Cabo Pulmo, Golfo de California

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Opinionez sábado, 16 abril, 2022 12:00 PM

Son dos rutas para llegar al este de la costa del Golfo de Cortez: una tomando la carretera larga a la Paz, que es la más conveniente porque, a pesar del rodeo, está pavimentada al 96 por ciento de su trayecto y solo hay 8 kilómetros de terracería. Muy aceptable para autos compactos; la libramos en un Nissan March sin mayor problema. La vialidad aparentemente más corta es una ruta que lleva media hora de carretera pavimentada y al llegar a la costa se lanza en un camino sinuoso y polvoriento de 44 kilómetros; transitable en dos horas de terracería, y va costeando las playas del Golfo.

Lo bello de este sacrificio son sus playas, la tranquilidad, el verde turquesa de sus  aguas y los asentamientos de rancheros, ganaderos, casas de gringos, y un gran terreno desolado, pero con propietarios: un fideicomiso de Invex que advierte a lo que desean comprar que “no se metan en problemas”.

Hicimos compañerismo-amistad con familias coreana y norteamericana. Hablan poco español, pero son amigables y la conversación toma rumbo al comentar que los dueños y amos de estos lugares son los norteamericanos; la población local -sus anfitriones- se distinguen porque la mayoría raya entre la cortesía de sus servicios, la humildad y la pobreza de sus viviendas y algunas veces carcachas, que de milagro no los deja tirados a medio camino, aunque vi a algunos pudientes por disponer de tierras y rentas de sus propiedades.

Comentan ante tacos, ceviches y cervezas que la diferencia es 300 años de cultura e infraestructura; esa es la distancia del “progreso”. El norteamericano, canadiense, europeo o burgués nacional que habitan felices estos lugares paradisíacos, nunca pasan hambre; traen dinero, tecnología, estilo de vida, autos todo terreno, sobradas ganas de divertirse, vinos importados, alimentos caros y propinas espléndidas.

Después de incursionar por la marina, en Cabo San Lucas pagan 1,500 dólares mensuales al estacionar los yates, indudablemente es la más cara de la zona, en la Paz cobran 500 dólares. Luego de visitar las cuidadas playas abiertas al público: las Viudas, Santa María y el chileno, en el trayecto de los Cabos a San José del Cabo, con un camino que lleva a la costa este de los cabos; trayecto que ocupa media hora por una carretera de cuatro carriles bien cuidada. Aquí salta a la vista la inversión, cuidado e ingeniería que no olvida detalles; la belleza del lugar rodeada de mansiones imponentes, que serán soberbias residencias a la orilla de las costas rocosas o playas de disfrute.

Estas tierras costeras ya tienen dueño, aquí seguramente se asentarán hoteles, residencias y cabañas, sea que las habiten o tengan planes de construir resorts.

Finalmente se encuentra “Cabo Pulmo” un pueblito con playas cuyo principal atractivo además de las cabañas y la comida, son los servicios de lancheros para incursionar unos kilómetros.

De los atractivos más importantes al subir a la panga con capacidad máxima de 10 personas, es tirarse a nadar en el mar, admirar los corales, los lobos marinos, y las enormes ballenas con sus pequeñas crías y escoltas. Hay decenas de ofertas: se pacta un viaje de tres horas por unos $1,200 pesos por cada persona, se les dota de un traje de buceo, aletas, visor y snorkel, para nadar en las aguas y ver los corales y pocos peces multicolores en algún arrecife.

Ojalá y no le toque la neblina en su expedición, porque los instrumentos que tienen los pescadores, son imprecisos y se da el caso -como nuestra experiencia- de que nos perdimos en la espesa bruma marina. Íbamos con un acuerdo de rápidamente ver las ballenas, los corales y estar nadando cerca de los perezosos lobos marinos por una hora, pero con la neblina y la imprecisión del GPS estuvimos mínimo tres horas.

El pueblo costero tiene múltiples equipos de lancha, restaurantes rústicos y cabañas donde pernoctar. A pesar de que pasan cerca unas torres de alta tensión de la CFE, la comunidad ha rechazado el servicio de electricidad; carecen de agua corriente por una decisión no propia, sino -reconocen en la conversación- por influencia del turismo que conservar el sitio lo más natural posible. Sus habitantes propios y extraños prefieren la naturaleza y no tener medios de contaminación visual o auditiva.

Cuando se concluye el nado el visitante quiere regaderas, lo que hay es una pila donde el baño es a jicarazos para librarse de la arena y la sal.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana.

Correo electrónico: profe.hector.itt@gmail.com

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