Gobierno que calla, oculta

Foto: Cristian Torres
Columnaz viernes, 17 septiembre, 2021 9:00 AM

Eran los tiempos del quinquenio infame (1983 hasta enero de 1989) encabezado por Xicoténcatl Leyva Mortera como gobernador del Estado de Baja California. Don Jesús Blancornelas, a la sazón, era codirector de ZETA junto a Héctor Félix Miranda. El primero, sobreviviente de un atentado. El segundo, asesinado por personal de Jorge Hank Rhon.

Por aquellos años, nos contaba don Jesús años después, que los reporteros de ZETA eran hostigados por funcionarios de gobierno. Que no los dejaban entrar a las conferencias de prensa, que si lograban colarse para cumplir con su labor de informar, los sacaban a rastras. Que les plantaban la puerta en la nariz, les negaban la entrevista y les regateaban la información.

La orden por entonces, reiteraba Blancornelas, era “nada para los del ZETA”.

El gobierno de Xicoténcatl Leyva no toleraba la crítica que se hacía desde el Semanario. Mucho menos los dibujos del Lyon, que lo hacían ver con los ojos de borracho o con cara de haber consumido otras sustancias prohibidas. Tampoco le agradaba el estilo descarnado y franco de Héctor “El Gato” Félix Miranda, que solía ser el cronista de las fiestas y zafarranchos encabezados por el hoy ex gobernador.

Blancornelas en su Dobleplana y sus reportajes, daba cuenta de los excesos del gobierno, de la corrupción y la impunidad para los criminales, del dinero desviado, del cohecho y el peculado que, años después, sería investigado oficialmente y procesado en algunos de los colaboradores de “Xico”.

Han pasado 38 años de que el gobierno de Leyva inició, y 32 de que terminó abruptamente, en la ignominia de haber sido exiliado por el entonces Presidente de la República e investigado por el gobernador sustito. Pero las cosas no han cambiado.

Aunque Xicoténcatl ya no está en el gobierno, este lo encabeza su ahijado político y algo más, Jaime Bonilla Valdez, quien en aquellos años vio florecer la fortuna económica. Y lo que se hereda, no se hurta. Bonilla está actuando contra ZETA de la misma forma que lo hizo Leyva Mortera.

Cuando una reportera le solicitó una breve entrevista hace no muchas semanas, Bonilla le dijo que a ella no. Porque era de ZETA “y en el ZETA todo tergiversan”, amagó. De hecho, la hizo salir del balcón en el que se encontraba, para concederle la entrevista a otro reportero de distinto medio.

Así sucede de manera sistemática. Si un reportero de este Semanario se acerca a hacerle una pregunta al gobernador, o solicitarle una entrevista, se encuentra con la negativa. Su ejemplo lo siguen otros funcionarios, como el todavía secretario general de Gobierno, Amador Rodríguez Lozano, quien se da el lujo de negar la entrevista, la información y atacar, desde la oficina gubernamental, a esta columnista en temas personales y de violencia de género.

Esta semana, el miércoles 15 de septiembre, una de las pocas ocasiones en que Bonilla acudió a Mexicali, convocó a “atención a medios”. Muchos acudieron, solicitaron el espacio y esperaron a ser atendidos. Los fueron pasando de dos en dos, quesque por protocolo ante la pandemia.

Eduardo Villa Lugo, editor de este Semanario en la Capital del Estado, llegó a las 5:45 a la atención a medios que estaba citada para las 6:30. No quería correr el riesgo de llegar tarde, o de no ser visto para anotarse y pasar a la oficina del gobernador y hacer sus preguntas.

Muchos reporteros acudieron al llamado, es lógico, Bonilla es el mandatario estatal, su opinión cuenta y a lo mejor hasta les hace falta para un reportaje de investigación en proceso.

Con los funcionarios de comunicación de testigos y electores, fueron pasando de dos en dos los reporteros. Pese a haber sido de los primeros en llegar, Villa Lugo, de ZETA, veía cómo los compañeros pasaban de par en par, y él era dejado a un lado. Pasó una hora y después otra.

Desde esta casa editorial nos comunicamos primero con Juan Guizar, encargado de comunicación del gobierno de Jaime Bonilla. Primero tardó en responder el mensaje de WhatsApp y después informó: “Estoy en una videotransmisión (sic)… dejame (sic) ir a la oficina del gobernador… un mom (sic).

Tres minutos después informó lo que ya sabíamos: “Me dicen que por protocolo sanitario está recibiendo de dos en dos… aún esperan varios”.

Veinticinco minutos después, cuando ya habían pasado todos los reporteros y sólo quedaba el de ZETA, se le preguntó a Juan Guizar, si dejarían entrar a Eduardo Villa Lugo a la atención a medios, y ya no respondió. Hasta la fecha. Cero. Nada.

El editor de ZETA en Mexicali se retiró casi tres horas después de su llegada, y sin haber sido atendido por el gobernador, a pesar que así lo solicitó a los funcionarios de gobierno. Hizo fila, aguardó paciente y presionó para que le permitieran hacer su trabajo, al plantearle unas preguntas a un “funcionario público” que ejerce el poder con los recursos del Estado, dijera Bonilla, con los del pueblo, al que, si es periodista y es de este medio de comunicación, le niega la información.

En la agenda del gobernador de ese día, se había anunciado “atención a medios de comunicación”, ninguno hizo cita previa, simplemente, como Eduardo Villa, acudieron al llamado oficial boletinado. Todos entraron, menos el reportero de ZETA.

Ya Artículo 19 ha documentado las agresiones verbales y la negativa de información por parte de Jaime Bonilla y sus funcionarios hacia quienes laboramos en este Semanario, pero nada cambia. Cuando el gobernador se encapricha, en este caso contra un medio de comunicación crítico, de investigación y opinión, no hay quien lo pare.

Esta columnista le ha solicitado en varias ocasiones una entrevista para el Semanario, y siempre la ha negado, de hecho, hay testigos de ello, pues el titular del Poder Ejecutivo estatal ha tomado captura de pantalla de la petición de esta periodista y la comparte con otras comunicadoras. Sabrá la intención, pero desde acá, es sólo buscar una entrevista para los lectores de ZETA.

La última ocasión, en marzo de este año, a propósito que vía WhatsApp el gobernador nos hizo el comentario de “muy buena nota”, a una publicada en el portal de ZETA que informaba de los funcionarios de Francisco Vega de Lamadrid que irían ante el juez, esta columnista le solicitó de nueva cuenta una entrevista. El diálogo escrito fue así:

ANB: Una entrevista Gobernador.

JBV: “Entrevista no, pero si te voy a dar publicidad. Ya le autoricé a Juanito Guizar te llamara”.

ANB: Dame entrevista, la preferimos.

Por supuesto, “Juanito” Guizar ya no se comunicó con ZETA, quedaba claro que lo solicitado era una entrevista, no publicidad. Nunca le hicimos una oferta de publicidad, en ningún momento le pedimos que se anunciara en el Semanario. Lo único que queremos, como reporteros, es información, pero ni eso. Bonilla, como Xicoténcatl Leyva en su momento, le tienen animadversión a este medio y a sus reporteros. Nada para ellos. Ni información, ni entrevistas, ni acceso a conferencias. ¿A qué le temerán?

Total, nosotros, como periodistas, como medio de comunicación, los seguiremos buscando y les seguiremos solicitando la información, la entrevista. Porque ese es nuestro trabajo, y lo hacemos para nuestros lectores.

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