“La novela es un género un poco mazacotudo”: Álvaro Uribe

Fotos: Paula Islas
Cultura lunes, 26 julio, 2021 12:15 PM

El narrador mexicano publica “Los que no”, editada por Alfaguara, donde cuenta diversas historias de algunos personajes que no alcanzaron sus metas de juventud. “Una novela puede hacer absolutamente todo, y eso hace la grandeza del género, sumamente maleable; el problema es que lo tienes que hacer bien”, expresó a ZETA el autor

Uno de los narradores que más ha apostado por la diversidad de géneros en su novelística es Álvaro Uribe, quien acaba de publicar su obra de largo aliento “Los que no”, editada por Alfaguara, donde la poesía, relato, ensayo y novela, caben en una sola obra.

En “Los que no”, Uribe cuenta la historia de cinco personajes y un narrador que entre la década de los 60 y 70 en México, eran jóvenes con sus respectivas metas, pero a lo largo de los años, las intenciones van quedando en el camino.

“El título ‘Los que no’ se refiere a todas aquellas personas que no cumplieron con todas las expectativas que pudieran haber tenido de ellas, que no alcanzaron todas sus metas, que no llegaron a ser todo lo que hubieran podido ser o hacer todo lo que hubieran podido hacer. En pocas palabras, prácticamente no hay persona que pertenezca al club contrario, a los que sí lograron todas sus metas”, expresó a ZETA Álvaro Uribe con su característica ironía, al tiempo que desmenuzó el origen de su obra, el cuento como materia prima de su novela y algunas consideraciones sobre el género de largo aliento.

 

DESDE LOS 60

Álvaro Uribe (México, 1953) contó a este Semanario que cuando en 2017 cumplía 64 años, empezó a aterrizar la idea de una novela que traía en ciernes desde hacía cuatro décadas, en la que el narrador fuese un escritor que, con ironía y cinismo, observa las ingenuidades de los jóvenes:

“Cuando cumplí 64 años, quizá impulsado por la famosa canción de The Beatles, ‘When I’m Sixty Four’’, de repente dije, ‘Pues ya alcancé una edad que desde la juventud de Los Beatles se ve remotísima’, y de pronto ya me encuentro aquí. Entonces se me ocurrió que lo que debía yo hacer para narrar estas historias que me venían acompañando desde hacía 40 años, era que el narrador no estuviera fuera de las historias contadas, que no fuera un narrador omnisciente de estos que saben lo que piensan, lo que sienten.

“Yo quería un narrador protagonista, al mismo tiempo que fuera uno de esos jóvenes de los años 60, 70 y 80, pero que no contara las historias como si acabaran de suceder, como si él fuera joven también, sino que las contara asumiendo su propia vejez, que contrastara las ilusiones, expectativas, esperanzas que legítimamente tienen los jóvenes, con la relativa desilusión y cierto desencanto, algo de cinismo, escepticismo y una distancia crítica, irónica, de la vejez; ése fue el origen de por qué decidí hacer este libro”, confesó.

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EN EL CUENTO DEL NOVELISTA

Leer al novelista capitalino, es encontrarse con el cuentista. Sus primeros libros de cuentos son “Topos” (1980), “El cuento de nunca acabar” (1981) y “La linterna de los muertos” (1988). Su maestría converge en su novela “Los que no”, donde la estructura da cuenta de cinco fragmentos que incluso pueden leerse por separado, como si fuesen cuentos.

¿Qué tanto del cuentista tiene su novela?

“Yo empecé como cuentista y sigo escribiendo cuento cada vez que la suerte me favorece, incluso esta novela ya tiene un cuento de entrada, en la postdata hay otro cuento, no dejo de regresar al cuento desde la novela. Creo que nunca me desprendí del hecho de ser cuentista, originalmente pensé que era una limitación. Yo escribí y publiqué sobre todo tres libros de cuentos antes de animarme a hacer una novela. Mis cuentos, de la primera plaqueta al tercer libro, se fueron ampliando en extensión, el número de personajes; como que había cierta tendencia en mí o estas ganas de emprender un texto más largo.

“A los 35 años, emprendí tardíamente una novela y me quedó horrible la primera versión porque la traté de hacer tradicional, de corrido, al estilo del Siglo XIX, con mucho sexo, velocidad, violencia, diálogos y todo lo que se supone que tiene una novela, y me quedó espantosa. Tuve que rehacerla y me quedó mucho mejor. De pronto me llegó la invitación de tomar el mismo material y hacer una serie de cuentos, en los que los personajes pasaran de un cuento a otro, y brincaran para que tuviera unidad. Así hice mi primera novela, ‘La lotería de San Jorge’ (1995), la publiqué cuando ya tenía 40 años; insisto, soy un novelista bastante tardío, nada precoz. Ésa novela está hecha de cuentos, incluso alguno de ellos se ha publicado en antología de cuentos como cuento independiente, creo que ya nunca me libré”.

Y rememoró:

“No sé si sea condena o destino, pero de ahí en adelante todas mis novelas están hechas de fragmentos, y generalmente los fragmentos pueden tener otros fragmentos también, algunos de ellos se leen como relatos”.

En el caso particular de “Los que no”, dijo, “los cinco capítulos iniciales son relatos que cualquier podría leer, no necesitas haber leído los anteriores, aunque juntos se enriquecen mucho y se complican, los personajes vuelven a aparecer. A lo mejor es una limitación mía, yo qué sé; a lo mejor el hecho de no poder hacer novelas como novelista, sino como cuentista, sea una limitación, pero diría que no es posible no tener limitaciones, lo único que hay que hacer con las limitaciones, en vez de lamentarlas, es aprovecharlas y explotarlas.

“Eso es lo que he venido haciendo a lo largo de 40 años de ser escritor, pues bueno; si se me da hacer las cosas como cuento, entonces hago todo como un cuento y procuro luego, con mañas, juntar los cuentos y entrelazarlos para que tengan la unidad de una novela”, argumentó.

 

LA NOVELA DEL CUENTISTA

En “Los que no”, de Álvaro Uribe, convergen diversos géneros, desde poesía y cuento, hasta ensayo, donde el narrador envuelve al lector con sus reflexiones literarias en medio de la trama.

A propósito del cuento en la novela y de que algunas ideas parecen ensayos, ¿ha llegado a alguna conclusión sobre los géneros literarios?

“Es una discusión riquísima. Los géneros literarios son una manera de clasificar muy en general, muy en bloque, las posibles maneras de realizar un texto, a eso le llamamos géneros literarios. Bueno, la poesía es relativamente definible en la medida que requiere de ciertos ritmos y tener ciertas estructuras ya establecidas, como el caso del soneto o las décimas. Tiene ciertas aspiraciones, su propia historia, y, sin embargo, parecería que está muy bien organizada; y el ensayo también, que si lo fundó Montaigne y tiene que tener ciertas características; o el cuento, que debe leerse en una sentada, como dijo Edgar Allan Poe.

“Todo es muy fácil cuando lo tratas de definir, el problema es cuando vas a los ejemplos. En literatura hay que pensar con ejemplos, no son ideas generales, son textos que estás agrupando en géneros y ahí es donde se complica, porque muchos de los textos que son casi fundadores acaban rompiendo todo lo que sería normalmente las reglas del género”, advirtió el autor.

Y ejemplificó con algunas obras literarias, tal como en “Los que no”, donde las discusiones sobre literatura que sobre lleva el narrador, enriquecen las acciones de la novela:

“Por ejemplo, ‘La Ilíada’, los textos más antiguos que tiene nuestra tradición occidental son atribuidos a Homero; el segundo de ellos, ‘La Odisea’, sabemos que es un largo poema, pero el hecho es que lo puedes leer como Joyce: lo puedes leer en prosa, y si lo lees sin prejuicios, es una novela de aventuras sensacional. Hasta donde sabemos es la primera novela, y sin embargo, está catalogada como poesía épica. ‘Ulises’ de Joyce incluye cuentos, a cada rato cuenta historias, no es nada más una novela, sino también hay como tres o cuatro cuentos adentro.

“No hay nada que no pueda integrarse a una novela. En el cuento a lo mejor es más difícil alterar la regla de que tiene que ser breve; en principio, si no es breve sería difícil llamarlo cuento. Una novela puede incluir ensayos, como ‘Guerra y paz’ (de Tolstói). ‘Guerra y paz’ tiene no sé cuántos ensayos sobre la historia, sobre lo que es el transcurso de la historia y el papel de la historia, incluso hay gente que piensa que son medio estorbosos porque los ensayos interrumpen la acción; Tolstói repite la hazaña en ‘Ana Karenina’, donde tiene ensayos completos como tales; y ‘El Quijote’ tiene cuentos dentro de la novela”.

Por último, Uribe sentenció:

“Una novela puede hacer absolutamente todo, y eso hace la grandeza del género, que realmente es un género sumamente maleable; el problema es que lo tienes que hacer bien. La novela es un género un poco mazacotudo, en la novela no hay casi ningún límite”.

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