El legado del maestro Álvaro Blancarte (1934-2021)

Cultura lunes, 30 agosto, 2021 12:15 PM

El artista plástico más importante del Noroeste falleció el domingo 22 de agosto, a la edad de 87 años. “La pintura es la técnica madre, es como la escultura y la arquitectura”, expresaría a ZETA en alguna entrevista

Pilar de la plástica de la región, el maestro Álvaro Blancarte murió el domingo 22 de agosto de 2021, a la edad de 87 años, tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en su casa de Tecate, Baja California.

El lunes 23 de agosto, familiares y amigos le rindieron las honras fúnebres en la Funeraria Latinoamericana de Tecate; al siguiente día, martes 24, la Secretaría de Cultura de Baja California puso a disposición las instalaciones del Centro Estatal de las Artes (CEART) del “Pueblo Mágico”, donde se le rindió un homenaje de cuerpo presente, al que acudieron funcionarios, amigos, artistas, exalumnos de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y comunidad cultural.

Maestro de artistas de la región desde 1987 y mentor de todas las generaciones de alumnos de la Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) entre 2003 y 2013 -año en que se jubiló para dedicarse exclusivamente a crear obra en su estudio La Panocha, que rentaba en coordinación con Gabriel Adame en Tecate-, el maestro Álvaro Blancarte fue figura determinante para el rumbo del arte de Baja California.

 

PRIMERO FUE EL BARRO

Hijo de Amado Blancarte y Laura Osuna Lafarga, Álvaro Blancarte Osuna nació el 27 de marzo de 1934, en Culiacán. Ataviado con su clásica camisa manga larga y pantalón de mezclilla azul, en entrevista para ZETA el maestro compartía algunas veces la anécdota de cómo fue su primer contacto con el barro, acercamiento fundamental en su vocación de escultor y pintor:

“Yo siempre he dicho que el artista está ligado al agua natálica. El artista nace, no se hace. Yo me formé en una profunda oscuridad de mi madre. Tengo la recurrencia de que en algún lugar hacía yo algo con mis manos. Conscientemente recuerdo mi edad de tres, cuatro años, que agarraba barro, hacía figuritas de barro porque yo veía que mi hermano mayor las hacía también”, confesaría.

“Yo tenía un hermano dos años mayor que yo, Amado Blancarte; lo veía que agarraba lodo o barro y hacía unos monitos, pero yo lo veía nada más. Ya que comencé a entender qué estaba haciendo, comencé a hacer mis monitos yo también. Éramos chiquillos, estábamos agarrando el lodo y haciendo travesuras en el patio. Él hacía bien los monitos, pero yo comencé a hacerlos, y creo que al mes yo hacía mejor que él los monos”.

Recordaba que su papá lo apoyó en su predilección por moldear y cocer el barro, cuando estudiaba la Primaria: “Mi padre, un día le gustó mucho lo que hacía, ya más grande un poco yo, y puso un pequeño horno de leña para quemar el barro; pero posteriormente comencé a pintar”.

Tras cursar la Secundaria y Preparatoria de la entonces Universidad de Sinaloa, el joven Blancarte optó por inscribirse en el Taller de Artes Plásticas, en 1956.

“Vino a la Universidad de Sinaloa el maestro Erasto Cortés Juárez, me metí a estudiar con él en el 56. Ahí comencé a hacer escultura ya más seria, escultura monumental, a hacer proporciones; pero como escultor, no pintaba todavía. A los dos, tres años, vino Arturo Moyers (yo ya tenía más de 20 años), era la época cuando estaba Siqueiros en la cárcel, Demetrio Vallejo y Valentín Campa… en esa época conocí a Moyers. Ahí comencé a pintar en realidad”, rememoraba.

“Llegó a dar un taller en la Universidad de Sinaloa el maestro Arturo Moyers, quedaba a media cuadra de mi casa. Fue como en el 60, por ahí. Llegué y comencé a ir al taller. Moyers venía de la academia de San Carlos; un maestro de primera línea con un gran conocimiento técnico, era un académico absoluto y completo. Y comencé a pintar. Pero con la ineficiencia de no saber, usé los materiales que yo usaba en el barro. Comencé con pintura y con otros materiales y comencé a hacer texturas, desde aquel tiempo”.

 

SU PRIMERA EXPOSICIÓN

La textura matérica fue explorada por Blancarte desde sus primeras obras. Así evocaría su primera exposición en una colectiva invitado por Arturo Moyers, en 1964, en el entonces Distrito Federal:

“A los nueve meses, yo estaba exponiendo con los maestros Arturo Moyers, José Muro Pico y dos maestros más, en un lugar que era el Instituto Mexicano-Norteamericano, en la Zona Rosa. Expusimos ahí en grupo. De repente llega una persona y me dice ‘Alvarito, aquí hace la crítica una señora española, pero es durísima; no hagas caso lo que te diga porque desbarata a todo mundo. Se llama Margarita Nelken; ella escribe en Excélsior cada domingo, ella es muy exigente’”.

“Un domingo me habla un vecino: ‘Álvaro, salió un artículo de Margarita Nelken que alaba tu pintura’. A mí me sorprendió mucho que Margarita Nelken mejor no hablara de mis maestros, de Moyers y Muro Pico. Fue una sorpresa para mí, muy grande”, traía a la memoria Blancarte.

Luego vendrían las primeras individuales en la Ciudad de México. En 1979 expuso en la Galería José María Velasco del Instituto Nacional de Bellas Artes; en 1980, en el Centro Cultural José Martí y en la Galería Arte en el Tiempo; después, en 1981, en la Galería Pedro Gerson del Centro Deportivo Israelita; y en el Polyforum Cultural Siqueiros, en 1984.

Tras el sismo del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, Álvaro Blancarte decidió cambiar su residencia a Baja California. Junto con su esposa Marta Aragón y sus cinco hijos, salió de la Ciudad de México el 19 de diciembre de 1985, manejando de Sur a Norte una camioneta Rambler modelo 1983. Pasó por Culiacán para celebrar las fiestas navideñas y de Año Nuevo con algunos familiares; hasta que llegó a Tecate el 12 de enero de 1986, “huyendo del terremoto de México”, tal como contaba a ZETA el artista plástico.

 

EL CAMINO A LA ABSTRACCIÓN

En Tecate, Álvaro Blancarte continuó la serie “Espacio y forma” que empezó en la Ciudad de México, y creó sus célebres colecciones de más de 200 obras, como “Las siete colas del perro”, “Kaimansutra”, “Chamanes”, “Una perra llamada la vaca” y “Barroco profundo”, comenzada en 2002. De la última década son las series “Matéricos” -iniciada en 2010-, “Hecho en México” y “Para Xólotl”.

Fue la reconocida crítica de arte Raquel Tibol, quien bautizó como “neofrescos” las obras matéricas de gran formato del maestro Álvaro Blancarte en 1989, ganador de la VII Bienal Plástica de Baja California:

“Presenté unos cuadros que se llamaban ‘Una perra llamada la vaca’ con texturas de marmolina, encolados. Entonces Raquel Tibol dijo: ‘El primer lugar es para los neofrescos de Álvaro Blancarte’. Se refirió al fresco traído a la época. Fue un halago de Raquel Tibol para mí”, reconocería Blancarte.

En alguna otra ocasión advertiría que las tonalidades terrosas y pedregosas del semidesierto de Baja California influyeron en la paleta de su obra pictórica y muralística:

“El color ha influido muchísimo en mi obra. He dejado los colores muy vivos que hacía en una época, como cuando vivía en Sinaloa o en México. Los he dejado. Todo eso se ha ido transformando en los colores que ves ahora: más tierra, más piedras”.

Tal como argumentaba, su arte es esencialmente abstracto:

“Mi esencia ha sido hacia lo abstracto siempre. Son obras en las que integro mucha materia, cartón, un poco influenciado por el arte povera, o haciendo povera inconscientemente. Yo me considero un alquimista matérico 100 por ciento, tú sabes por qué”.

“Uso mucho material, uso elementos para hacer más contemporánea la abstracción y la hago excesivamente matérica, un poco como juegan los abstractos españoles (que tienen esa tendencia y que están vigentes todavía). La esencia del mundo es abstracta 100 por ciento. Tú eres abstracto. Yo soy abstracto. Somos mentales, más que visuales”.

 

“LA PINTURA ES LA TÉCNICA MADRE”

Esencialmente pintor y muralista abstracto, Álvaro Blancarte expuso en más de 200 ocasiones en México, Estados Unidos, Cuba, Europa y Asia. Por ejemplo, exhibió en Art Expo en Nueva York, en 1985; San Diego Contemporary Art Exhibition en Japón, en 1992; y en La Casa de México Benito Juárez en La Habana, en 2000.

Además de promover en los últimos años y ser el autor de la idea de la “Trienal de Tijuana 1: Internacional pictórica”, en la última década el maestro Blancarte tuvo diversas exposiciones tanto en México, Estados Unidos y Cuba.

En 2014, el Centro Cultural Tijuana (CECUT) le rindió un homenaje a través de su exposición “Desierto Adentro”; en 2016 exhibió “Álvaro Blancarte: Marking the Present” en el Museum of Contemporary Art San Diego (MCASD) de La Jolla, y “Blancarte en La Habana” en el Museo Casa de México Benito Juárez en La Habana Vieja. En 2018, la UABC en Tecate exhibió “Retro-abstracción 30”.

De sus últimas exposiciones destacarían “Texturas y colores” en el Museo José Luis Cuevas, en 2019; y “Única para coleccionistas de arte” en Yandi Monardo Art Gallery de Cabo San Lucas; así como “30 retratos de perros” en La Caja Galería de Tijuana, en 2020.

“La pintura es la técnica madre, es como la escultura y la arquitectura. La pintura la relaciono en realidad no como un material ni como una técnica simplemente; la considero algo más amplio, más allá de lo que te pueden enseñar en una escuela o una técnica. Por eso mi frase del arte es la que te he dicho otras veces: Arte es encontrar algo que no existía y hacerlo tuyo, eso es arte”, concluiría Álvaro Blancarte.

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