Y las grandes se quedaron chicas… 

Cartaz lunes, 12 abril, 2021 12:10 PM

Entre el 1ro. de julio de 2018 y la fecha actual, han transcurrido escasos 33 meses; sin embargo, en ese corto plazo, aparejado al colapso y descrédito institucional nacional generalizado, el modelo personalizado de gobierno, ejercido desde la misma Presidencia de la República, ha fabricado de la nada, figuras públicas, quienes hoy día se proponen a sí mismas como alternativa de liderazgo político al amparo de Morena, un partido que se postuló como la diferencia en el quehacer público, autoproclamándose la esperanza de México.

El escaso oficio político residencial ha motivado por parte de sus correligionarios, una falta de respeto a la sociedad tal, donde el individualismo ha reintroducido en los procesos electorales, como requisito ciudadano, el sólo interés personal, hecho que demostró  Morena en desafío abierto a toda ética pública, al postular de candidata a la gubernatura del Estado a una persona, Marina del Pilar Ávila Olmeda, desprovista de convicción social, vocación de servicio y compromiso popular, cuyo egocentrismo y protagonismo la ha distinguido por su falta de solidaridad consigo misma y con sus compromisos electoralmente adquiridos en sus contiendas anteriores, reincidiendo en lo que fue un comportamiento típico durante la dictadura perfecta.

Al arranque de las campañas electorales, que dieron inicio el día 4 de abril, en sus promocionales radiofónicos, la candidata se promueve a sí misma señalando como activo político y experiencia publica, el haber sido diputada federal, así como alcaldesa de Mexicali, pero omite destacar que ninguna de esas dos responsabilidades conferidas por los bajacalifornianos, las desempeñó hasta la conclusión de su mandato. Fungió como diputada siete meses de un periodo de tres años, luego abandonó esa responsabilidad, así como los compromisos contraídos con sus electores, para postularse como candidata a la alcaldía de Mexicali. En la capital del Estado, de un periodo de dos años, no gobernó ni año y medio, pues aquí también, de nueva cuenta, tiró a un lado su responsabilidad para postularse para la gubernatura, sin importar su juramento de servicio.

Como no ha concluido satisfactoria ni cabalmente ninguna de las responsabilidades conferidas, se ve que el fuerte de la candidata es la inconsistencia, por lo que no es difícil entender que, en ese afán protagónico que la caracteriza, de llegar a ser electa le sale por ahí alguna otra oportunidad política que ella considere de mayor beneficio personal, como ser parte de algún gabinete federal futuro, igualmente botaría a un lado la responsabilidad estatal. No es ético aludir a una diputación federal o a una alcaldía como antecedentes, cuando no concluyó esos mandatos populares y sólo los usó de trampolín para escalar el escalafón político local.

En su promocional, sugestivamente, con el propósito de distanciarse tanto del pasado como de quienes la antecedieron, destaca el no robar, implicando que el robo, en términos políticos, se limita sólo al saqueo del erario, sin entender que, el no cumplir con los compromisos de campaña, así como con la responsabilidad mandata, significan un robo, un ultraje a la confianza pública en sí, de igual manera, tipifican un acto de corrupción, pues se está utilizando el puesto, los medios y los recursos oficiales para lograr la promoción personal. Pero en tanto la candidata morenista es inconsistente en su actuar, no está del todo desprovista de algún tipo de virtud política, es correligionaria de Félix Salgado Macedonio.

La candidata Marina del Pilar Ávila Olmeda, hace verse chiquitas a todas aquellas grandes mujeres que a base de entrega, consistencia y lucha, lograron ocupar posiciones políticas de alta relevancia, pues dónde iban a imaginar figuras internacionales como Golda Meir, Indira Gandhi, Margaret Thatcher, Ángela Merkel, entre otras muchas, o figuras nacionales como Patricia Mercado, Cecilia Soto, Griselda Álvarez, y cantidad de mujeres de lucha bajacalifornianas, que en vez del esfuerzo y la convicción, lo único que se requiere es un padrino político, dotado de un dedo divino, para lograr carreras públicas vertiginosas, que en menos de tres años las llevarían a los umbrales del poder. ¿Para qué el sacrificio y el esfuerzo, cuando todo lo que se precisa es el anhelo protagónico personal al servicio del régimen en turno?

Estimado lector, perdonando mi ingenuidad, pregunto: Pero, ¿no eran así las cosas antes? Donde se pretendía ser lo que no se era y se prometía lo que no se habría de cumplir.

 

Álvaro Villagrán Ochoa 

Causa Constitucionalista Mexicana, A.C. 

Tijuana, B.C. 

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