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sábado, diciembre 3, 2022
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Murió el poeta David Huerta

Falleció el poeta y ensayista David Huerta, a la edad de 72 años, confirmó la titular de la Secretaría de Cultura federal, Alejandra Frausto:

“Lamento profundamente el fallecimiento de David Huerta, uno de los escritores más destacados de las últimas décadas. Mi pésame a Verónica, su familia y amigos. Maestro, gracias por la poesía”, emitió Alejandra Frausto.


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Asimismo, la Secretaría de Cultura del gobierno federal, comunicó: “La Secretaría de Cultura lamenta el sensible fallecimiento del poeta, editor, ensayista y traductor mexicano David Huerta, quien fue miembro del Sistema Nacional de Creadores. Entre sus obras destacan ‘Incurable’, ‘El jardín de la luz’, ‘Cuaderno de noviembre’ y ‘Las hojas”.

Fue durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de 2019 cuando David Huerta concedió la última entrevista a Semanario ZETA, ocasión en que ganó el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de ese año.

A continuación, se reproduce el diálogo que, generosamente, David Huerta sostuvo con este Semanario en 2019.

LA ÚLTIMA ENTREVISTA

Una de las figuras de la poesía hispanoamericana de la década de los 40 es David Huerta, quien en este año festejó su onomástico número 70 (Ciudad de México, 8 de octubre de 1949), además de cumplir un ciclo de celebraciones.

Primero obtuvo el Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” 2018, otorgado por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) a través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) y UC Mexicanistas. Luego, este año el Primer Encuentro de Poesía Tijuana le rindió un homenaje y recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances durante la recién concluida Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

“Su dominio y asimilación de las más diversas tradiciones de la modernidad y las vanguardias literarias latinoamericanas y otras lenguas, como la francesa y la estadounidense, sin excluir en periodos más recientes la relectura de la poesía medieval, renacentista y barroca españolas; aunado todo ello y como parte fundamental de su obra, sus incursiones en la traducción lo convierten en una ejemplar anomalía que ha problematizado todo discurso poético”, argumentó el Jurado del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Ante la diversidad de reconocimientos recientes, ZETA cuestionó a Huerta cómo han sido estos meses:

“Muy desconcertantes, porque la verdad es que yo no trabajo para los premios y algunos definidamente no los he buscado. Algunas veces he hecho alguna pelea para que mi candidatura sea sometida a algún premio, pero en la mayor parte de los casos, como en el premio de la FILEY y el Premio FIL, la verdad poco tuve que ver; o bueno, mucho tuve que ver porque ahí están mis libros, pero no hice nada para una candidatura”.

Y reconoció:

“Los premios son como frutos maduros que me caen mientras ando caminando por ahí debajo de unos árboles, es lo más parecido a lo que me está pasando, que se me ocurre formular como una imagen de lo que ha pasado y es un poco desconcertante, pero también muy hermoso, muy satisfactorio”.

Este año David Huerta también entregó a Ediciones Era el poemario “El cristal en la playa”, en el que continúa la tradición del tema del cristal en su propuesta literaria.

En torno al título, una de las preguntas que se le formuló a David Huerta fue de dónde viene esa tradición sobre el cristal en la poesía:

“La nota editorial dice que el cristal es un sustantivo tótem en mi poesía, que hay muchos cristales en mi poesía. Y sí, ese cristal, materia sólida, transparente, pero también metáfora del agua, entonces, creo que todavía hay más estribaciones. En los siglos de oro de la poesía española es una metáfora común que el cristal sea el agua fluyente o el agua de las fuentes, a veces el agua inmóvil, a veces una metáfora del rostro de la mujer, una cara hecha de cristal. Hay un poema, el más largo del libro, que se llama ‘Detrás de ese cristal’, que es donde está también la palabra; mejor dicho, de ahí se desprende para el título del libro, desde luego”.

Y cerró la idea del cristal como metáfora en su obra:

“Hay una aspiración de transparencia en el cristal que está en el mundo material, en el mundo de las presencias, el mundo de los objetos; transparencia que no siempre está en nuestras relaciones con los demás”.

El primer verso siempre es contundente en la obra de David Huerta: “Una noche todo estaba en blanco”, “A mí pueden decirme lo que quieran”, “Entre los velos, entre el fuego, la sabiduría de los cuerpos”, se lee en el inicio de algunos poemas de “El cristal en la playa”.

— ¿Por qué es importante para David Huerta el primer verso y qué tanto es determinante para el poema, su forma y contenido?, cuestionó ZETA al autor.

“Todos los principios son importantes: ‘En el principio fue el Verbo’ (Evangelio según San Juan), ‘En un lugar de la Mancha’ (El Quijote, de Cervantes), ‘Durante mucho tiempo, me acosté temprano’ (En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust), ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar’ (Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez), etcétera, todo depende de eso. Todo, el resto del texto, en muchas ocasiones, cuelga -por así decirlo- del principio. Entonces, hay que entrar con paso firme, diáfano, lo más claro que se pueda, transparente, para captar la atención del lector.

“Sin la atención del lector, sin la atención de la mirada que ha sido capturada por un bailarín o por un pintor, pues todo lo demás ya no tiene sentido, está en riesgo de perderse, perder la atención es lo peor que le puede ocurrir a un artista. Entonces, si está bien dado ese primer paso, es decir, si está bien perfilado y bien construido el principio de la obra, pues por lo menos se han creado las condiciones de que la atención siga adelante”.

Huerta arguyó sobre la importancia del primer verso recurriendo a la metáfora del poeta como precursor o la historia de la literatura misma:

“El primer verso determina al resto del poema en un noventa por ciento, yo creo, aunque la lucha de los versos siguientes por distinguirse del primero es precisamente lo que puede darle vivacidad al poema. Es como la historia de la literatura, hay un poeta que es precursor o un poema, de quien sea; es decir, alguien, un poeta que va a empezar, escoge a sus precursores, que son los poetas que más ama, que más admira. Esos poetas que están antes o en el principio de su trabajo, son como el primer verso en un poema, pero él tiene que ser alguien propio, dueño de sí, con el estilo y la voz que solo son de él irreductiblemente, de modo que tiene que distinguirse sin traicionarlo de su poeta precursor, del poeta que alguna forma lo crea”.

En el mismo argumento sobre el primer verso, reconoció la influencia de José Gorostiza (1901-1973).

“Los poetas están hechos de otros poetas, es decir, las obras poéticas están hechas de obras anteriores, pero el problema, la lucha, es que no se note, porque si no, serían copias. Soy un gran admirador de Gorostiza y reconozco la influencia de Gorostiza en mi poesía, pero trato de distinguirme por medio de una lucha constante de Gorostiza, en cierto sentido me inventó a mí.

“Por ejemplo, la gente cree que porque admiro mucho a Góngora tengo influencia gongorina, no exactamente. Para mí Góngora es el ejemplo de la vocación poética cumplida cabalmente en un esfuerzo sostenido a lo largo de una vida, pero lo que escribe, con todo y con que me resulta deslumbrante, me resulta muy fecundo, muy estimulante, no es la huella que exactamente siga”, explicó David Huerta para después sentenciar:

“Cuando me hace falta Góngora en un poema lo cito literalmente, utilizo cursivas o comillas, pero una influencia mucho más determinante, mucho más fuerte, es la de Gorostiza”.

Además de poeta, David Huerta es ensayista sobre poesía, por eso había que preguntarle una última consideración sobre el género:

—  Cada época ha tenido su debate en torno a la poesía, sobre todo  con relación a la forma y al contenido, desde la métrica y el soneto, hasta el verso libre contemporáneo. ¿Cuál es el debate que Usted advierte en cuanto a la poesía actual?

“Para mí la forma es fundamental, incluso he sido acusado en alguna ocasión de formalista, la forma es contenido manifiesto, pero es una idea que no es tan fácil de asimilar, mucho menos de descifrar y de aceptar. Ve un soneto de Quevedo: ‘¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!’, dice en ese poema, pues es un poema sobre el paso del tiempo, el tema no da para mucho; el tema del poema, el contenido, se puede explicar en dos palabras: ¿Por qué es grandioso ese poema? ¿Por qué es importante? ¿Por qué es memorable? ¿Por qué tiene capacidad de impregnación? Por sus aciertos formales.

“De entrada, a mí no me interesa el debate, me interesa escribir bien; probablemente dentro de ese esfuerzo por escribir bien hay un debate implícito con quienes escribo. Te voy a decir uno de los secretos mejor guardados de la actividad literaria: siempre se escribe contra alguien, contra algo que no nos gusta, contra algo de lo que queremos distinguirlo aunque lo admiremos. En alguna forma, yo escribo contra Gorostiza porque no quiero ser una copia de Gorostiza, entonces me tengo que pelear con él, en algún sentido, ahí hay un debate. Pero el debate de la mesa redonda, de la discusión académica, es interesante, es una buena cosa en el horizonte literario, pero no es aquello en lo que primero pienso.

“Sin embargo, en los terrenos de la forma, esperemos el tiempo suficiente y, cuando nos volvamos a ver, te puedo decir: he visto publicarse sonetos nuevos, modernos, que tienen alguna inflexión que los vuelve contemporáneos nuestros, no reliquias, no resonancias del pasado, o ecos del Siglo de Oro, sino que son sonetos modernos, los escribió Neruda en versos no rimados”.

David Huerta concluyó:

“El soneto es una de las grandes invenciones de la cultura occidental, se creó casi a principios del milenio y sigue vivo, aunque a veces parece que ya desapareció, pero no es verdad: vuelve a resurgir como los ríos subterráneos que bajan a las entrañas de la tierra y luego aparecen allá, a no sé cuántos kilómetros más adelante”.

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Autor(a)

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Enrique Mendoza
Licenciado en Comunicación por la UABC Campus Tijuana. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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