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sábado, agosto 29, 2026
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En Zerio

Tres ingenieros…

Suben a un auto y el vehículo no arranca.

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“Debe ser el motor”, sugiere el ingeniero mecánico.

“Debe ser un corto”, replica el ingeniero eléctrico.

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Entonces el ingeniero en sistemas plantea:

“¿Y si nos bajamos y nos volvemos a subir?”.

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Autor: Un ingeniero que juega futbol.

 

Pasos para tener una auténtica noche mexicana

  1. Vivir en México.
  2. Que se haga noche.

Autor: Un sueco… seguramente.

 

Máximas de políticos mexicanos

– “México para los chilenos y Chile para los mexicanos”. – Luis Echeverría.

– “Soy el mejor candidato a la Presidencia porque sólo tengo una mano”. – Álvaro Obregón.

– “Soy feo, pero no me eligieron para semental, sino para Presidente”. – Adolfo Ruiz Cortines.

– “Ya hoy hablo libre, ya digo cualquier tontería… ya no importa. Ya, total, ¡yo ya me voy!”. – Vicente Fox.

Compadre en la cárcel

Un día Juan visita a su compadre, quien está preso, y le pregunta:

— ¿Por qué lo han metido preso?

“Ay, compadre, si usted supiera… me metieron preso por higiénico”.

— Pero compadre, ¡a nadie lo meten preso por higiénico! Explíqueme.

“¡Es que yo me encargaba de limpiarle los bolsillos a la gente!”.

Autora: La comadre.

Insecticida

Un vendedor de insecticidas vende a una señora un producto para terminar con las hormigas, pero al día siguiente, ella regresa a reclamarle que no obtuvo ningún resultado.

— Usted me ha estafado, ¡las hormigas se ríen de mí!

“¿Cómo ha usado el producto, señora?
Esta le responde que lo ha rociado sobre ellas y el vendedor responde:

“Lo siento señora, pero usted no ha leído las instrucciones, ¡el producto es inyectable!”.

Autora: Una hormiga sana y salva.

 

Novio feo

Una ratoncita estaba con su novio, que era un murciélago. Pasó su mejor amiga y los vio, más tarde conversaron y la amiga le comentó:

— Querida, realmente tu novio es muy feo.

“Pues será muy feo, ¡pero es piloto!”.

Autor: Anónimo de una aerolínea.

 

El elefante y la hormiga

En la selva, todos los animales estaban hambrientos porque había escasez de comida, y justo un día un avión que pasaba por ahí, cae. Los animales fueron hacia el avión y encontraron un brazo por acá, una cabeza por allá, todo descuartizado.

El rey león ordenó:

“Hagan una fila para repartir los alimentos”.
Todos los animales se formaron, y uno por uno comenzaron a recibir sus alimentos, y en un momento se escuchó el ruido de un animal. Era la hormiga que gritaba y gritaba. El rey león fue hacia ella y le preguntó por qué gritaba.

“¡Es que el elefante me empujó!”.

Entonces el rey león se acercó al elefante para cuestionar por qué había empujado a la hormiga, y este exclamó:

“¡¿Y pa’ qué empuja ella?!”.

Autor: Un elefante pesado.

 

En la cantina

Un cantinero esperaba al primer cliente cuando, al cabo de varias horas, entra un caballo, se sienta y pide un trago. El caballo toma el trago y pregunta cuánto debe.
Asombrado al ver al caballo hablando, le dice:

“Son 6 dólares”.
El caballo saca un billete, paga y se levanta para irse. Entonces, el sorprendido cantinero pide:
“No se vaya, es la primera vez que un caballo me pide un trago”.

Y el equino contesta:
“Y será la última, señor mío, ¡con esos precios…!”.

Autor: Anónimo de la cantina.

 

Número equivocado

— Buenas, ¿es ese el 1-1-1-1-1-1?
“No; este es el 11,11,11”.

Autor: Anónimo de Telnor.

 

Una carretera solitaria

Un hombre hacía un alto en una noche fría y casi sin luna, parado, bajo el puente de una carretera solitaria, y estaba cayendo una tremenda tormenta. Nadie se paraba, cuando de repente se gira y ve que a lo lejos viene un auto. Se acerca y se detiene.

Con el agua que caía, y sin dudarlo ni por un solo instante, el hombre sube al auto y cierra la puerta, cuando de repente se gira y se da cuenta que nadie va conduciendo.

Se asusta y mira hacia la carretera, y más adelante, ve una curva y empieza a rezar.

En cuanto llega a la curva, se abre la puerta del conductor, entra una mano y mueve el volante, y el auto continúa su comino.

Al rato otra curva y lo mismo: una mano que aparece y mueve el volante, y evita el accidente. Y así le sucede en repetidas ocasiones hasta que el aterrado hombre no aguanta y baja del auto, para correr hacia el pueblo más cercano. Entra en el bar y a todos les empieza a contar lo que le sucedió.
A la media hora llegan dos tipos todos mojados y uno dice al otro:
“Mira, Pepe, ¡ahí está el infeliz que se subió al carro cuando lo veníamos empujando!”.

Autor: Un mecánico.

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