Comunicar bien

Fotos: Germán Orozco/Impresos de San Cristobal Magallanes 1920'
Opinionez lunes, 1 agosto, 2022 12:00 PM

“Aquí yace Manuel Talamás Camandari, que durante su vida habló por todo el tiempo, que va a permanecer callado en el sepulcro hasta la resurrección de los muertos”.

-Don Manuel Talamás Camandari, obispo de Ciudad Juárez, Chihuahua.

 

Don Manuel Talamás Camandari fue un talentoso sacerdote y obispo de Ciudad Juárez, Chihuahua, cuyos padres eran originarios de Belén, Palestina, la tierra de Nuestro Señor Jesucristo.

El hombre hablaba justo lo que había que hablar y no más. Con un gran sentido del humor narró aquella frase, que sería su epitafio, o frases en su tumba.

Durante 9 años este simpático obispo fue propuesto y electo tres veces por tres períodos como presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones Sociales de México. Fueron los buenos tiempos en Chihuahua del periódico Notidiócesis, del no menos talentoso padre Dizán Vázquez, y del Periódico Diocesano de Ciudad Juárez.

El Sr. Talamás se daba tiempo para escribir libros, como Cuál es su excusa, en referencia al programa What is your excuse. Multiplicaba en el mimeógrafo cuantas copias podía, y las hacía llegar a los rincones de México: hojas coleccionables con temas actuales redactados con luz del Espíritu Santo y de la pluma o a la máquina del Obispo de Juárez.

Imprenta Parroquial de Santo Mártir Mexicano

Cuando el Semanario ZETA de Tijuana nació en 1985, contaba entre sus colaboradores con la firma del obispo chihuahuense, mediante reflexiones que aparecían en múltiples medios impresos o radiofónicos del país. Durante años, el padre Eduardo Martínez (+) editó la página de “Religión” del ZETA.

Como los poemas admirables de Miguel Hernández, el español prisionero del franquismo y cuya obra escribe desde la prisión Las Nanas de las cebollas. Como la enorme correspondencia de Nelson Mandela desde las cárceles de Sudáfrica; San Pablo el apóstol redactó a través de San Lucas, la mayoría de sus epístolas o cartas desde la prisión; a las diversas comunidades de Asia Menor o Roma, a quien dirigía sus afectos y pensamientos privado de la libertad y perseguido.

San Pablo ha quedado inmortalizado en El Nuevo Testamento de la Biblia. Y en los religiosos paulinos: hombres y mujeres que se dedican al apostolado de la buena prensa en muchos lugares del mundo, siguiendo el ejemplo del santo padre Alberione y la santa hermana Tecla.

En la Nueva España o en el México Colonial, el franciscano Juan de Zumárraga, primer obispo, trajo a América la primera imprenta con el propósito de editar libros, revistas y periódicos para evangelizar a los españoles y a los pueblos originarios o aborígenes.

El Mercurio Volante fue el primer periódico científico de América en aquellos siglos. Existen ediciones, por ejemplo, del siglo XIX del Nican Mopohua en náhuatl (diálogos de Juan Diego con la Guadalupana).

Por la geografía mexicana y en todo el mundo, la Iglesia Católica y las iglesias u otras congregaciones religiosas saben que es imposible evangelizar sin los medios de comunicación, frase que le escuchamos a monseñor Jorge Jiménez, Arzobispo de Cartagena de Indias, Colombia.

La comunicación humana deja de serlo cuando sus contenidos no tienen ética, o son abierta y cínicamente mentiras. Eso es demagogia, lo opuesto a la oratoria o comunicación, en lo que era experto el juarense obispo Talamás Camandari. Vivía lo que decía.

Máquina del Sr. Cura Magallanes en Totatiche ,Jalisco.

La Iglesia Católica tiene santos comunicadores, y muy destacados profesionalmente, como el franciscano polaco San Maximiliano María Kolbe, y el carmelita holandés Tito Brandsma, ambos canonizados. Entre otros, San Francisco de Sales. Mucho habría que rescatar de San Cristóbal Magallanes Jara, párroco de Totatiche, Jalisco, a donde llevó la primera imprenta en 1920 para evangelizar esas comunidades de Zacatecas y Jalisco.

En una mirada a la ética periodística, incluso laica (sin relación a la religión), los códigos periodísticos de América Latina coinciden en lo esencial en la necesidad de normas morales en la práctica de la comunicación.

Hay que reconocer que en un mundo sin valores, amoral o ajeno a la ética, los periodistas -en México y en el mundo- acaban por ser sacrificados en sus vidas y familias por quienes tienen otros “valores”, que no valen en realidad, pero sí causan daño en un contexto en el que no hay fronteras entre el bien y el mal. O hemos perdido la capacidad de distinguir entre matar un niño antes de nacer, y verlo como un producto. Y sobrevalorar a las mascotas.

Ya en el siglo XVII decía san Pedro Claver, jesuita, Padre de Colombia, “acá la pasan mejor los perros, que los esclavos negros”...

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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