En Zerio

Columnaz lunes, 20 septiembre, 2021 12:00 PM

Tres ingenieros…

Suben a un auto y el vehículo no arranca.

“Debe ser el motor”, sugiere el ingeniero mecánico.

“Debe ser un corto”, replica el ingeniero eléctrico.

Entonces el ingeniero en sistemas plantea:

“¿Y si nos bajamos y nos volvemos a subir?”.

Autor: Un ingeniero que juega futbol.

 

Pasos para tener una auténtica noche mexicana

  1. Vivir en México.
  2. Que se haga noche.

Autor: Un sueco… seguramente.

 

Máximas de políticos mexicanos

– “México para los chilenos y Chile para los mexicanos”. – Luis Echeverría.

– “Soy el mejor candidato a la Presidencia porque sólo tengo una mano”. – Álvaro Obregón.

– “Soy feo, pero no me eligieron para semental, sino para Presidente”. – Adolfo Ruiz Cortines.

– “Ya hoy hablo libre, ya digo cualquier tontería… ya no importa. Ya, total, ¡yo ya me voy!”. – Vicente Fox.

Compadre en la cárcel

Un día Juan visita a su compadre, quien está preso, y le pregunta:

¿Por qué lo han metido preso?

“Ay, compadre, si usted supiera… me metieron preso por higiénico”.

Pero compadre, ¡a nadie lo meten preso por higiénico! Explíqueme.

“¡Es que yo me encargaba de limpiarle los bolsillos a la gente!”.

Autora: La comadre.

Insecticida

Un vendedor de insecticidas vende a una señora un producto para terminar con las hormigas, pero al día siguiente, ella regresa a reclamarle que no obtuvo ningún resultado.

Usted me ha estafado, ¡las hormigas se ríen de mí!

“¿Cómo ha usado el producto, señora?
Esta le responde que lo ha rociado sobre ellas y el vendedor responde:

“Lo siento señora, pero usted no ha leído las instrucciones, ¡el producto es inyectable!”.

Autora: Una hormiga sana y salva.

 

Novio feo

Una ratoncita estaba con su novio, que era un murciélago. Pasó su mejor amiga y los vio, más tarde conversaron y la amiga le comentó:

Querida, realmente tu novio es muy feo.

“Pues será muy feo, ¡pero es piloto!”.

Autor: Anónimo de una aerolínea.

 

El elefante y la hormiga

En la selva, todos los animales estaban hambrientos porque había escasez de comida, y justo un día un avión que pasaba por ahí, cae. Los animales fueron hacia el avión y encontraron un brazo por acá, una cabeza por allá, todo descuartizado.

El rey león ordenó:

“Hagan una fila para repartir los alimentos”.
Todos los animales se formaron, y uno por uno comenzaron a recibir sus alimentos, y en un momento se escuchó el ruido de un animal. Era la hormiga que gritaba y gritaba. El rey león fue hacia ella y le preguntó por qué gritaba.

“¡Es que el elefante me empujó!”.

Entonces el rey león se acercó al elefante para cuestionar por qué había empujado a la hormiga, y este exclamó:

“¡¿Y pa’ qué empuja ella?!”.

Autor: Un elefante pesado.

 

En la cantina

Un cantinero esperaba al primer cliente cuando, al cabo de varias horas, entra un caballo, se sienta y pide un trago. El caballo toma el trago y pregunta cuánto debe.
Asombrado al ver al caballo hablando, le dice:

“Son 6 dólares”.
El caballo saca un billete, paga y se levanta para irse. Entonces, el sorprendido cantinero pide:
“No se vaya, es la primera vez que un caballo me pide un trago”.

Y el equino contesta:
“Y será la última, señor mío, ¡con esos precios…!”.

Autor: Anónimo de la cantina.

 

Número equivocado

Buenas, ¿es ese el 1-1-1-1-1-1?
“No; este es el 11,11,11”.

Autor: Anónimo de Telnor.

 

Una carretera solitaria

Un hombre hacía un alto en una noche fría y casi sin luna, parado, bajo el puente de una carretera solitaria, y estaba cayendo una tremenda tormenta. Nadie se paraba, cuando de repente se gira y ve que a lo lejos viene un auto. Se acerca y se detiene.

Con el agua que caía, y sin dudarlo ni por un solo instante, el hombre sube al auto y cierra la puerta, cuando de repente se gira y se da cuenta que nadie va conduciendo.

Se asusta y mira hacia la carretera, y más adelante, ve una curva y empieza a rezar.

En cuanto llega a la curva, se abre la puerta del conductor, entra una mano y mueve el volante, y el auto continúa su comino.

Al rato otra curva y lo mismo: una mano que aparece y mueve el volante, y evita el accidente. Y así le sucede en repetidas ocasiones hasta que el aterrado hombre no aguanta y baja del auto, para correr hacia el pueblo más cercano. Entra en el bar y a todos les empieza a contar lo que le sucedió.
A la media hora llegan dos tipos todos mojados y uno dice al otro:
“Mira, Pepe, ¡ahí está el infeliz que se subió al carro cuando lo veníamos empujando!”.

Autor: Un mecánico.

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