y apasionado desde que soy un chamaco”, complementó el autor que presentará “La Armada Invencible” durante el festival Tiempo de Literatura el sábado 29 de octubre, en el Vestíbulo del Teatro Universitario de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Campus Mexicali, con comentarios de Antonio León.

DE ZAPOPAN

Antonio Ortuño nació en Zapopan en 1976, hijo de inmigrantes españoles avecinados en Jalisco. Contó a ZETA cómo descubrió su pasión por el rock metalero en una ciudad como Guadalajara, donde la música tradicional y el mariachi tienen un arraigo:

“Mi familia era migrante, no son de origen jalisciense. Mis padres eran de fuera, de origen español, y acabaron en Guadalajara por cuestiones laborales y familiares, pero no eran de aquí. Entonces, realmente en mi casa no se oía mariachi ni nada por el estilo. Mi madre trabajaba todo el día y lo que se oía era la música de mis hermanos; yo soy el menor de mis hermanos, que eran muy roqueros. Entonces yo crecí escuchando rock todo el tiempo y me aficioné y apasioné del rock. Las demás manifestaciones de música pasaron a ser las de mis papás, es decir, la otra música era la de mis vecinos, la del camión, la de las kermeses o posadas escolares, pero no la mía; la mía siempre estuvo completa y absolutamente ligada al rock”.

Cortesía

En “La Armada Invencible” van apareciendo algunas bandas metaleras que irrumpieron hacia las últimas décadas del Siglo XX, como una suerte de contracultura, opuestas al rock pop de canciones de amor, agrupaciones que Ortuño conoce muy bien:

“Losprimeros discos de Metallica, Megadeth, Anthrax, están llenos de canciones como de denuncia política social, sobre el militarismo, la codicia social, letras y temáticas muy cercanas de repente a las del punk rock, en parte por eso me aficioné tanto al thrash metal en mi juventud; y prácticamente no hacía distinción entre las bandas de punk hardcore que escuchaba y muchas de las bandas thrasheras porque cantaban sobre los mismos temas y porque de alguna manera era un rock en oposición a este rock pop meloso que sólo cantaba cosas de amor”.

“EN TAPATÍO”

Leer “La Armada Invencible” es como escuchar una conversación sobre rock metalero donde el lenguaje cotidiano tiene una fluidez literaria.

¿Por qué es importante para ti recrear la oralidad con un trato literario para hacer ficción?

“Mi decisión absoluta fue que la novela tenía que estar contada en un lenguaje absolutamente vivo, tenía que estar contada en lenguaje de la calle, en el lenguaje que sirviera para esa historia, carnavalesca, bastante soez, absolutamente plebeya, alejada de la solemnidad y de la, llamémosle entre comillas, poetización o del lirismo con el que algunos encaran la prosa; ésos son elementos que no serían en absoluto para contar esta historia, tenía que ser muy terrenal, muy carnal, absolutamente plebeya”.

De hecho, Ortuño confesó a este Semanario cómo fue el proceso de escritura para lograr un lenguaje oral literario:

“Concebí un sistema de escritura que consistió en que dictaba los fragmentos de la novela al teléfono o en la computadora con aplicaciones que convierten el sonido en texto, y claro, quedó una enorme masa de capturas de este dictado, que tuve que trabajar durante dos años para reformularla literariamente para convertir eso en una novela y para convertirlo palabra por palabra, línea por línea, en una narración literaria; pero quería que conservara el sabor de lo cotidiano, el sabor de lo real, la fluidez. Y creo que tiene que ver con eso que tiene lo coloquial.

“Es muy diferente la manera en que organizamos las palabras, las historias, cuando solamente escribimos, que cuando se lo contamos verbalmente a alguien. Para mí era indispensable que ésta fuera una novela absolutamente verbal. También lo tomo como un halago el que esta sensación de fluidez tiene que ver son eso: lo que yo quería era que el lector se sintiera como en la mesa de al lado, como si estuviera otra silla en la mesa donde están conversando los personajes”, argumentó Ortuño.

“Desde luego, está escrita en mexicano cerrado, incluso –si cabe hacer tal distinción-, en tapatío, pero creo que a pesar de eso es bastante comprensible para cualquier lector en español. Creo que sin ese sabor del lenguaje vivo pues habría tendido a algo que yo no quería, a una novela más solemne, a una novela más libresca y que desde luego se sentiría mucho más acartonada sin el lenguaje, que es la savia de estos personajes”.

DESDE LA ANTISOLEMNIDAD

La oralidad antisolemne fluye literaria por “La Armada Invencible”. El ganador del Premio Internacional de Narrativa Breve “Ribera del Duero” (2017) y del Premio Bellas Artes de Cuento Hispanoamericano “Nellie Campobello” (2018), se refirió al humor a veces ácido e irónico en su obra:

“El humor es uno de los tonos fundamentales en que el metal se ha contado a sí mismo, está reflejado en las películas metaleras. Por otro lado, es parte de mi cosmovisión, de la manera en la que yo veo la realidad; a mí me divierten las cosas absurdas, que hay gente a la que desconciertan o enojan. Yo me río muchas veces de lo absurda que pueden ser la realidad en México y es algo que yo no instalo, sino que ya viene conmigo.

“Por otro lado, yo quería que la novela pudiera como explorar diferentes registros. Yo temo que el tono como de discurso de banquete hace mucho que se comió a la literatura mexicana: la gente sale a hablar en las novelas como si hablara para una tribuna en el Senado, cuando hay otros espacios. No solamente se trata de escribir con tono de Twitter sobre los trending topics de la vida cotidiana, hay muchas otras cosas en el mundo y también hay espacios habitables, también hay amistad, también hay rutina que no se trata solamente de una especie de desgracia sin fin”.

Finalmente, ¿tenías en mente algún referente de la literatura mexicana en cuanto al uso del tono antisolemne?

“Para mí siempre ha sido referencia principal -no sólo no la escondo, sino que la ostento- Jorge Ibargüengoitia; desde luego, yo trato muy conscientemente de que nadie pueda llegar a pensar: ‘Ah, ésta es una novela al estilo de las de Ibargüengoitia’. Para mí Ibargüengoitia es una referencia principal”.

Antonio Ortuño

Concluyó el autor tapatío: “Yo siempre he dicho que, si cada quien elige a su país literario, aquí hay gente que vive y que ve a México como si fuera ‘El laberinto de la soledad’, gente que ve a México como si fuera la Comala de Rulfo, gente que siente que vive una novela de Elena Garro; yo siempre he sentido que el país que habito, es el de la ficción de Jorge Ibargüengoitia, es el autor del que me siento más deudor y más cercano”.

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Autor(a)

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Enrique Mendoza
Licenciado en Comunicación por la UABC Campus Tijuana. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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