Senadores faltistas

Senador Gerardo Novelo
Cachanillaz lunes, 28 junio, 2021 12:00 PM

Uno de los representantes populares más desapegados de la ciudadanía, y sobre todo de la circunscripción que representa, es aquel que conforma la Cámara Alta del Congreso de la Unión.

Debido al tipo de labor legislativa que llevan a cabo, entre estas el control hacia el Poder Ejecutivo federal, los senadores tienden a realizar muy poca actividad e interacción con sus representados.

En Baja California, algunos se dedicaron a todo, menos a su actividad dentro de

la Cámara, al grado que dos de ellos destacan entre los representantes más ausentes de las labores legislativas.

Según el registro de asistencias disponible en la página de internet del Senado de la República, uno de los más sobresalientes por su falta de responsabilidad cívica, es el senador suplente Gerardo Novelo Osuna, quien ocupó el cargo que dejó vacante Jaime Bonilla Valdez, gobernador de Baja California.

Novelo Osuna tiene la deshonrosa distinción de ser el segundo senador con más ausencias a nivel nacional, con 41 faltas en las 157 sesiones de pleno que tuvo la Cámara Alta.

Sí bien 37 faltas fueron justificadas -argumentando en su mayoría situaciones de imprevisto-, Novelo Osuna es el segundo legislador con más faltas, teniendo su periodo más largo sin labor parlamentaria del 8 de octubre al 12 de diciembre de 2020, lapso en el que se llevaron a cabo 25 sesiones, pero él solo acudió a tres.

El único que lo supera en faltas, es el priista Carlos Humberto Aceves del Olmo, dirigente de la Confederación de Trabajadores Mexicanos, quien, de las 184 sesiones de pleno, faltó a 78, de las cuales solo una no pudo justificar.

La segunda senadora más faltista de BC es Alejandra León Gastélum, quien, según el documento oficial, pudo participar en 178 sesiones, pero faltó a 26. Sin embargo, participó activamente en la campaña del dos veces derrotado en su carrera por la gubernatura, Jorge Hank Rhon; incluso solicitó licencia temporal para ausentarse de sus labores legislativas.

En tercer lugar de faltistas, se encuentra la panista Gina Cruz Blackledge, de quien datos oficiales de la página de internet del Senado de la República, indican que de las 184 sesiones documentadas, se ausentó en 24 de estas, y por lo menos en cinco ocasiones, se debió a que formó parte de una comisión oficial, por lo que, aunque no participó en la sesión, tenía agenda de trabajo inherente a su práctica oficial como senadora.

Ambas legisladoras, una ex Morena y la otra panista, se encuentran entre las más faltistas, en los primeros 25 lugares a nivel nacional.

Nancy Sánchez Arredondo, quien, de manera fortuita, a la licencia de la priista Vanesa Rubio, ingresó al Senado de la República, y de los 57 plenos en los que pudo participar, se ausentó de dos.

Muy marcada la diferencia entre personajes políticos como Martí Batres y Ricardo Monreal, quienes no cuentan con una sola ausencia en algún periodo de sesiones.

 

CAOS BIOLÓGICO

A veces parece que dejamos la atención de la pandemia ocasionada por la COVID-19 a “Los Polivoces”, pues entre tanta ocurrencia y desinformación, Óscar Alonso Pérez Rico, secretario de Salud, y el delegado único del Gobierno de México, Jesús Alejandro Ruiz Uribe, han tenido la capacidad de encontrar un problema para cada solución en torno al manejo de la situación.

La necesidad de reconocimiento de ambos funcionarios que pretenden colocarse una medalla en el manejo de una pandemia y la inoculación a los ciudadanos, ha generado gran caos durante los procesos de vacunación. Primero con la información cruzada sobre los sitios de inoculación que se habilitarían durante las jornadas; luego, con los padrones emprendidos por el Poder Ejecutivo estatal, que sirven para absolutamente nada, pero Pérez Rico insiste en que sean respondidos, aunque al final no son requeridos ni representan un registro real de vacunación y solo generan confusión.

Foto: Archivo

La última pifia que se aventaron, fue la de infundir miedo a la población como una medida de presión para que acudieran a inmunizarse con el lote de un millón 350 mil vacunas Johnson & Johnson donado por el gobierno de Estados Unidos. Los primeros días hubo una participación discreta de la ciudadanía, por lo que sembraron miedo -y confusión- para que acudieran a los centros de votación. Sin embargo, se suscitó un verdadero caos en Mexicali, puesto que las autoridades no estaban preparadas para recibir a la marabunta de personas que intentaban vacunarse, ocasionando grandes conflictos por la insuficiencia de vacunas en centros como el de las plazas Cachanilla y Sendero, por suspensiones tempranas ante el saturado flujo de personas que acudió; y hasta el cruce de dos filas de vehículos que terminaron por coincidir en la misma calle ante la desbordada afluencia.

La situación fue tal que centros de inoculación como el del FEX y Ciudad Deportiva, coincidieron en la misma calle, sobre la Calzada Benito Juárez, pese a que se encuentran sumamente alejados el uno del otro. No había policías ni personas que dirigieran las filas, lo cual derivó en un denso tránsito en las arterias más importantes de la Capital del Estado.

Al final, los únicos que realmente sacan la casta, son los trabajadores de salud y los Servidores de la Nación, pero por sus criterios y compromiso, no por el diseño estratégico de los funcionarios y encargados de atender el tema.

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