Ana Frank, pensamiento y espiritualidad

Foto: Internet/Ana Frank
Opinionez lunes, 6 septiembre, 2021 12:00 PM

“¡Una conciencia tranquila te hace sentir fuerte!”

-Ana Frank, Diario.

 

Todos vivimos sin saber por qué ni para qué; todos vivimos con la mira puesta en la felicidad; todos vivimos vidas diferentes y sin embargo iguales; nos han educado en un buen ambiente, podemos estudiar, tenemos la posibilidad de llegar a ser algo en la vida. Tenemos motivos suficientes para pensar que llegaremos a ser felices, pero… nos lo tendremos que ganar a pulso. Y eso es algo que no se consigue con facilidad. Ganarse la felicidad implica trabajar para conseguirla, y hacer el bien y no especular, ni ser un holgazán. La holgazanería podrá parecer atractiva, pero la satisfacción solo la da el trabajo.

No comprendo a la gente a la que no le gusta el trabajo, que no tiene ninguna meta fija y se cree demasiado ignorante e inferior como para conseguir cualquier cosa que se pueda proponer. No sabe lo que significa hacer felices a los otros, y yo tampoco puedo enseñárselo. No tiene religión, se mofa de Jesucristo, usa el nombre de Dios irrespetuosamente; aunque yo tampoco soy ortodoxa, me duele cada vez que noto lo abandonado, lo despreciativo y lo pobre de espíritu que es.

Las personas que tienen una religión deberían estar contentas, porque no a todos les es dado creer en cosas sobrenaturales. Ni siquiera hace falta tenerle miedo a los castigos que pueda haber después de la muerte; el purgatorio, el infierno y el cielo son cosas que a muchos les cuesta imaginarse, pero sin embargo el tener una religión, no importa de qué tipo, hace que el hombre siga por el buen camino. No se trata del miedo a Dios, sino de mantener alto el propio honor y la conciencia. ¡Qué hermoso y bueno sería que todas las personas, antes de cerrar los ojos para dormir, pasaran revista a todos los acontecimientos del día y analizaran las cosas buenas y malas que han cometido! Sin darte casi cuenta, cada día intentas mejorar y superarte desde el principio, y lo más probable es que al cabo de algún tiempo consigas bastante. Este método lo puede utilizar cualquiera, no cuesta nada y es de gran utilidad. Porque para quien aún no lo sepa, que tome nota y lo viva en su propia carne. ¡Una conciencia tranquila te hace sentir fuerte!

Los tres párrafos anteriores, íntegros, son de la joven adolescente Ana Frank; los escribió un 6 de julio de 1944. Un mes después de sus XV años, celebrados en la clandestinidad. El 4 de agosto, denunciada con sus padres y vecinos, fue trasladada al campo de exterminio de Auschwitz, Polonia. Y entre febrero y marzo de 1945, murió enferma y desnutrida con su hermana Margot en el campo alemán de Bergen- Belsen.

Oraciones, lecturas, luchas interiores, humillaciones, privaciones, miedos, esperanzas, alegrías, persecuciones, regaños, problemas interiores del alma, su desarrollo corporal, cuatro años y más, vividos encerrada en plena adolescencia; añorando la libertad, la vida sencilla.

Son desgarradores los textos de esta niña judía, a la que sobreviviría solo su padre de las ocho personas que vivieron en la “casa de atrás”, en la Ámsterdam, Holanda, perseguida y pisoteada por la Alemania Nazi, y liberada por Rusia, Inglaterra y Estados Unidos.

Ana Frank, entre más limitaciones y dificultades, como San Ignacio de Loyola, propone como espiritualidad diaria, no dejar pasar lo que el fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas), llamará Examen Diario.

La joven Frank llegará a la conclusión ignaciana, claro, por su camino judío de pensamiento y espiritualidad: “¡Qué hermoso y bueno sería que todas las personas, antes de cerrar los ojos para dormir, pasaran revista a todos los acontecimientos del día y analizaran las cosas buenas y malas que han cometido!”. (Diario de Ana Frank)

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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